La canalla Bocaranda venera al imbécil Aveledo y al bipolar Capriles Radonsky

Cada vez que estoy furiosa con Chávez por la equívoca gestión de tanto socialista de quince y último, de pura consigna y cero acción, de verbo sectario y gesto excluyente, de caperuza escarlata y adecos propósitos. Cada vez que atravieso una crisis refunfuñante y culpo a Chávez hasta del calor estival y sus garúas esfumadas bajo el ostentoso proliferar de las 4X4 doble cabina, las del buen vivir a costa del malestar de prójimos y prójimas. Cada vez que estoy a punto de ponerle los puntos sobre las íes al Presidente que yo elegí, ratifiqué, reafirmé, lloré aquel 12 de abril, y luego le firmé un cheque en blanco para que gobierne hasta que a mí me dé la real gana. Cada vez, repito, que están por saltarse los tapones de mi disciplinada tolerancia, asoman su horrorosa nariz unos esperpentos políticos de cuarta categoría humana, mercenarios de última generación neocolonial. Miquilena, Rosendo, Aponte Aponte, Lameda, Alvaray, empapan mi coraje en las aguas heladas de sus fatídicas intenciones comprobadas. De ello damos fe, desde nuestras primeras vivencias al medio del siglo pasado, la generación Tribilín asumida guevarista, insumisa, irreverente, proletaria en ciernes, revolucionaria pichona.

En esta ocasión electoral, los tragicómicos insepultos, rescatados por misia Clinton de las sentinas de la conspiración puntofijista, ratifican que no por burdos son menos peligrosos, no por imbéciles son menos criminales, ni por subdesarrollados son menos escalofriantes. En esta ocasión electoral, Ña’ Hillary tiene que echar el resto de su bilis WASP sobre nosotros, sobre los venezolanos, sobre los chavistas, porque le hemos agregado arrugas a su petulancia pequeño-burguesa, ariadescendiente. Mientras ella azota con el látigo de su abulia emocional, a Barackito, conserje confeso (lavará carros y paseará perros republicanos), la doña pretende azotar nuestro tesón con el mismo látigo de romper niños en Palestina, linchar a Gadafi, matar mujeres en Afganistán, mantener bloqueada a Cuba, procrear mendigos en Nueva York. La doña de las arrugas frías, quiere que le queramos, porque sí, a su flaquito “hecho” a la medida, y a su insufrible edecán “echo” el culto, o sea; el Chavo Capriles y Don Ramón.

La imbecilidad echa la culta de Ramón Guillermo Aveledo, edecán de voz engolada, lengua estropajosa y verbo tedioso, alcanza para proyectar, en el menguado imaginario del Este del Este, un ducado patriarcal letrado, una refinada virilidad clase media eurocéntrica, un béisbol cortesano VIP sin bleachers. El leguleyo melindroso quiere hacerle creer a sus focas -del lado antichavista las hay enjoyadas y perfumadas-, que un panfleto neoliberal a propósito de congraciarse con sus financistas, incluyen a Ruperti, es un documento forjable como un memorando de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, y además dice, el Duque de Confeti, que incurre en delito quien ose adjudicarle autoría intelectual a la MUD, por el refrito fondomonetarista que autenticó la mala fe del asaltante de embajadas y su combo de marrulleros.

Si el anticomunismo fuese una mera postura ideológica, tal vez gozaría de buena salud política, pero el anticomunismo es la excusa del fascismo para reencarnar a Hitler, y es el argumento colonial made in USA para invadir cualquier lugar de La Tierra, masacrar pueblos, derruir ciudades, imponer su idioma, su gobierno, y su basura bélica en nombre de la libertad, la libertad Wall Street de usufructuar, sin costos ni riesgos, las riquezas humanas y los recursos naturales; la mano de obra barata y los minerales de todo tipo. El anticomunismo es, de suyo, hegemónico, autocrático, violento y contrario a toda noción democrática, enemigo de cualquier noción de soberanía nacional; contrarrevolucionario por muy tímida que sea cualquier revolución.

Los anticomunistas, la única libertad que defienden es la de impedir a cualquier costo el reparto equitativo de la abundancia, el disfrute equilibrado de la naturaleza, para ello depredan el ambiente, y a la destrucción del hábitat le dicen desarrollo, progreso, civilización. Esa es la propuesta, escrita o no, de Ramón Guillermo como edecán, de Capriles Radonsky como heredero de la corrupta progenitora de Leopoldito, y para eso le pagan a la canalla servil, a Bocaranda, para impedir que nuestra pródiga tierra venezolana se reparta entre todos nosotros, los que somos y los que serán, y además alcance para los vecinos. Son tan miserables, el edecán, el flaquito y la canalla, que no entienden de solidaridades, por eso compran partidos políticos con dinero sustraído a PDVSA, por eso asaltan embajadas, por eso ¡No pasarán!.

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