La
Revolución Bolivariana tiene a un hombre frontal, decidido, polémico y
mediático a la cabeza, el presidente Hugo Rafael Chávez Frías. El
barinés, con sus aciertos y desaciertos, llamado cariñosamente por una
gran mayoría de sus conciudadanos como “El Comandante”, se ha convertido
en un líder de renombre nacional e internacional por la autenticidad de
sus posturas, en las que se destacan una defensa aguerrida de los
valores del socialismo, de su vigencia y aplicabilidad razonables en los
tiempos actuales para contrarrestar los efectos de un capitalismo cada
vez más inhumano. Para terminar de pasar rápidamente las páginas de la
compleja y carismática personalidad de Chávez, la cual es un acertijo
irresoluble para sus adversarios, vale ratificar su condición de
venezolano nato, profundo conocedor del país y de su gente, además de
una extraordinaria e incuestionable capacidad de trabajo que desborda a
algunos de sus principales colaboradores, quienes se han quedado
incluso atrás, ante el proceso revolucionario que se vive
vertiginosamente en Venezuela.
La denominada Mesa de la Unidad Democrática (MUD), que constituye la plataforma partidista de la oposición, es una mezcla heterogénea de partidos y de dirigentes en la que nadie termina de ponerse de acuerdo, lo único que los une es el objetivo ciego de acabar con Chávez y su mandato presidencial. Esta oposición acéfala no tiene un criterio claro, ni siquiera una estrategia mínimamente efectiva para enfrentar la unidad monolítica del (PSUV), que es la fuerza política más organizada del país y en la que cada militante trabaja sistemáticamente en diferentes escenarios sociales para defender, difundir, sustentar y profundizar el proceso revolucionario liderado por el Comandante de la Revolución Bolivariana, Presidente de la República Bolivariana de Venezuela y Presidente del PSUV.