La gran Misión Agro Venezuela y la concresión del Socialismo

Las misiones nacen en una revolución para trascender lo viejo, arcaico y construir lo nuevo, ahora bien, lo nuevo no está anotado en un librito de recetas, lo nuevo forma parte de la “creación heroica” de un colectivo, de una sociedad, de un pueblo. En este marco surge la Gran Misión Agro Venezuela, no obstante, como es de suponer, quienes tenemos el reto enfrente, no formamos parte de una raza extraterrestre, somos los mismos que hemos sido molidos por el capitalismo en su plan de desmontaje del modelo agrícola venezolano, basados en la premisa de: Venezuela, país productor de petróleo, dependiente de la renta petrolera, en la lógica capitalista esto representa que somos un país condenado a vivir de la misma, y dicha renta genera dólares que son una oportunidad para usarlos y hacer negocios, convirtiendo, tal cual lo hace el capitalismo, los alimentos en una mercancía más, como cualquier otra, El capitalismo está condenado a esta situación antinatura, algo esencial para la vida como los alimentos, para el capitalismo no es otra cosa sino una mercancía más.

Para muestra burguesía nacional, una burguesía altamente parasitaria, el tema de proponerse un modelo nacional agrícola no le fue tan rentable cómo agarrar un puñado de dólares, traer alimentos de afuera, e implantar la agricultura de puertos, tal cual en alguna oportunidad un ministro de agricultura de la cuarta república pomposamente afirmó, hecho que hoy no recuerdan los dirigentes opositores y demagógicamente hablan de "recuperar la agricultura", claro, ellos aspiran recuperarla para sus negocios, para que sus operadores comerciales acumulen grandes cantidades de dinero producto de las operaciones de importación y especulación.

Como podemos ver, la revolución bolivariana encontró la agricultura venezolana en el piso, esto aunado al carácter excluyente del sistema capitalista, hicieron la fórmula perfecta para condenar al productor, al que realmente trabaja, en un esclavo dependiente de los vaivenes de la errada política agrícola nacional del capitalismo cuartorepublicano. A esto debemos sumarle el desequilibrio causado por el éxodo campesino hacia el “dorado” petrolero, dorado para la burguesía y el imperio dominante, un verdadero infierno para quien pasó a formar parte de los cinturones de miseria de las grandes ciudades. Para la burguesía eso fue lo ideal, se creaba en las grandes ciudades una cantera de mano de obra barata, se alejaba de las tentaciones guerrilleras de quienes cuan quijotes en la década de los sesenta se atrevieron a soñar con la construcción del socialismo, sueño que hoy persiste y que nos empeñamos en seguir con fuerza, bajo la conducción del comandante Chávez.

Obviamente que las secuelas están hoy a la vista; millones de personas colgadas a los cerros, esperanzados por la revolución de obtener algún día el buen vivir, pero que la burguesía, la misma que hoy en el torneo electoral se esmera en ofrecer hasta lo imposible, en aquel entonces, cuando controlaban todo el estamento político, fueron incapaces de hacer absolutamente nada. Claro está que en el marco del capitalismo no se pueden resolver los problemas de la división de clases, sin embargo, hay países en el sur, donde, a pesar de tener un desarrollo capitalista, éste mismo hecho generó la consolidación de una burguesía nacional que al menos tuvo la osadía de ensayar métodos propios, la burguesía nuestra no llegó a tanto, de allí que el término escoria, acuñado por el ministro Giordanni, encaja perfectamente al analizar lo que es la burguesía nacional. Total que la agricultura no pudo escapar a estos embates y el resultado es verdaderamente catastrófico, fueron evidentes en la cuarta república en donde la desidia y la esclusión se hizo presente en todo momento. En este contexto, viniendo de esas tinieblas, nace la Gran Misión Agro Venezuela en pleno apogeo revolucionario; los resultados de la misma, si hacemos comparaciones con periodos anteriores, nos indica un salto en áreas muy golpeadas como: Financiamiento, vialidad, organización social, comercialización, asistencia técnica, insumos, sanidad animal, etcétera.

En estas áreas, quien niegue el impacto de la Gran Misión en pocos meses, es un neófito, o en el peor de los casos un mal intencionado, tal cual es el caso de la oposición, sin embargo, una de las cosas que realmente me preocupa es que desde hace unos meses hasta acá, la burguesía dejó a un lado los ataques a la Gran Misión y hoy casi ni la nombra, eso de por si genera suspicacia, lo primero que nos preguntamos es: ¿Qué estamos haciendo mal?… Al principio, la oligarquía, que secuestró y monopolizó la poca agricultura existente en el país, pegó el grito al cielo, no obstante, ese detalle, el silencio mantenido en algún tiempo, a mí particularmente me da una mala espina y me lleva a pensar y escribir estas líneas.

