Auditórium

La campaña del 7-O: ¿entre amenaza, extorsión, chantaje y violencia?

“En el país de los ciegos el tuerto es el rey”

Erasmo de Rotterdam…

Nunca en mi vida había visto una campaña electoral, marcada por La violencia, la corrupción, y la guerra sucia, claves de que muchos que se hacen llamar líderes, no son más que unos mediocres politiqueros. Marcados por actitudes antidemocráticas nunca vistas en la historia política de Venezuela.

Venezuela celebrará el próximo domingo 7 de octubre las elecciones presidenciales del 2012, en las que el PSUV se prepara para retener el poder, desde la victoria del 6-D del 2008. Pero expertos y analistas advierten que los comicios están marcados por la creciente violencia, y por los peores vicios de una democracia socialista, donde la guerra sucia entre los partidos del gobierno, y la oposición es el plato fuerte, una especie de “sopa de mondongo frio”, donde se acusan del uso indebido de fondos, prácticas clientelares, compra de conciencias, y hasta de vínculos con el narcotráfico, que alejan al país de la ruta del socialismo democrático iniciado en el año 1999, cuando ganó la nueva Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

El 7-O los electores venezolanos estarán convocados a las urnas para elegir al próximo Presidente de La República, donde los políticos más poderosos, se disputan los mejores cargos. Donde al decir de algunas encuestas, el PSUV tiene prácticamente asegurada la Presidencia de la Republica nuevamente, y donde pocos letrados, con limitaciones intelectuales prevén resultados ajustados. Y eso pese a la alianza contra natura en los partidos de la MUD como: AD, COPEI, Bandera Roja, MÁS etc.

Esta sorprendente coalición que sólo tiene en común querer sacar a Hugo Chávez del poder, percepción que se nota por las palabras de la jefatura opositora, ha generado ríos de tinta en la prensa escrita, y altos cargos acusatorios entre ambos bandos, donde se han criticado abiertamente los casos de Juan Carlos Caldera, David De Lima Y William Ojeda.

Pero lo más preocupante de estos comicios, es el estilo y las formas de la campaña. No se puede elegir cuando no hay dónde escoger entre tanto delincuente político infiltrado en la campaña. El ejercicio electoral no puede ser un concurso de delincuentes, y para colmo del absurdo se le pide un voto de confianza a la ciudadanía, hacia dirigentes sin credenciales en el manejo de los asuntos públicos.

Los hechos recientes avalan estas palabras. Un ex- gobernador, y dos diputados, son acusados de comprar conciencias, y de recibir fondos para la campaña. Dos continúan activos. Y otro no, aparentemente defenestrado aunque está acusado moralmente de corrupción y tráfico de influencias.

Por otra parte, en casi todos los estados, la oposición al PSUV, son ex- pesuvistas de reconocida trayectoria en el partido contra el que ahora se enfrentan, la competencia es entre políticos surgidos al calor de la revolución bolivariana.

Los escándalos por, corrupción, chantaje, extorción seguirán. Mientras desde el gobierno algunos deslenguados mercenarios (ejemplo De Lima) acusan a la MUD de estar dispuesto a todo con tal de ganar, incluida: “la amenaza, la extorsión, el chantaje y la violencia”, los opositores acusan al gobierno de utilizar la inteligencia del Estado para espiarlos y seguirlos, y los programas sociales para la campaña electoral. Y desde el gobierno se acusa los gobernadores opositores de utilizar el dinero de sus gobiernos para apoyar al candidato opositor.

El CNE, parece que no sirve para nada, ante este despelote de inmoralidad electoral. Entonces, qué se puede esperar este 7-O. Donde la oposición amenaza con regresar al poder, y la revolución dice que se mantendrá en el poder, sin haber cambiado muchas cosas. Es parte de la inteligencia electoral; que recojo y escucho en el seno del pueblo elector, y así lo escribo, ya que no soy fanático ni obtuso.

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