Las mentiras de la burguesía

El mundo capitalista en que vivimos es un entramado socio-económico-político construido para que las mayorías trabajen en beneficio de las minorías. Es una estructura sustentada fundamentalmente por mentiras, porque es la única forma como las minorías pueden imponer su voluntad a las mayorías.

Las minorías siempre han recurrido a la mentira para crear estructuras con la apariencia de tener el poder suficiente para aplastar a las mayorías constituidas por la gente productiva. Pero la verdad verdadera es que construyen parapetos para dividir a las mayorías en pedacitos controlables. Con mentiras melosas y dinero halagan a los pendejos para convertirlos en instrumentos de sus apetencias personales y de grupos. Con mentiras tenebrosas atemorizan a los que expresan dudas de sus buenas intenciones. Y sobre mentiras cabalgan las acciones aniquiladoras contra quienes les traicionen, osen enfrentarlos o simplemente ya no les sean útiles. Para que estemos claros, es la misma forma como los “pranes” controlan a una densa población carcelaria y a sus carceleros, la Mafia sus negocios y los narcotraficantes su mercado.

La nobleza, las altas jerarquías eclesiásticas y las burguesías financiera e industrial, son minorías que han ejercido y ejercen el poder sobre las grandes mayorías formadas por campesinos, obreros y sectores medios de la sociedad utilizando la mentira y han perseguido y persiguen hasta la muerte a toda persona o grupo humano que diga la verdad. Por eso la verdad siempre ha sido un instrumento de subversión y propiciatoria de cambios tanto en lo personal como en lo colectivo.

A partir de Constantino el Grande, en la Roma Imperial, las minorías que tenían el Poder político y las riquezas, se asociaron a la iglesia católica para mentir y hacer creer a las mayorías pobres que tenían poderes extraterrenos otorgados por Dios con los cuales podían exterminar a los disidentes. El Papa se estableció como el representante de Dios en la tierra y los emperadores eran coronados por él. La nobleza, formada por los familiares y amigos de los reyes, se asoció con la burguesía financiera y junto con la iglesia católica gobernaron hasta la revolución industrial, cuando apareció un nuevo socio: la burguesía industrial. Hasta ese momento, el analfabetismo entre los pobres (en Francia antes de la Revolución francesa era más del 80% de la población) había sido el gran aliado para crear hábitos de sumisión entre los pobladores, con el poder de la palabra desde los púlpitos de las iglesias y la puesta en escena de actos litúrgicos. Siendo el Papa el representante de Dios en la tierra, los curas predicaban que los humildes y sumisos a la voluntad de Dios (la Iglesia) tendrían su recompensa en el cielo. La gente en su ingenuidad lo creía y aún hoy hay quienes lo creen.

La revolución industrial para avanzar necesitaba que los obreros supieran leer, sólo así podían aprender en los manuales el manejo y mantenimiento de las máquinas. Entonces la prensa escrita adquirió popularidad como vehículo de información y mediante medias verdades y mentiras pasó a ser el instrumento para crear nuevos hábitos de sumisión a la burguesía, que tenía el poder económico y ensayaba nuevas formas de poder político a través de intelectuales que no eran otra cosa que intermediarios asalariados.

La burguesía europea para aumentar sus riquezas rápidamente, lo que significaba más poder, se planteó obtener materias primas baratas mediante la guerra, que se convirtió en el procedimiento más expedito para lograr objetivos políticos con enormes réditos comerciales. Recordemos que “la guerra es la política por otros medios”. Había que incrementar la producción industrial y el control de los mercados. Por eso era necesaria la guerra.

La mentira mediante la prensa escrita y la radio se convirtieron en instrumentos para convencer a sus pueblos de la necesidad de la guerra, para apoderarse de territorios estratégicamente importantes o donde había materia prima en grandes cantidades, que ya escaseaba o era inexistente en Europa.

