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07 de diciembre 2009.- Millones de imágenes, audios, datos e informaciones brotan de los
llamados "mass media" en todo el planeta. Cada uno de esos mensajes
lleva una carga de intenciones, de elementos persuasivos e ideológicos,
que en su mayoría son reflejos de una forma especifica de concebir al
mundo y al sistema económico, político y social dominante.
Para el mexicano Fernando Buen Abad Domínguez, filósofo, especialista
en comunicación social, escritor y profesor universitario, toda la
estructura de las corporaciones mediáticas responde a la lógica
capitalista. Opina que para superar esa realidad actual es necesaria
una especie de guerrilla comunicacional mundial unida, la cual enfrente
de manera efectiva el discurso de los grandes grupos de poderes
internacionales.
Buen Abad, en entrevista exclusiva para LA CUMBRE, responde, vía
Internet, un cuestionario sobre la situación actual de los medios de
comunicación que apoyan y que se oponen a las luchas de los pueblos y
a los cambios en Venezuela, Latinoamérica y el mundo.
—¿Cómo observa el tratamiento mediático internacional sobre las bases estadounidenses en Colombia?
—El
tratamiento mediático de las oligarquías es absolutamente delincuencial
para animar a la barbarie. Las bases militares yanquis les sirven en
varios sentidos, por una parte las tienen por "Alma Mater" golpista y
reserva de moral burguesa para justificar bravuconerías y magnicidios;
por otra parte les sirve como ariete para tergiversar la historia y
presentar a Venezuela, y al presidente Chávez, como emblemas bélicos y
amenaza "comunista". Sus perspectivas son monstruosas, se comportan de
manera obscenamente complaciente y a estas horas gustan de omitir, a
toda costa, cualquier referencia sobre el calibre intervencionista que
incuba el plan perverso pergeñado por Uribe y sus amos.
Los medios de las oligarquías (CNN, FOX, el "consenso" de Miami, Prisa,
Televisa, Globovisión, O´globo, Caracol, Clarín, Mercurio y todos sus
séquitos) despliegan su ofensiva terrorista, también, con el silencio.
No sólo agreden mediáticamente para distorsionar y criminalizar...
también operan para invisibilizar. Abonan todo lo que pueden, minuto a
minuto, para ridiculizar toda iniciativa democrática y desde luego se
esmeran en "preparar el terreno" para intervenir con golpes militares,
asesinatos y desestabilizaciones al estilo "antiguo" o al estilo new
age. Como en Honduras.
Desde otra perspectiva, es decir desde la perspectiva revolucionaria,
los medios alternativos y comunitarios con vocación transformadora
genuina, que crecen en todo el continente, van (desde un punto de vista
organizativo y programático) un tanto a la zaga del escenario
geopolítico que se configura ahora con la presencia, y las amenazas
implícitas y explícitas, de las bases militares yanquis en Colombia.
Creo que necesitamos construir un acuerdo de lucha comunicacional que
eleve continentalmente un clamor de repudio, cotidiano, sistemático y
permanente, en cada pueblo, organización social, sindicato, escuela,
oficina... en cada casa. Necesitamos un plan de lucha por la paz y en
contra de toda mentira. Un plan de lucha que desmonte cada frase y cada
acción de la ofensiva yanqui y que, además, haga sonar a los cuatro
vientos el malestar de un continente entero en contra de los proyectos
criminales del imperio. Necesitamos levantar una protesta histórica e
inmensa, un reclamo y un mensaje capaz de alzar la voz y la dignidad de
nuestro pasado de luchas, de nuestro presente y de nuestro futuro sin
amos, sin terratenientes, sin banqueros, sin clérigos y sin terrorismo
mediático. Ya basta.
—¿Qué papel juegan los medios independientes hoy en día en la construcción de un mundo mejor?
—Su
papel es de relevancia vital. Es esta la hora de dar un salto
cualitativo enorme que se exprese en la unidad y en la integración. Es
esta la hora de tomar conciencia de nuestras fuerzas y la hora de
sincronizar ideas y acciones directas en cada transmisión, en cada
página en cada minuto y en cada frase. No se trata de uniformar
pensamientos o de uniformar acciones, se trata de unirlos. En la agenda
de cada radiodifusora, de cada televisora, de cada medio impreso
debiéramos poner por prioridad la denuncia y la batalla de las ideas
para la emancipación. Abandonar, pues, de una vez por todas los
sectarismos y los recelos y darnos a la tarea de comprender el calibre
de la amenaza yanqui que ha pactado con Uribe un plan criminal contra
el pueblo colombiano y contra todos los pueblos de Latinoamérica.
