Ayudando a gobernar

Misión bombillo (I)

AYUDANDO A GOBERNAR


MISIÓN BOMBILLO (I)

LUIS E. RANGEL M.*

Ese fue el nombre dado a la Misión Revolución Energética –antes de que el gobierno la denominara así – y coincidió con el inicio de una operación que justifica el nombre que intitula este escrito, por lo cual se decidió mantenerlo; además, se presenta un conjunto de sugerencias que pudieran no estar incluidas –pero, se sugiere su inclusión– en la misión gubernamental. Más importante aún, la Misión Bombillo pudiera ser una sub-misión, puesto que se refiere específicamente a la energía eléctrica.

El bombillo es el objeto-imagen más representativo de la electricidad, ya que al verlo iluminar se establece inmediatamente que todas las cosas están bien; caso contrario ocurre si, al accionar el interruptor, no enciende, pues invade la preocupación de que haya podido ocurrir otra interrupción del servicio, a las cuales no es posible acostumbrarse. El bombillo también es un símbolo de las buenas ideas; se aspira pueda serle aplicado a éstas.

Desarrollar una campaña de ahorro de energía, en cualquier país del mundo, es un proceso complejo que resulta muchísimo más difícil que simplemente sustituir bombillos –lo cual tampoco resulta sencillo, por la logística que es necesario aplicar; pero, constituye un ritual de iniciación hacia objetivos más complejos.

En esta Misión se observan cuatro problemas inmediatos: primero, la tecnología de fabricación del bombillo de “luz fría” lo hace débil frente a valores de tensión de servicio muy por debajo de su valor nominal, reduciendo sensiblemente su vida útil – puesto que la falta de generación provoca tensiones muy bajas, la solución podría transformarse en un problema–; segundo, el nivel de distorsión eléctrica, producido por el dispositivo de encendido, pudiera estar fuera de los rangos admitidos por las normas técnicas internacionales, y ocasionar graves complicaciones en el sistema interconectado; tercero, su elevado costo comparativo, podría desalentar su sustitución por parte del usuario común; cuarto, el costo de la Misión sobrepasa con creces al financiamiento requerido para concluir la Tercera Etapa del Proyecto Uribante-Caparo, cuyo retraso –mayor de tres años– se debe, supuestamente, a la falta de aquél, y al concluirse aportaría más de 750 MW al sistema interconectado, constituyendo una solución más práctica.

Otro factor que resulta contradictorio, es que la actual política económica les permite a muchos venezolanos mayor disposición de recursos para la adquisición de electrodomésticos, que incrementan el consumo de energía muy por encima del de la iluminación.

No tardarán “las aves de mal agüero” en “graznar” sus ataques señalando “la incapacidad de este gobierno” de satisfacer las necesidades básicas de la población; pretendiendo olvidar quiénes son los culpables del estado crítico en que se encontraron las empresas eléctricas estatales, al iniciarse este período presidencial, y la imposibilidad de equiparlas adecuadamente en cuatro años efectivos de gobierno.

Cinco son los elementos primordiales que, se consideran, son necesarios involucrar en la “Misión Bombillo”; en primer lugar, el usuario –quien recibe el servicio– y la empresa eléctrica –que suministra el servicio–. Luego, el Ministerio de Ciencia y Tecnología (MCT); los industriales nacionales productores de materiales y equipos para este sector, y los profesionales del área en la elaboración de proyectos. Todos estos elementos son de tal importancia, que resultaría imposible pretender establecer alguna prioridad.

Al consolidar las normas técnicas propias, se fortalecen, a su vez, las bases del desarrollo de una tecnología adecuada al medio, la cual redundará en un mejoramiento sustancial de procedimientos de fabricación nacional de materiales y equipos; pero, para ello es necesario que los profesionales traten de establecer cuánto de verdad técnica existe en los métodos de diseño y montaje de instalaciones eléctricas, que durante años se han aplicado en nuestro país.

Para muestra “un bombillo”, como es el caso de las “micro industrias” que utilizan motores eléctricos trifásicos de bajo consumo, para las cuales es necesario instalar un banco de transformadores de 3x10 kva –quizás muy por encima del requerimiento real de la pequeña empresa– porque en el país no existen de menor capacidad; tampoco se fabrica un transformador trifásico pequeño (menor, y/o igual a 10 kva), adecuado para este tipo de servicio. Esto determina que el usuario deba realizar una inversión más elevada para obtener el servicio; en contradicción con la política económica del actual gobierno, que es disminuir los costos de producción de bienes y servicios.

De fabricarse en el país un transformador trifásico de características similares a las propuestas, podría ser usado por pequeños comercios y residencias particulares de alto consumo. Además de los beneficios ya señalados, las empresas distribuidoras tendrían la ventaja de mejorar el equilibrio eléctrico de sus líneas de distribución, disminuyendo las perdidas por el neutro y mejorando la calidad de servicio, como lo exige la Gaceta Oficial respectiva. Un rápido examen de la base de datos de los usuarios de cada distribuidora, permitiría establecer el número de potenciales demandantes del equipo, para determinar la posibilidad de su fabricación.

Lo anterior pudiera no ser significativo en un caso particular; pero si se piensa en los miles de bancos de transformación instalados en el país, los cuales operan muy por debajo de su capacidad nominal, aun cuando requieren de la misma corriente mínima operativa –si bien no se encuentren brindando servicio, es necesario mantenerlos conectados para evitar su daño– la energía total “desperdiciada” debería constituir otro motivo de preocupación, como el consumo por iluminación; además del hecho de que ellos representan una elevadísima inversión que no rinde los beneficios esperados. (Sigue)

(*)Ingeniero Electricista

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Luis E. Rangel M.(*)


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