Una explosión accidental en el acorazado estadounidense Maine en la bahía de la Habana en 1898, fue transformado en un acto de agresión español por la prensa norteamericana, para justificar la declaración de guerra a España por los Estados Unidos y arrebatarle al aporreado y decadente imperio peninsular, las islas de Cuba Puerto Rico y las Filipinas. Las dos primeras aparte de proporcionar a precio de gallina flaca su enorme producción de azúcar, le darían al imperio en gestación el control de las aguas del mar Caribe. Las Filipinas serían un enclave para la expansión imperial de los Estados Unidos en el Pacífico.

El asesinato de un príncipe en Sarajevo en 1914, fue el motivo esgrimido para iniciar la Primera Guerra Mundial cuyo objetivo era la desaparición del Imperio Otomano y la creación de nuevos países en sus territorios del Medio Oriente, con gobernantes al servicio de la burguesías británica y norteamericana, para garantizarles el control de los yacimientos petrolíferos más importantes de la tierra.

La Segunda Guerra Mundial no fue consecuencia de un reclamo territorial como se le hizo ver a los pueblos, sino para acabar con la Unión Soviética que constituía un peligro para la burguesía anglo-norteamericana. Fallaron los cálculos, la Unión Soviética salió fortalecida, porque se puede saber como empieza una guerra, pero nunca como terminará. Sin embargo, el premio de consolación fue ganar la Guerra Fría con mentiras y desmontar la estructura de la Unión Soviética.

Es impresionantemente extensa la enumeración de los hechos bélicos sustentados con mentiras. África vive interminables guerra “tribales” detrás de las cuales están empresas transnacionales que usufructúan el petróleo, los diamantes, el oro, el coltan, la madera, etc. Actualmente el mundo vive los efectos de unas armas de destrucción masiva que nunca existieron en Irak, las mentiras sobre Kadaffi para destruir a Libia y apoderarse del petróleo y su inmenso acuífero, el acoso de Siria por una supuesta oposición armada y de Irán porque los israelitas dicen que está construyendo armas nucleares. No podemos dejar de lado el genocidio palestino por Israel, un Estado creado con engaños, mentiras y torrentes de dólares provenientes de la gran burguesía anglo-norteamericana y el más grande engaño de todos los tiempos: la destrucción de las torres gemelas en Nueva York, hecho atribuido a Osama Bin Laden utilizado para desarrollar una política guerrerista sin precedentes en el Oriente Medio.

De hecho, la industria más rentable es la armamentista cuyos capos mantienen una guerra mediática mentirosa contra los países propulsores de la paz. Según el instituto internacional de investigación para la paz (Sipri), en el año 2008 se gastó en todo el mundo 1.464 billones de dólares, lo que significa un aumento del 45% desde el año 1998. Con esos dólares se acabaría con el hambre en el mundo. Estas inversiones son lideradas por Estados Unidos, y seguidas lejanamente por China, Francia, Inglaterra, y Rusia.

La guerra mediática contra Venezuela se debe principalmente a que el gobierno revolucionario bolivariano con Chávez a la cabeza, exitosamente tiene como bandera la paz y la solidaridad entre los países para lograr el desarrollo de extensas regiones pobres del planeta, que paradójicamente son poseedores de grandes riquezas naturales explotadas por la voracidad capitalista de la burguesía, cometiendo impunemente crímenes de toda clase.

No hay estadísticas sobre las mentiras que se establecieron como verdades en las sociedades latinoamericanas, pero si lo hubieran nos dirían que somos los grupos humanos sometidos al mayor número de mentiras desde el 12 de octubre de 1492 cuando Colón pisó tierra en una isla de este continente. Pero seguro que los venezolanos somos el grupo humano al que se le ha dicho la mayores y más abyectas mentiras en el lo que va de siglo XXI.

La mentira tiene diferentes gradaciones de acuerdo al daño que causan. En primer lugar tenemos las mentiras que no causan daño e intentan ayudar a alguien, como las mentiras piadosas que se le dicen a los pacientes con enfermedades terminales y las que los familiares de los perseguidos políticos decían a los aparatos represivos de la cuarta república para proteger sus vidas. Hay las mentiras que surgen por el mero placer de mentir, es una patología, ocurre en los mitómanos, daña al mentiroso y hace poco daño a los demás. Podemos decir que son mentiras aceptables.