Ciertamente que la causa del silencio oligarca, y las reacciones de esta oligarquía, extremadamente alérgica a los cambios, nos indica si vamos por buen o mal camino, quizás no hemos cubierto la expectativa del llamado, pero llama poderosamente la atención ese silencio oligarca en torno a la GMAV. Ciertamente que la masa campesina es mayoritariamente chavista, no obstante, para la burguesía ya el tema de los votos tampoco representa mucho, saben que pierden cualquier medición electoral con Chávez. Ellos se vanaglorian de unos resultados en las elecciones parlamentarias, elecciones muy distantes de parecerse siquiera a una confrontación donde el pueblo sale, con o sin maquinaria, a defender a su líder, ellos lo saben y por eso también saben que la masa campesina no solo es el objeto de esta Gran Misión, el verdadero temor de la oligarquía es a que los AgroVenezolanos construyamos un modelo agrícola socialista, que convierta a los alimentos, no en mercancía, sino en vienes para la vida.

El objeto central de esta gran misión es superar al sistema capitalista, derrumbarlo e instalar el modelo agrícola socialista, se dice fácil, pero es menester pensarlo, prefigurarlo y estudiarlo al detalle, de lo contrario estamos corriendo el riesgo de marchar hacia la reversión hacia el capitalismo. Por supuesto que “deseos no empreñan”, sin embargo, la misma lógica del viejo estado burgués aún posee fuerza, no es inderrotable, pero sigue teniendo mucha fuerza. La cultura capitalista incrustada hasta los tuétanos nos hace el camino tortuoso, difícil, complejo, pero como decía Chimiro…”el camino es largo y tortuoso, pero es el camino”, y en a senda se nos va la vida, en construir el modelo socialista.

En contactos y debates producto de mi experiencia en Trujillo con el movimiento de Agro Venezolanos, (Voceros de los agrovenezolanos elegidos cómo delegados por cada parroquia), deduzco que el problema es mucho más de fondo que la acción de tal o cual funcionario, que tampoco podemos eximirlo de culpas, sin embargo, el tema va mucho más allá; es el sistema, el modelo, la cultura, la tradición, la costumbre y un conjunto de factores que inciden de manera directa e indirecta en la lentitud de algunas cosas. La idea de estas reflexiones es intentar ahondar un poco en el marco de la confrontación de dos modelos. La conclusión es de Perogrullo, no obstante, al no existir claridad ideológica, podemos confundirnos y perdernos del objetivo estratégico.

La Gran Misión Agro Venezuela es la punta de lanza para lograr el objetivo estratégico: la construcción del modelo agrícola socialista, sin embargo, si no tenemos claro y definido este objetivo estratégico, seremos presa fácil de caer en las desviaciones capitalistas, es allí donde la burguesía celebra y comienza a ver “con buenos ojos” a la GMAV. Precisamente es en ese momento cuando los revolucionarios debemos pararnos frente al espejo y revisar a fondo el tema y preguntarnos ¿Por qué está tan callada esta burguesía agraria? ¿Por qué los “adalides” de Fedenaga y todos esos sectores ultra reaccionarios están tan calladitos?... ¡Algo debemos estar haciendo mal!

LA GMAV: PRODUCCION Y CONSUMO.

Un modelo agrícola socialista debe analizar el tema rompiendo paradigmas, un modelo agrícola socialista no solo consiste en financiar y prestar asistencia técnica, recoger la producción y venderla. Un modelo agrícola socialista debe estar profundamente consustanciado con todo el entorno que el ser social tiene frente sí, es decir, no podemos excluir de la misión la propuesta del buen vivir, punta de lanza de nuestro socialismo. Hacerle el seguimiento a unos productos vitales como son los distintos rubros agrícolas que se producen, desde que se producen hasta que son consumidos, ubicar dichos rubros no como mercancías sino como productos vitales, todo esto forma parte de la consolidación del modelo agrícola socialista, en pocas palabras, se trata de estudiar un modelo que implante la nueva hegemonía, la hegemonía de la vida por sobre la hegemonía capitalista de la esclusión y la discriminición social. No se trata solo de elevar la producción agrícola, esto es vital, hay que hacerlo, pero además garantizar que esa producción agrícola no se convierta en una razón más de fortaleza del sistema capitalista; es tarea de todos y todas los revolucionarios y revolucionarias de este país empujar hacia la construcción de un nuevo modelo agrícola basado en los principios socialistas.

