La demagogia como estrategia electoral





Sin lugar a dudas el Proceso Bolivariano ha traído consigo un cambio político en la sociedad venezolana de enormes proporciones. Negarlo sería un sin sentido. Con sólo escuchar la línea discursiva de los principales voceros de la oposición venezolana uno se da cuenta de la magnitud del cambio. Quién se podría imaginar al señor de la escalera, el mismo que fue diputado por COPEI, el hijito de papá y mamá que perteneció a la agrupación ultraderechista Tradición, Familia y Propiedad, el mismo… ¡qué arrecho! que participó en el Golpe de Estado contra el presidente Chávez, persiguió y allanó casas… hablar ahora de mejorar las misiones, de mantener los sistemas públicos de salud y educación, de la conciliación nacional, de que no ha pasado nada, de que todos somos hermanos, todos somos de izquierda. Definitivamente, las circunstancias políticas los obligan. No se encuentran estos sectores bajo las mismas condiciones sociopolíticas y se ven obligados a recurrir a la demagogia como estrategia electoral.

La demagogia y el clientelismo fue históricamente bandera política de los partidos que conformaron el denominado “Pacto de Punto Fijo”. Los adecos y los copeyanos se hicieron maestros del arte de mantener el poder por medio de la mentira y la manipulación. Hicieron del pueblo muchedumbre pasiva a la espera de las nuevas promesas de cambio -a incumplir- que llegaban aparejadas cada cinco años con el carnaval electoral. Fue la época de la romería adeca, del “tigre” que dormía en ranchos, de los bloques y las láminas de zinc, de “los adecos roban pero dejan robar”, de Juan Bimba como símbolo de la iconografía nacional para promover a Acción Democrática como el partido de los “pata en el suelo”, de las cien mil casitas de Caldera.

La demagogia impulsada por estos sectores y tolerada por la burguesía nacional dio, durante mucho tiempo, viabilidad sociopolítica tanto al modelo de hegemonía política, basado en la conciliación de élites, como al modelo de desarrollo capitalista rentista, basado en el modelo de sustitución de importaciones. La demagogia populista en ese momento fue funcional al proyecto capitalista burgués. No obstante, luego del colapso del Capitalismo Rentístico y por ende de la consecuente crisis del modelo político, algunos actores de la burguesía nacional pasaron a la ofensiva política planteando la necesidad de un cambio estructural basado en las relaciones de mercado. Se impuso en la élite política y económica del país el recetario neoliberal.

La burguesía nacional le dio a la demagogia otro matiz, en su momento, otra connotación ideológica. Sobre todo a través de los medios de comunicación masivos, desde donde se emprendió una campaña descomunal a favor del “libre mercado y sus beneficios”. Según ellos, todos podíamos ser emprendedores, todos podíamos ser empresarios exitosos, el mercado y la inversión privada era la solución mágica ante el Estado ineficiente. La demagogia empresarial ocultaba a la población sus verdaderos intereses casados con el capital transnacional. Y mientras a la ciudadanía se le inculcaba a través de los medios que el “Miss Venezuela” era una de nuestras principales ventajas competitiva, llegó el gocho montado nuevamente en una campaña populista y demagógica al estilo adeco, saltando charcos en las barriadas populares: “no lo tumba nadie”, “el gocho para el 88”, “ese hombre si camina”, etc. Fue entonces, cuando apenas el imaginario colectivo salía de la resaca de la campaña electoral, que Carlos Andrés Pérez aplicó en la práctica la cartilla neoliberal dictada por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. ¡La gente por supuesto se arrechó! La discrepancia medios – fines, incendió la pradera. Se produjo el hecho histórico que nos tiene aquí: el 27 de febrero de 1989. La élite política y económica se quitó la careta, afloraron las contradicciones, y ya no fuimos más hermanos venezolanos; bajo una atroz represión, la demagogia se esfumó. ¿En qué andaría Capriles Radonski en ese momento? ¿Será que no andaba en el país? ¿O simplemente sus ocupaciones de adolescente yuppie no le hicieron darse cuenta de lo que pasaba?

Ahora Capriles saca la vieja espada de la demagogia mellada por la conciencia del pueblo venezolano para tratar de retomar el poder político. Ya no pueden convencer ni a los mismos sectores que los acompañan de los beneficios del Capitalismo. Las campañas demagógicas estilo María Corina: “Capitalismo popular”, no generan dividendos electorales. Vuelve la demagogia adeco-copeyana aliada con la burguesía nacional revestida de “progreso”. Nuevamente para esa campaña todos somos hermanos, educación, salud y seguridad para todos, Capriles regala materiales de construcción para mejorar los ranchos. Salta charcos en los pueblos y barriadas populares, mientras promete resolver todos, todos, todos los problemas inmediatamente llegue a la Presidencia, y cual si fuera el genio de la botella: multiplicará panes y peces, habrá más puestos de trabajo que habitantes, etc. No obstante, de ese cuento ya tenemos un rollo, y los ojos, que siempre delatan el alma, dejan ver en el rostro de Capriles el viejo camino de la traición, de la desesperanza, de la mentira, de las promesas incumplidas.

Estamos seguros de que la estrategia demagógica no pasará, no volverán. Sin embargo, no podemos dejar de advertir que esta vez la burguesía juega con fuego y se puede quemar, no es el mismo pueblo indefenso del 89. Este pueblo no retrocederá ni un milímetro del poder y de los beneficios conquistados. Si vienen por los votos, no les alcanzarán. Si vienen por la trampa y el engaño, se arrepentirán.

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Miguel Saavedra


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