Carta a un joven amigo, seguidor de Capriles

Muy estimado amigo Francisco.

Tu mensaje lanzado al aire para que lo capture cualquiera me llegó “por interpuesta persona” y me alegro mucho de tenerlo archivado entre los mensajes valiosos que uno se encuentra por ahí. Por ser el grito de un joven que cree en la patria, me atrevo a comentarlo a continuación.

Tus afirmaciones sobre la condición patriótica del venezolano llega directo a mi querencia, me hermana contigo. Comparto tu decisión de hacer de Venezuela “el sitio” para vivir, para luchar, para desarrollar las esperanzas. También tuve ofertas para quedarme en otros países, en otras circunstancias, y nunca dudé un instante en refirmar la patria como el sitio para luchar. Me mantuve activo durante cuarenta años, trabajando por mejorar las condiciones de los compatriotas a quienes me debía, con humildad y con disciplina y ahora tengo la conciencia tranquila de haberlo hecho de la manera que las limitaciones personales me permitían, la mejor que podía aportar. La diferencia con tu punto de vista estriba en que he visto actuar a los responsables de las desgracias, de las precarias condiciones a las que llegó la patria. “Malandros, pranes, inflación, corrupción”, desnutrición, analfabetismo, pobreza extrema, más que “piedras en el camino” son consecuencias del deterioro moral, ético, económico y social al que fuimos llevados, indefensos.

Lo más doloroso es constatar que las ideas, los intereses y los personajes politiqueros autores del desastre, con sus manos sucias y sus mentes pervertidas, viven todavía en medio de nosotros pretendiendo mantener su hegemonía absurda, presentándose como “lo nuevo, el flaquito, el mesías”, valiéndose de la escasa difusión de sus hazañas. Conozco la pobreza desde cerca, en una niñez de barrios pobres. Tuve que luchar como profesional para tratar de resolver las consecuencias del desastre social a sabiendas de que las causas mantenidas volverían a operar para desalentar los mínimos avances obtenidos. Es mi obligación decirte, querido amigo, que sin faltar un ápice a la verdad y a la objetividad, las causas de los males de este pueblo nos vienen de la concepción política sobre la estructura del Estado. Esa concepción anima a Capriles y él lo sabe. Sus “managers” lo saben y lo mantienen oculto, doblado. Su posición política es poco menos que sincera. A gran escala lo padecen los pueblos europeos y el estadounidense.

Estas afirmaciones no eximen o niegan los errores cometidos en el gobierno actual. No sirven para defender o disimular los males que aún padece el pueblo venezolano o para castrar las luchas por el progreso. De ninguna manera. Nos anima a “echarle bolas” para perfeccionar los logros, por corregir entuertos, por sanear la administración pública de malandros, ineficientes y corruptos, por luchar cada uno para ser mejores ciudadanos y contribuir mejor al verdadero progreso, en una concepción política que garantice que el producto del trabajo de TODOS sirva para el progreso de TODOS. No somos iguales ni se persigue igualitarismo a ultranza. Lo que se persigue es que las oportunidades para el desarrollo sean iguales para todos y que cada uno pueda desarrollar las capacidades con que la naturaleza lo dotó. No se trata de que en una carrera de 100 metros planos compitan todos en igualdad, porque hay mochos, mancos ñecos, artríticos pero sobre todo HUMANOS, cargados de necesidades, de esperanzas, de virtudes, de capacidades y también de defectos. Así somos los humanos. Son estos los que inspiran a Chávez y a quienes creemos que hay nobleza de su parte, contenida en su accionar político y a quien no se le puede negar que le ha echado muchas bolas con la intención de resolver las tragedias sociales de las que estamos infectados. No compartimos sus errores ni sus excesos. Pero su lucha entra en armonía con las luchas de quienes siempre hemos creído que la patria puede, tiene con qué y debe ser mejor con el esfuerzo de todos. El quid del asunto, la clave, es la conciencia política que va mucho más allá de la superficialidad de un discurso oblicuo, para sólo mostrar “el chocolatito dulce” que pretende camuflar las amarguras ya vividas por causa de una concepción política individualista.

Te invito a “leer” estas ideas con el mismo aprecio y profundidad con que he leído las tuyas. Va mi abrazo efusivo y mi fe en la juventud venezolana progresista de la que haces parte. Felicidades. Me enorgullezco de contarme entre tus amigos.

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