Capriles y Obama: la construcción de una imagen

Escuchando atentamente a mi hijo mayor –universitario- explicarme con su propia interpretación, que había sucedido con Capriles en esta campaña electoral, él inteligentemente concluyó que la campaña electoral del candidato opositor había conseguido construir a una “celebridad” tal como habían hecho los especialistas en marketing político había hecho con Obama en los Estados Unidos. Y le pregunté ¿por qué una celebridad? Y claramente me contestó: Capriles es un producto, vacío pero producto al fin, con unos jingles, unos símbolos –la gorrita- una moda pues; que se vendió a un sector del electorado venezolano, quienes incluso saben y les consta de la ineficacia en sus gestiones como Alcalde y como Gobernador, pero que sin embargo hay que votar por él, para salir de Chávez.

Y continuó reflexionando: revisemos las puestas en escena de sus discursos y sus actos públicos: ambos son shows tipo hollywoodense. Y remató comparando los slogans de las campañas de Capriles y Obama, centrados en la tríada HOPE/Esperanza, CHANGE/ Cambio NEW/ Lo nuevo. Y esto me puso a pensar detenidamente y a recordar cómo desde las escuelas de marketing político y electoral, especialmente desde EEUU; se promueve este tipo de métodos para alcanzar y penetrar el corazón, la piel, las venas y la mente de los electores. Y analizando las campañas de ambos candidatos, llegué a la conclusión de que muchísimos elementos coinciden en ambas campañas y trataré en lo sucesivo de mostrarlas.

Obama como Capriles fue producto de una campaña electoral en la cual se vendió un producto, una esperanza que significó para el norteamericano común, la ilusión de que realmente llegaría la solución y la posibilidad cierta del cambio, sin embargo esto no fue ni podrá ser así; sobre todo porque quien gobierna detrás de Obama son las corporaciones transnacionales; en el caso de Capriles, sus financistas y quienes lo apoyan abierta y secretamente, son la élite financiera, comercial y empresarial venezolana y las corporaciones transnacionales; que tienen mucho interés en recuperar lo invertido en su campaña y ponerle la mano al presupuesto nacional lo que equivale a miles de millones de dólares para su propio beneficio; además que él se muestra como la esperanza y la solución mágica al “régimen”, prometiendo villas y castillas, imitando a Chávez pero diferenciándose de él, por ser “lo nuevo”.

Obama como Capriles se muestran –jóvenes, vigorosos, con ideas novedosas y hasta medio izquierdosos, hablando de cambios y de justicia-, todo como parte de su estrategia electoral; sin embargo en la práctica una vez llegó al poder en el caso de Obama –controlado por sus financistas- se desinfló y la esperanza se convirtió en promesas vacías de contenido y de forma. Y así mismo, sucedería con Capriles, cautivo de sí mismo y de sus financistas.

Capriles sin embargo -actuando aún peor que Obama-, necesita esconder quien es realmente, debido a que si muestra su verdadera cara, muchos de sus seguidores se irían despavoridos. Capriles ha utilizado la sofisticación de la mentira, del engaño y de la manipulación para captar adeptos. La falta de principios éticos en el ejercicio de la política de este candidato puede ser representado en la frase de Maquiavelo “No es preciso que un príncipe posea todas las virtudes citadas, pero es indispensable aparentar poseerlas”.

Y esto es lo que le han recomendado los asesores a Capriles: “disimula, simula, trata de convencer a toda costa, pues siempre encontrarás quien se deje engañar, pues cada quien ve lo que parece, pero pocos tendrán la capacidad de palpar quien eres realmente”.

El candidato opositor está preso de sí mismo, pues no puede mostrarse tal cual es pues si llegase a conocerse a fondo quien es –a pesar del odio visceral que los opositores le profesan a Chávez sin razón aparente- saldrían espantados. Algunos asesores de Capriles parecen suplicarle que haga como Maquiavelo recomendaba a la hora de ejercer la batalla política: ocultarse e impedir que se le conozca verdaderamente, es decir, evitar “hacerse despreciable al ser considerado voluble, frívolo, vicioso, pusilánime e irresoluto, defectos de los cuales debe alejarse como una nave de un escollo e ingeniarse para que sus actos aparenten grandeza, valentía, serenidad y fuerza”.

