En la Misión Robinson te enamoran para que estudies

Credito: Archivo MinCI

Caracas, 09 Nov. AVN.- Tras haber sufrido cuatro infartos, Victor Correa no abandonó sus estudios y en septiembre de este año se puso su percha para asistir al acto de graduación de la Misión Robinson que se realizó en el Teatro Municipal, en presencia de estudiantes de todo el país.

Cuando inició en el programa social sabía leer y poseía algunos conocimientos sobre las matemáticas, puesto que anteriormente había recibido clases, pero por diversos factores no había culminado el ciclo básico de educación.

Correa y su compañera de vida desde hace ocho años, Olga Silva, pertenecían al club de abuelo del Inass (Instituto Nacional de Servicios Sociales), ahí se enteraron de la Misión social y se inscribieron.

El primer encuentro con Robinson fue en el 2009. Al principio la experiencia no fue muy agradable, porque Correa refiere que la facilitadora no estaba muy preparada, "pero ella se fue", y comenzaron a recibir clases con Nieves Zambrano, otra facilitadora, en la Tribuna A del Hipódromo, en La Rinconada, al oeste de la ciudad Capital.

"Ella es muy buena", afirma Silva y agrega que la facilitadora "entusiasma a los alumnos para que aprendan y destaquen".

Cuando quedaban dudas le consultaba a Nieves, que vive cerca de su casa, ubicada en el sector El Estanque, en Coche, o investigaban en la biblioteca que está ubicada en el Festival 67 del Centro de Atención Comunitaria Lya Imber de Coronil, en Coche.

Hasta ahora el programa social lleva un millón 756 mil 250 triunfadores que han alcanzado cubrir los seis grados que comprende la educación básica en Venezuela.

En sus inicios, en 2003, la Misión enseñó a leer y a escribir a un millón 482 mil 453 personas, sin distinción de raza, credo, edad, ni color político, por lo que el país fue declarado "territorio libre de analfabetismo", reconocimiento que otorga la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), y que forma parte de las metas del milenio.

Correa y Silva, ya se graduaron y lo que lamentan es que la afección coronaria ahora no le permite hacer muchas cosas, como por ejemplo recorrer Venezuela, pues cuando le dio el primer infarto, a los 82 años estaba preparado para ir a La Blanquilla, una isla ubicada al oeste de Granada, al norte de la isla de Margarita y al noreste de Puerto La Cruz.

Luego de haber pasado por el trago amargo de los cuatro infartos decidió no continuar con sus estudios, y a pesar de que casi no sale se sigue levantando a las 5 de la mañana y ayuda con algunos quehaceres del hogar.

Aprendizaje en tres fases

El método de estudios de la Misión Robinson se divide en tres fases. La primera consiste en alfabetizar a las personas, enseñándolas a leer y a escribir; la segunda, busca que las personas alcancen el ciclo educativo básico (hasta 6to grado); y la tercera da la opción de que los participantes asistan a los círculos de lecturas para mantenerse activos con las enseñanzas adquiridas durantes las fases anteriores.

Para muchas personas la palabra pupitre era sólo un sueño, sólo habían escuchado hablar de ella, pero no habian tenido la oportunidad de sentarse en uno de esos asientos para recibir clases.

Desde que inició la misión, en octubre de 2003, esa realidad cambió, ahora la edad no es un impedimento para culminar el ciclo básico a través de la Misión Robinson, continua hasta la educación media (Misión Ribas) y estudiar una carrera universitaria en la Misión Sucre.

Del millón 756 mil 250 personas que ha graduado la Misión Robinson, 39 mil 428 pertenecen a las comunidades indígenas, 7.249 son personas con discapacidad, 1.442 privados de libertad y 7.252 venezolanos pertenecientes a las Unidades de Producción Socialista (UPS), de acuerdo con cifras ofrecidas por la directora general de la Misión, Marisol Calzadilla.

"Es una cosa hermosísima ver como luchan los facilitadores para que la gente se incorpore. Ellos (los maestros) te buscan en tu casa, te convencen y te enamoran para que estudies", expresó Calzadilla.

En la actualidad, son 33 mil 757 facilitadores voluntarios que ofrecen sus conocimientos a las 246 mil 607 personas que se encuentran en sus aulas de clases.

Con la Misión gané muchos hijos

Carmen Brito es facilitadora de sexto grado en la Misión Robinson, y acude todos los días con alegría y entusiasmo a dar clases, aunque sus ojos se inundan de pesar cuando refiere que tiene una hija hospitalizada en el Vargas de Caracas, a causa de un cáncer en estado avanzado, aunque señala que las tristezas se alejan cuando llega al salón.

Ella da clases en la Unidad Escolar Nacional Bolivariana Gran Colombia, ubicada en la urbanización Prado de María, en la parroquia Santa Rosalía de Caracas. Esta gran estructura cuenta con calles internas y no sólo funciona la Misión Robinson, sino que también confluyen la Ribas y la Sucre. Además su espacio interno alberga durante el día un simoncito, educación básica y media.

Señala que la supervisora hace mucha promoción en las comunidades. "La gente se acerca hasta la escuela, y se le hace una prueba diagnóstica para ubicarlos en el grado que corresponde".

La facilitadora da clases de Inglés, lenguaje, informática y matemáticas, y señala que le gusta mandar a hacer exposiciones porque de esa manera los estudiantes aprenden y retienen más rápido la información.Brito dice que más que ser profesora prefiere ser la consejera, "porque si ellos se sienten en confianza se te acercan y te dicen profesora, yo no entiendo esto", lo que le permite repetir la información hasta que quede clara. Con la Misión "Me gané un poco de hijos, un poco de amigos".

No hay un número fijo de alumnos por salón, de hecho rondan entre los 6 y los 15 alumnos. En esta escuela hay cuatro facilitadores, y Amarilys Aguilar una de ellas. Es educadora egresada de la Misión Sucre en esta misma unidad educativa, y a pesar de que tiene seis meses dando clases en el "ambiente" Andrés Bello, refiere que dando clases en la misión se ha fortalecido.

Señala que tiene seis alumnos y el mayor de ellos alcanza los 46 años. Al principio le daba pena por la diferencia de edad, porque el menor del grupo tiene 14 años, pero la facilitadora dice que es un "coco" (brillante) en matemáticas.

Aguilar solicita mayor presencia de los supervisores de la misión; así como alumbrado y vigilancia para la zona.

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La fuente original de este documento es:
Agencia Venezolana de Noticias (AVN) (http://www.avn.info.ve)



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