Caldera con guiso, luego de sofreír en un sartén...

está lista para echarle un buen bagre guatero, eso sí, con mucho ají dulce.

El concepto de justicia nunca debe ser un punto de vista particular porque el hombre siempre está por ser biopsicosocial.

Siempre me ha llamado la atención el hecho de que Julio Borges y sus ayas del norte se asuman como el non plus ultra de lo que es justicia, de lo que es democracia y de lo que es libertad, entre otras definiciones.

Inclusive, es notable que esa secta ultramontana que es Primero Justicia, devenida en partido político luego de aparecer como “ONG” a costas de la anterior PDVSA, pretenda hoy demoler por erosión, al Estado Venezolano, a partir de su plataforma principal -GLOBOVISION- antes básicamente RCTV pero ahora, toda la prensa sedicente restante.

Dios no tiene nada que ver con Urosa Savino ni con Julio Borges, dos de los capos de las más prominentes sectas que operan acá en Venezuela, la CEV y PJ -Conferencia Episcopal Venezolana y Primero Justicia- a sueldo de quien pretende esclavizarnos, pero éstos hablan en su nombre.

El concepto de justicia debe definirlo el pueblo en asamblea pública, no Julio Borges en un set de televisión, inclusive por encima de lo que pauta el Estado.

La propia institución universidad carece de moral para definirle al pueblo lo que hemos de asumir como justicia, mucho menos una secta de bribones.

Bueno, pero al grano.

¡Capriles fue cazado con las manos en las masas, extorsionando, pero por intermedio de Caldera!

Puesto que no sé escribir pero me escriben, insté a la autoridad local para que me informara acerca de la vaina.

_Esa vaina fue como antes de las tres, yo me quedé cáspita, te llamé pero el celuloko ni repicó, mejor te quito mi vaina porque tú eres inútil y después andas preguntando pendejadas.

No obstante pude persuadir a la autoridad y más o menos me dijo que:

“Para el momento Caldera no exhibía su risita irónica y prepotente sino la mirada perdida, dijo que el que no la debe no la teme (cliché de los abatidos) y….”

Al parecer, el tal Caldera dijo algo digno de resaltar como muy positivo y es que él debía hablar con sus hijos. De ser cierto, se le acompaña y se le admira porque nada es más importante que eso. La familia es sagrada para todos, escuálidos y revolucionarios.

Pero, Caldera se ladeo y botó el picante. Antes no se conformó con su sueldo de diputado y botó la pelota.

Yo me pongo en lugar de Juan Carlos Caldera para llamarlo a reflexión porque se trata de un compatriota joven, alocado y envenenado pero, compatriota, que ojalá rectifique y se encamine por el camino de la dignidad.

Sería para mí en lo personal una prueba muy dura, durísima, devastadora, el no poderle ver la cara de frente a mis nietos que me ven tan del carajo aunque ni lo merezco pero lo asumo así, echarle cuenticos bien buenos, embustes bonitos, eso es magnífico, que te saquen los piojos así que te de cómo un sueñito, es algo maravilloso, es todo, es la ternura.

Valoro que Caldera tenga al menos resquicios de dignidad y eso lo hace un buen hombre en algo pero, esta es una guerra dura, la patria está en juego y no hay que andar con guabineos, él debe ser castigado sin misericordia alguna para que respete.

Vacilar es perdernos, si a Caldera no se le castiga ejemplarmente, Julio Borges y Capriles van a coger la vega pa´potrero.

El guiso se hace en un sartén y luego que está a punto, es cuando se trambuca a la caldera; por ejemplo, cuando se trata de un bagre guatero, al menos, es así.

Previamente, la Caldera debe estar caliente y con una pizca de ajo sofrito en aceite, no sin dos o tres ají dulces por cada bagre.



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Guillermo Guzmán


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