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En diciocho meses, el canal pasó de dos a veinte horas diarias de transmisión "en una marcha forzada y alegre". Deronne se posiciona claramente en un discurso militante en pos de la multiplicación de voces y palabras. Desde allí cuenta a momarandu que la experiencia, "no sólo es una respuesta al neoliberalismo destructor del servicio público de la televisión y a la dictadura mediática que seguimos sufriendo en Venezuela (90 % del espectro radioeléctrico y 100 % en ciertas regiones estan en manos de canales comerciales), sino también y sobre todo un vehículo del protagonismo popular. Es hija del protagonismo y de la participación que caracterizan la nueva Constitución", señala.
Todavía más contundente dice: "El pueblo venezolano con todas sus organizaciones, sus comités de tierra, sus movimientos campesinos, sus trabajadores y creadores, rescata así un espacio que siempre le perteneció y que el capitalismo le había arrebatado históricamente.
Alrededor de 280 trabajadores son los que trabajan en Vive. Para quienes no están diplomados en comunicación o periodismo existen "mecanismos de formación y de movimiento interno sobre prácticas y conceptos de una televisión pública que permiten a los trabajadores que no han podido estudiar en una universidad, participar en la producción y elaboración misma de los programas".
Deronne explica que el canal depende del Ministerio de Información y que se intenta dar a conocer el trabajo del Estado en sus distintos ámbitos. Pero inmediatamente aclara: "No vivimos la presión que sufren los medios estatales o comerciales en casi todos los países del mundo. Sencillamente porque además de la voluntad del presidente Chavez de ver desarrollarse la crítica como motor revolucionario, la nueva Constitución nos pide ser voz de la comunidad sin filtrarla o manipularla, sin hacer decir a la gente lo que queremos que diga".
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