La antipolítica de la plutocracia

Para echarle un vistazo a la MUD y a su candidato

No sólo por la postulación de Capriles sino en general para tener una visión acomodada a ciertas evidencias, es importante hacer dos consideraciones: una, la MUD hace rato renunció a la política (porque a todas luces renunció a lo político: al debate, al diálogo, a la construcción colectiva de un proyecto) y dos, Capriles es el candidato de la plutocracia. Las dos nos deben ayudar a no caer en confusiones, como creer que Capriles es un «político», que lo acompañan «partidos» (sobre todo esa facción o cártel llamado Primero Justicia), o que los factores de oposición se moverán o aceptarán condiciones que impongan árbitros o dispongan las leyes. Cuando dicen, por ejemplo, llevar a la Asamblea una Ley de Misiones sólo tenemos que recordar que se limpiaron con la Constitución y arrasaron la Asamblea y con todos los cargos de elección popular en el 2002. Imagínense qué pueden llegar a hacer en un gobierno, cuando sus ansias de poder y venganza los lleve sin cortapisas a pisotear la institucionalidad acusada de chavista es decir de narco-terrorista con el pláceme de los medios y la Comunidad Internacional.

No obstante una confusión mayor puede derivarse de creer que a Capriles y a su «maquinaria» les importa la Presidencia o para decirlo más claramente la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela. Ellos no están ni soñando con ganarla y mucho menos con gobernar (lo que se dice «gobernar») este país, al cual de paso nunca han gobernado; es más, si antes era gobernable (a su modo, es decir, a punta de policía, represión y televisión) ahora sí es verdad que no y ellos lo saben, politizado como está (lo que ellos llaman polarizado y que para nosotros es que a estas alturas del partido sabemos quién es quién y el cuento de los «ni ni» es que ni son chavistas ni son revolucionarios…)  y con una población –es decir, nosotros- reclamando y construyendo justicia social, derechos y una idea (de) Patria donde lo impensable para el mercado sea posible y para todos: salud, educación, vivienda, bienestar, felicidad. En un hipotético gobierno de derecha, sabemos que eso es imposible por la sencilla razón de que todo sería como antes y como en todas partes privatizado, porque lo que entienden los de la MUD por gobierno es «gerenciar» negocios, no derechos ni justicia para la población, sino libertades y beneficios para las empresas. Eso en nuestro país y para la mayoría de la población está clarísimo.

Pero adonde quiero llegar es al hecho más que evidente de que la plutocracia, cuyos negocios van bien en todas partes, incluso más y mejor en Europa y EEUU, tienen en la estabilidad política del gobierno de Chávez garantía de enriquecimiento (como la tenían, valga la tenebrosa acotación, en Libia, y ya sabemos qué resultó…, es decir, «ni un tantico así» nos debemos confiar de la plutocracia asesina, pues cuando le provoca ir a los huevos de oro de la gallina va y la mata).

El sector privado ha crecido más que el público, y saben -porque a la vista está- que la economía nacional crece sostenidamente. «… se debe destacar –dice una nota de prensa del BCV- el acelerado crecimiento del sector privado, cuyo valor agregado bruto se expandió en 6,0%, generalizado en la mayoría de las actividades que lo conforman. El sector público, por su parte, experimentó un alza de 3,4%, sustentado por la mayor prestación de servicios del Gobierno General y de la evolución favorable en las actividades petrolera, comunicaciones y servicios financieros.»[1]

Sólo que la candidatura o el affaire electoral (y convencer a los disociados de que Chávez se está muriendo, que no da para más, que era un doble, que los guardaespaldas lo estaban sosteniendo, que es mentira todo, que –es mentira que- estaba enfermo, que –es mentira que- está sano, etc., etc.) es parte de una jugada que les reporta dinero (la máquina electoral a lo gringo capta inversionistas, banqueros, empresarios, si son extranjeros y pagan en dólares, mejor) y abona a lo que es su (único) proyecto a largo plazo: destruir la política, socavar sus bases, embasurarla, hacerla desaparecer de las necesidades humanas, al tiempo que le permite a los zares de la «antipolítica», a los «líderes» de los partidos, que hace rato no trabajan y que se refocilan pechando comisiones y lavando dolarillos, medrar a la sombra de los negociados.

Lo habían logrado. Digo, todos recordamos que para la época de los 80 y 90 (los años dorados de Thatcher, Reagan, Gorbachov, Muro de Berlín, y Neoliberalismo) era una ridiculez la política y se extendió aquel mohín de «yo soy a…político». Pero Chávez reivindicó la política, sacó del foso palabras prohibidas, socialismo por ejemplo, y hoy con su impulso los suramericanos y caribeños estamos construyendo la más alta y enérgica política, a despecho del mercado: del ALCA pasamos en una década a la CELAC y a UNASUR. Al ALBA y a PETROCARIBE. Por otro lado, se entiende que el pueblo la esté pasando bastante mal en Europa y Estados Unidos porque se tragaron completico el cuento de la a-política lo que hoy les impide precisamente la organización política para salir del atolladero y aguar el festín de la banca mientras construyen una alternativa viable. De todos modos, los acontecimientos están en pleno desarrollo… Islandia, por cierto, es un buen ejemplo de que cuando se comienza a hacer política los medios se hacen los distraídos…[2]

En fin.