Es inaceptable que las personas mediocres al carecer de los recursos intelectuales que los hagan sobresalir en su entorno social, recurran a la mentira para dar una imagen diferente a lo que realmente son. No están conformes consigo mismo y su incapacidad para mejorarse auténticamente los hace ocultarse tras una máscara o disfraz a todas luces inconsistente y por ello son proclives a venderse al mejor postor.

La mediocridad de las oligarquías en nuestros países convirtió a esos grupos humanos en mentirosos y sus mentiras son perversas porque están dirigidas a producir daños a los grupos humanos más indefensos. Su objetivo de siempre es crear una idea o una imagen de poder que se parezca a la realidad, para satisfacer su ego. Así, sirvieron de intermediarios para la dominación colonial sobre la mayoría constituida por extranjeros no peninsulares, mestizos, indígenas y negros. Así sirven actualmente de intermediarios a la ambición de dominación neocolonial sobre el mestizaje latinoamericano.

La oligarquía colonial venezolana, representada por los mantuanos criollos, quería parecerse a la nobleza europea, y por ello hicieron incontables sacrificios para obtener títulos nobiliarios a cambio de sacos de cacao. Luego vendiendo plumas de garza y pieles de caimán querían parecerse a la burguesía europea y por eso Guzmán Blanco afrancesó a los “dueños del valle de Caracas”. Finalmente con el descubrimiento de los enormes yacimientos petrolíferos en nuestro país, la oligarquía venezolana del siglo XX, en su afán de que fueran aceptados como iguales por la burguesía de los Estados Unidos, dejaron que robaran nuestro petróleo y nos convirtieran en colonia de ese país.

Un grupo humano que intelectualmente se estanca y se queda en la apariencia no tiene futuro histórico. La oligarquía venezolana que para finales del siglo XIX tenía un siglo de atraso, no tenía capacidad para gobernar y tampoco para escoger a quienes lo harían por ellos. Por eso desde comienzos del siglo XX hasta 1935 gobernó Juan Vicente Gómez, un latifundista analfabeto totalmente al servicio de las transnacionales petroleras. Después de su muerte, quienes se erigieron como políticos al servicio de la oligarquía venezolana y por ende de las transnacionales, se caracterizaban por su desarraigo (apátridas) y su ignorancia (eran analfabetos funcionales, no entendían lo que leían), lo que les impidió proponer políticas originales para un desarrollo independiente. Fueron años de marchas y contramarchas en lo político, con una economía estancada, sólo teníamos las migajas que los consorcios petroleros dejaban para ser repartida entre la oligarquía y sus políticos. Por ello quienes tomaron las riendas del país después del abandono del Poder por Marcos Pérez Jiménez, el 23 de Enero de 1958, recurrieron a las recetas y recomendaciones de “expertos” extranjeros que tenían una visión interesada en aprovecharse de los recursos del país al menor precio posible y establecieron el Pacto de Punto Fijo como marco de engaño a la población venezolana.

Paralelamente un fenómeno similar ocurrió también en los sectores opositores al Pacto de Punto Fijo, los principales dirigentes no eran obreros ni campesinos venezolanos, si no hijos de la oligarquía y de la clase media, desarraigados del sentir venezolano. Era gente que no podía interpretar los pensamientos del pueblo, porque no se sentía parte de él, por ello se limitaba a mal copiar experiencias extranjeras y utilizando financiamiento que venía principalmente de la Unión Soviética y repitiendo como loros, las mentiras que emanaban del Kremlin, se lanzaron a una lucha armada más emocional que racional, asentada sobre el individualismo, dejando numerosos muertos y desaparecidos. Era imposible que se estableciera alguna sintonía entre los dirigentes y el pueblo. La derrota era inevitable.

Para mantener su liderazgo los políticos al servicio de la oligarquía debían mentir, igualmente quienes fungían de líderes del movimiento popular.

