De cómo Bobolongo lloró cual Magdalena el 8-O

El peor error que le puede pasar a un palangrista es creerse sus propios mojones, y Bobolongo se los tragó enteritos.

El día del 7 de octubre, lo pasó muy agitado desde la mañana. Como a las 9 de la mañana fue a depositar su voto, y todo lo que pudo oír a su alrededor lo llenaba de entusiasmo: “hasta hoy le llega su negocio al Mico”, “Al fin se acaba esta pesadilla y volvemos a la democracia”, “ya podremos tener a nuestros hijos en nuestra propia tierra”, “la movilización que ha levantado Capriles es gigantesca y todos los informes indican que le daremos paliza”, “la prensa internacional está ya preparada para dar la buena nueva al mundo”, “todo el material para la celebración lo tenemos comprado”, “es impresionante la cantidad de jóvenes que se están movilizando para darle el voto al flaquito…”

Pero Bobolongo tenía un agrio-dulzor en las entrañas y se retiró a su bunker de Este con varios amigos: Claudio Nazoa, Laureano Márquez, Alberto Federico Ravell y Luis Chataing. Y le comenzó una diarrea. A eso de las 2 de la tarde, estos cuatro chiflados, iniciaron una guerrita sucia lanzando twitters refiriendo la avalancha de votos que Capriles iba acumulando.

A las 4 de la tarde, informes de la embajada gringa le aseguraban que Capriles estaba superando al “Tirano”. Bobolongo comenzaba a sudar. A las 6 de la tarde el reporte que recibía era que Capriles sobrepasaba al Déspota con la bicoca de tres millones de votos. No obstante Bobolongo se hundía en un sopor delirante y comenzó a brindar con ron y limón para controlar los nervios y la diarrea.

Él fue el primero en recibir el twitter de Bocaranga que decía: “los números son desalentadores”.

Bobolongo al principio comenzó a gemir. Los recuerdos lo mareaban. Recordó a su mamá y a Mario Silva, y repentinamente sus lloros se hicieron escandalosos. Claudio también moqueaba como un niño. Laureano Márquez declaraba: “hasta aquí nos trajo el barco, y ahora cogemos el Camino de Villadiego…”

- Flaco sólo hay uno –repicó Chataing.

Luis Chataing tenía una cara de gallo zarandeado y sorbía su trago totalmente absorto, con la mente en la nada.

Pañuelos, gritos, espantos y luces semi-apagadas…

- ¿Qué harás amigo?- y Bobolongo sintió una mano sobre su hombro.

- Me voy a México, hijo de la chingada, a verme con Peña Nieto, a seguir luchando con la SIP. Mi madre, lo que han hecho con mi madre.

Y ya no era llanto sino alaridos de dolor:

- Mi madre!!!!!!!!!!!

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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

 @jsantroz

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