Otro detalle que me hizo recordar la campaña de Obama y de Capriles, es el uso de simbología e íconos comunes, de tal forma que los electores se sientan identificados con ellos: en Obama las franelas con su cara en colores azules y naranjas con la palabra HOPE; y en el caso de Capriles el uso del tricolor nacional en franelas y gorras de la bandera nacional con ocho estrellas –a pesar de que la patearon e irónicamente ahora es su símbolo.-

Frente a todos estos elementos y los parecidos en cuanto a la construcción de una imagen y de posicionamiento político, mediante el uso de la comunicación persuasiva y técnicas de manipulación, así como de contacto directo con el electorado, no puedo sino concluir que los dos son producto y fueron convertidos en “celebridades”.

Capriles ha tenido que bajarse del autobús del progreso, y ensuciarse los zapatos recorriendo a Venezuela –según él ha pasado por más de 300 pueblos- pues la estrategia del uso de sólo los medios de comunicación definida por Giovanni Sartori como “videopolítica”, frente a un adversario como Chávez, hubiese tenido un efecto casi nulo. En el caso de Obama la estrategia fue distinta en este aspecto, ello porque el nivel de politización del pueblo norteamericano es inferior al de pueblo venezolano y resultaba entonces contraproducente tratar de conquistar a la gente sólo mediante apariciones en los medios.

Sin embargo, el apoyo por parte de la hegemonía comunicacional ejercida por los medios privados nacionales e internacionales ha sido de grandísima ayuda para Capriles. Ello entendiendo que frente a las debilidades conceptuales del candidato lo importante no es la realidad, sino la percepción; la construcción de la imagen del candidato como una celebridad –tal y como se hace con los artistas pop que no cantan un carajo pero en estudio los pulen y suenan maravillosos- el riesgo que se corre es, que cuando los ves en vivo y el personaje no puede sino construir mini discursos o simplemente leer de una chuleta que le preparan, la gente se desencanta –sobre todo el elector venezolano medianamente inteligente-.

Otro elemento a tomar en cuenta es que en ambas campañas se han incorporado el uso de nuevas tecnologías en el proceso de comunicación política, como los mensajes por internet, redes sociales, mensajes telefónicos pregrabados, ello con la finalidad de abarcar un mayor número de electores. En el caso de Capriles la obsesión por copiar la estrategia electoral gringa de Obama raya incluso en la ridiculez, pues mediante estas herramientas tecnológicas intenta aterrorizar a los venezolanos, con llamadas pregrabadas terroríficas, con supuestas encuestas telefónicas que buscan captar y desmovilizar a los chavistas light, engañando con sus cifras y utilizando temas –issues como son conocidos por los norteamericanos- que afecten directamente los problemas cercanos a la gente –fallas en la luz, regaladera y seguridad especialmente-.

Los asesores de Capriles como los de Obama, saben que en estos tiempos modernos, la imagen es la realidad, es lo que los electores perciben de nosotros y no necesariamente lo que en realidad somos. Esto quiere decir, que una cosa es como somos en realidad y otra como nos mostramos frente a la gente, de ahí la importancia para Capriles de disimular quien es.

Con él como con Obama, han aplicado lo que se conoce como el método VAZA, método que lo ha ayudado a crear, concebir y perfeccionar su imagen, porque el método está ideado ex profeso para eso. Consiste en la construcción de una nueva imagen, con una visión de futuro, una forma diferente de mostrarlo y que la gente así lo perciba –dejando oculto su pésima gestión tanto en Baruta como en Miranda-, donde botó a miles de empleados, o empeoró la inseguridad, o violó leyes y reglamentos municipales para favorecer a emporios urbanísticos, o las calles rotas y así pudiera enumerar miles de problemas. Esta estrategia busca beneficiar y minimizando sus errores frente al colectivo; de tal forma que con ello, lo identifiquemos, lo veamos y lo escuchemos de una manera distinta a como es en realidad y que pueda entonces ejercer toda la táctica persuasiva para que los incautos sigan creyéndose el cuento del autobús del progreso.

Zape gato!!!


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María Alejandra Díaz


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