La gente se cansó de mentiras y por eso ocurrió el Caracazo el 27 de febrero de 1989 y la emergencia de Hugo Chávez el 4 de febrero de 1992, quien asumiendo responsabilidades y con la verdad por delante galvanizó al país pobre a su alrededor. Allí comenzó la debacle de los dirigentes políticos de la oligarquía y los izquierdosos que fungían de líderes del movimiento popular. La evidencia del desarraigo y la ignorancia de ambos grupos, es la alianza que ha ocurrido entre ellos. Este proceso se inició con el último gobierno de Carlos Andrés Pérez, siguió con el gobierno de Caldera en 1994, se ha mantenido hasta el presente y se proyecta hacia el futuro. Los Teodoros, Pompeyos y Américos que en la década de 1960 se hacían llamar revolucionarios, protagonizaron en la década siguiente saltos de talanquera bochornosos, de evidente entrega a la oligarquía que estaba regalando el país a las transnacionales. Unos aceptando asociaciones comerciales, como Américo Martín en el negocio del oro y Luben Petkoff en el del cemento, otros se transaron por embajadas como Antonio José Urbina (Suecia), Germán Lairet (Yugoslavia y Argentina) y José Rafael Zanoni (Irán), un curul en el Congreso como Freddy Carquez y ministerios como Pompeyo Márquez ( Fronteras), Teodoro Petkoff (Cordiplan), Rafael Orihuela (Sanidad) y Carlos Walter (Sanidad). Pero ellos no estaban solos, tenían amigos aún más mediocres que les seguían y envidiaban. Todos ellos junto con los restos del Pacto de Punto Fijo se venden actualmente como la vanguardia de la anti-patria.

La conducción del país por Hugo Chávez Frías como un verdadero líder del pueblo venezolano, no sólo con ideas revolucionarias, sino con la firme determinación de transformar a Venezuela en un país libre y soberano, con el uso de la verdad como poderoso instrumento de trabajo, sorprendió a la burguesía y sus asalariados políticos que no han podido evitar dejar al descubierto su ignorancia y extrema mediocridad humana.

Los conocidos políticos punto fijistas sobrevivientes, al no poderse deslastrar del abominable pasado, se mezclaron con copeyanos y adecos poco conocidos camuflados de jóvenes políticos no contaminados con el pasado como Manuel Rosales, Pablo Pérez, Henrique Capriles Radonski y su combo, para crear una plataforma que les permitiera retornar “remozados” a la actualidad política. Los izquierdosos del pasado hicieron lo mismo. Todos estos personajes con una personalidad paranoide, son consistentemente fabuladores porque se sienten perseguidos y criticados y necesitan continuamente reivindicarse. Son mentirosos compulsivos que lo hacen para llamar la atención, evadir responsabilidades y hacer daño.

¿Alguien ha oído alguna vez a alguno de esos personajes hacerse responsable de los daños infringidos al pueblo venezolanos y pedir perdón por ello?

La burguesía venezolana y sus acólitos intuyen (porque no tienen capacidad de análisis) que más nunca recobrarán el poder por ellos mismos, por eso recurren a la mentira sistemática en los medios de difusión privados, con la intención de causar daño público. Constituyen una fauna formadas por políticos, empresarios y profesionales de diferentes áreas, resteados en hacer oposición al gobierno revolucionario de Chávez y a la integración latinoamericana, en beneficio de las grandes corporaciones transnacionales y esperan que una situación como la de Libia los lleve al poder nuevamente. Son seres humanos de naturaleza tortuosa, sin virtudes, pudiéramos decir que tienen aversión a la convivencia humana. Esta gente alcanza la categoría de TRAIDORES AL GÉNERO HUMANO, porque mediante la mentira y el engaño producen daños psicológicos irreversibles en amplios grupos de personas que quieren vivir en paz y armonía con sus congéneres, convirtiéndolos en instrumentos del odio genérico: racismo, homofobia, etc. Nos corresponde combatirlos con la verdad, sin darles tregua, para que los jóvenes conozcan su talante y no se dejen engañar.

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