El hecho es que al mercado o mejor a la plutocracia la política le sabe, de ahí que su candidato en nuestro país sea la expresión más vernácula de la estulticia. Nada que se le parezca a la política –parecen decir- debe enfrentársele a Chávez. Ellos no apuestan pero ni de cerca a ganar las elecciones sino a crear un desierto político que deje al dinero (es decir a los ricos y su hambre) a sus anchas. Es por ello que el mejor acompañante de los grandes capitales sean los más grandes ejércitos, los más sanguinarios. No hay inversión económica que no esté acompañada o secundada por espantosos crímenes, claro está, silenciados, invisibilizados por la industria del espectáculo. Mundiales, Concursos de Belleza, Olimpíadas. El Banco Mundial, el FMI y la OMC tienen manos y dientes llenos de sangre.

Capriles es la expresión más cabal de la antipolítica. En la acepción gringa es el doble bizarro de Chávez. Si Chávez es un fenómeno de talla mundial de la política, como sólo ocurre muy rara vez en la historia, Capriles es la más acabada cristalización del disparate.

Por demás, no hay política (sino estafa y engañifa) si la única realidad es la mediática. Cuando hablan de tele-política o medio-cracia, lo mismo suena a «gobierno de los medios» que a «gobierno de la mediocridad»... Los medios no hacen política, hacen creer a los televidentes que hay una «esfera pública», partidos y políticos, pero sólo son la fachada de los poderes fácticos que negocian los recursos de todos; privatizados y en sus manos, escasos y en el límite del agotamiento, mientras duren serán sólo para ellos. El papel de los partidos de derecha e «izquierda» (tipo PP y PSOE, por ejemplo) en el mundo es mantener la apariencia de un «debate político» frente a las cámaras para que los usuarios «participen» viendo. Cuando se cansen de ver(los en) televisión, saldrán a la calle, donde los esperarán perros y policías sin madre. Tiros y cárcel. Pero la pantomima de debate (y hasta la represión) seguirán siendo televisados, para bien del establishment. Los negocios seguirán, porque un signo de que están en su mejor momento es que hay más gente en las calles desesperada y sin salida. En poco tiempo (si no se suicidan) habrán aprendido a vivir con migajas y con dos o tres trabajos a destajo con sueldos miserables.

Los partidos y la televisión que en Venezuela tenían reservado ese papel están hoy en la oposición. Por lo visto, al menos por estas elecciones, no volverán. Pero lo comentado hasta aquí nos permite asegurar que nada parecido a política debemos esperar de la MUD. Ellos seguirán haciendo y cometiendo cuanto desaguisado les provoque, a la espera como buitres de que ocurra un desastre y genere una situación incontrolada en el que ellos se moverían como peces, al tiempo que los poderes fácticos internacionales con sus conexiones locales se cebarían buscando desestabilizar hasta convertir a Venezuela en un caos, el marco ideal para hacer cotidianas sus actuaciones terroristas (en lo económico, en lo político, en lo social…) Donde reina el caos, reinan la mafia y el dinero. El contrabando, la especulación, la inflación, los peores desequilibrios, amén de que los crímenes más espantosos contra todo lo decente que haya se cometerían con total impunidad. En el caos, no puede florecer la política, todo está gobernado por la necesidad y el sálvese quien pueda. Sólo sobreviven los más arteros, los más inescrupulosos y desalmados. En condiciones normales los llaman «competitivos».

Ahora bien, mientras el desastre no tenga por donde aparecer ellos seguirán haciendo lo que saben hacer y lo que les toca: aparecer en televisión, montar shows, predicar locuras, retorcer a punta de ignorancia cualquier realidad, cualquier evidencia, ocultar lo evidente, fanfarronear, mostrar con desenfado su vida fatua y sin sentido. Decir con sus vidas vacías que se puede ser supernice en la más aburrida inanidad, y que lo único que les provoca es irse demasiado.

De aquí al 7 de octubre lo que se anuncia es una galería interminable de boberías, sandeces y violencia, pataletas y malcriadez, que habrá que aguantar con raro estoicismo so pena de caer en el juego, y jamás creer que si les hacemos caso y los complacemos dejarán de berrear.

Por eso El Majunche como la expresión más clara de la antipolítica y del «proyecto» de la plutocracia en su versión venezolana (si es que se le puede llamar proyecto a lo que está pensando desde y para la más crasa inmediatez), no es sólo un perfecto imbécil, sino el imbécil perfecto.

[email protected]

[2] «En Islandia, el pueblo ha hecho dimitir a un gobierno al completo, se nacionalizaron los principales bancos, se decidió no pagar la deuda que estos han creado con Gran Bretaña y Holanda a causa de su mala política financiera y se acaba de crear una asamblea popular para reescribir su constitución. Y todo ello de forma pacífica. Toda una revolución contra el poder que nos ha conducido hasta la crisis actual.» Para leer más, ir a http://porunmundojusto.blogspot.com/2011/03/islandia-revolucion-silenciosa-pero.html


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