Releyendo a Erich Fromm

A propósito de los 8.152 Médicos Integrales Comunitarios y de aquellos que no lo son

“Queridos y queridas médicos y médicas integrales comunitarios, el pueblo venezolano los recibe con los brazos abiertos porque está seguro que ustedes serán los médicos del pueblo y de la Patria”.

Yadira Córdova,  Ministra del Poder Popular para la Educación Universitaria

    Este viernes 30 de marzo se completó la primera promoción de Médicos Integrales Comunitarios, constituida por 8.152 nuevos médicos y médicas en todo el territorio nacional, por lo que me parece oportuno tener presente algunas ideas de Erich Fromm, quien fue un destacado psicólogo social, psicoanalista y humanista alemán, un crítico a la sociedad de consumo capitalista y uno de los principales renovadores de la teoría y práctica psicoanalítica a mediados del siglo XX.

     Fromm, en su libro la Condición Humana Actual (1991) hace referencia a la diferencia que existe entre conocer cosas y conocer al hombre y nos dice: Puedo estudiar un cadáver o estudiar un órgano, y es una cosa. Puedo usar mi intelecto y, por supuesto, también mis ojos, como asimismo mis máquinas y aparatos, para proceder al estudio de esta cosa. Pero si deseo conocer a un hombre, no puedo estudiarlo de este modo. Puedo intentarlo, naturalmente, y luego escribiré algo sobre la frecuencia de tal o cual conducta y sobre la proporción de de tal o cual característica. Gran parte de la ciencia de la psicología se relaciona con ello, pero de este modo trato al hombre como una cosa. Sin embargo, el problema al que se dedican psiquiatras y psicoanalistas, y aquel que tendría que preocuparnos a todos -comprender a nuestro prójimo y a nosotros mismos- es el de comprender a un ser humano que no es una cosa. Y  el proceso de esa comprensión no puede ser efectuado apelando al mismo método con el que se alcanza el conocimiento en las ciencias naturales. El conocimiento del hombre es posible sólo en el proceso de relacionarnos con él.  Sólo si me relaciono con el hombre a quien deseo conocer, sólo en el proceso de relacionarnos con otro ser humano, podremos saber verdaderamente algo el uno del otro. El conocimiento esencial acerca de otro ser humano no puede ser expresado con pensamientos o palabras, así como no podemos explicarle a alguien qué gusto tiene el vino del Rin. La explicación podría durar cien años y jamás llegaríamos a explicar qué gusto tiene ese vino. Sólo bebiéndolo se lo podrá conocer. Y tampoco podemos agotar nunca la descripción de una personalidad, de un ser humano en su plena individualidad; pero si la podemos conocer en un acto de empatía, en un acto de experiencia total, en un acto de amor.

…Por lo tanto, es necesario que al paciente se lo vea como un ser humano y no sólo como “esa enfermedad”. Un médico se ejercita en la actitud científica, en la que observa, así como se observa en las ciencias naturales. Pero si desea comprender a su paciente, y no tratarlo como una cosa, debe sin embargo aprender otra actitud que es propia de la ciencia del hombre: la de relacionarse con los demás como un ser humano con otro, con cabal concentración y profunda sinceridad. De lo contrario, todos los slogans acerca de ver al paciente como a una persona no serán más que palabras vacías.

    Una actitud contraria a lo que tan humanamente plantea Fromm sobre la práctica del médico, sin duda pondrá en evidencia el objetivo de la formación de los médicos integrales, ofrecer una atención médica con una visión humanista con especial énfasis en los sectores populares.

   Pongo toda mi fe en que cada día los hoy médicos integrales comunitarios tengan presente el objetivo de su formación y puedan ser modelos a copiar, para quienes no son médicos integrales comunitarios.

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