Ahora bien, esto no solo es responsabilidad del estado revolucionario, es responsabilidad también de los productores organizados en organizaciones revolucionarias, no se trata solo de organizarse por organizarse, organizarse solo para una elección y captar unos votos, eso es lo que quiere la burguesía; se trata de organizarnos para asumir el poder, articular las redes y los vasos comunicantes entre quienes producen y quienes consumen a través de las comunas, los consejos campesinos, las REPLAS, etcétera etcétera; se trata de ir más allá de lo común, de lo previamente establecido, de la lógica hegemónica capitalista y trascender hacia el socialismo en etapa de construcción… hay quienes dirán que es pronto, que es una propuesta extemporánea, para usar un eufemismo pequeño burgués, no obstante, también preguntamos ¿Cuándo es el momento?

¡Esperamos!... como dice el comandante Chávez, “si no le damos materia a este espíritu que anda por allí rondando, en los aires, pues se va”. Esto es algo muy cierto, es el momento de deshacernos de toda una cultura de dominación imperialista, sacudirnos de la metodología positivista y ubicar las cosas en el contexto de la lucha de clases, además de una lucha de clases que es contra el imperio, es global, es mundial y que cada día se recrudece más y más.

Asimismo, Venezuela está hoy en el epicentro del universo, la Cuba revolucionaria por ser un faro ideológico y la Venezuela de hoy por tener el peso geoestratégico necesario para convertir todas estas iniciativas revolucionarias en un potencial indetenible, que se haga poder, y que los pueblos asciendan a el, implantando un nuevo modelo socialista. La herencia histórica de un Bolívar, Sucre, entre otros tantos libertarios; más cercanos Argimiro, Fabricio, entre muchos más, quienes no solo se quedaron en palabras, fueron a los hechos, emprendieron revoluciones, y en medio de sus circunstancias sembraron una semilla que está brotando pordoquier. En nuestros huesos están los genes de quienes cruzaron los Andes con Bolívar, subieron a las montañas con Fabricio, Américo y Argimiro y quienes hace 20 años se lanzaron a la quijotada del 4F. Razón tiene el imperio en temernos, entonces…¿No vamos a poder acelerar la construcción de un modelo agrícola socialista? Son preguntas que nos debe acicatear todos los días a quienes como pueblo, como estado, como institucion, como partido, tenemos alguna responsabilidad en esta batalla.

Hoy más que nunca debemos tener claro lo inherente a los ámbitos de Propiedad, Producción, Distribución y Consumo...No es una herejía plantearse nuevas cosas, ensayar, articular y engranar a la sociedad en nuevas relaciones a partir de algo que todos necesitamos, alimentos, y que no podemos soslayar el consumo de los mismos, para que ellos sirvan de elemento articulador entre la ciudad y el campo, entre los productores y los consumidores, para con ello establecer grandes redes capaces de imponer, junto al estado revolucionario y el poder popular, bajo su coordinación y orientación, una nueva forma de interrelación entre productores y consumidores.

La GMAV no se puede limitar a unas cifras, debe recibir el calor de un pueblo...Llegó el momento de abrir las puertas para el debate sano y fecundo, la discusión productiva. De esa manera se echará por tierra las visiones cerradas, se iniciará en cada estado, en cada municipio, en cada parrroquia el diseño de planes que entrelacen, primero los ditintos caseríos donde se produce y luego lo demás. Dichas redes deben generar un mapa que nos permita mantener científicamente un control popular de los alimentos agrícolas que producimos. El estado será un constante orientador, así como hará todo lo necesario en el aporte tecnológico y científico para que los productos de nuestros campesinos sean fuente de vida y no fuente de generación de falsa riqueza, porque la riqueza capitalista se sustenta en la pobreza de todo un pueblo, en la exclusión de las mayorías del sustento de sus necesidades.

La GMAV nos deja en estos primeros meses de su nacimiento un balance bastante importante en lo organizativo, si bien es cierto que hoy todo se centra en lo financiero, la vialidad y el insumo, lo más importante es que se inicie la profundización revolucionaria de una doctrina agraria socialista nacional que abarque todos los ámbitos; se tráta de incorporar a toda la sociedad, de manera articulada como actor del diseño de su mecanismo para la producción y el consumo de alimentos, ese es un tema de mucho debate, pero que no se debe seguir postergando...!!!


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