Necesitamos de toda la voluntad y toda la capacidad organizativa de que
dispongamos, necesitamos el talento y la creatividad, necesitamos la
audacia y la astucia. Necesitamos ganar la guerra simbólica y
necesitamos fortalecer inmensamente la moral emancipadora desde todos
los frentes. Y lo necesitamos ya, a cada minuto. Es ese el papel de los
medios comprometidos con otro mundo mejor que es posible y que es
urgente. A estas horas las vacilaciones son inútiles y son peligrosas.
La clave el la unidad y el desarrollo, cualitativo y cuantitativo de
nuestras fuerzas comunicacionales, que no son pocas pero que atomizadas
son peligrosamente débiles; es decir la desorganización es una
debilidad muy peligrosa. Hay que multiplicar e integrar los foros ya
existentes y hacer nacer los que necesitemos. Hay que afinar la
autocrítica, hacerla útil y convertirla en proyectos organizativos
continentales. Cada día y a toda hora. Como se pueda y con lo que se
tenga. Hay que impulsar una gran Corriente Latinoamericana de la
Comunicación para la emancipación.
—¿Cuáles serían las mayores fallas del movimiento mundial de medios de comunicación independientes y revolucionarios que no permiten una mayor coordinación?
—Al lado de la desorganización y del sectarismo las fallas son muchas
y, a pesar de todo, también los aciertos. Hay que hacer autocrítica
dialéctica si no, no sirve. Creo que nos falla la capacidad de
consensuar diagnósticos. Aunque en apariencia existe un marco amplio de
coincidencias generales, nos es fundamental coincidir con los métodos
de análisis y con algunos de los resultados más concretos pero
organizadamente. Por ejemplo: No es lo mismo que coincidan nuestras
cifras, respecto a la debacle ocasionada por el capitalismo, que estar
completamente convencidos de que debemos luchar, con fuerzas
democráticas, por su superación inmediata. No es lo mismo que
detestemos el modelo de acumulación burguesa, de las herramientas de
producción comunicacional y de la propiedad privada, a identificar en
nuestras propias cabezas los estragos alienantes que el capitalismo ha
sembrado, en todos nosotros, por revolucionarios que nos sintamos. No
es lo mismo que nos auto-critiquemos, fraternalmente y coincidamos,
incluso, en las autocríticas, a estar dispuestos a levantar,
concretamente, las banderas de las luchas obreras y campesinas más
avanzadas como nuestro orientador principal y nuestro lugar esencial
para la militancia como revolucionarios de la comunicación.
No es lo mismo reconocer nuestras debilidades o necesidades en materia
de educación revolucionaria para la comunicación a establecer una lucha
teórico-metodológica contra las matrices ideológicas que nos han
formado en estos campos y las ideas burguesas, que se nos han
infiltrado sin enterarnos. En fin, no es lo mismo anhelar la superación
del capitalismo que pasar a la acción comunicacional socialista. (En
escenarios con situación revolucionaria y en escenarios absolutamente
controlados por los enemigos de clase). No es lo mismo un medio
alternativo y comunitario honesto que uno que se disfraza de eso para
operar como comerciante de espaldas a las luchas de los trabajadores.
No es lo mismo el "socialismo" en abstracto, puramente teórico, que
emprender el camino hacia el socialismo científico. Y creo que en esos
terrenos y muchos otros como el de la estética revolucionaria, la
poesía de la lucha, la visibilidad de nuestras conquistas y el
entrenamiento objetivo de la moral y la felicidad revolucionaria hay
aún mucho por hacer, desde nosotros y para nosotros, permanentemente.
—¿Es necesario que el periodismo comprometido con los pueblos sea crítico y autocrítico?
—Es
absolutamente necesario y sólo nos será útil, en verdad, si sabemos
desarrollar una crítica y una autocrítica científicas, sistemáticas y
dialécticas. Que sepamos despegarnos de los modos desesperantes y
"fracturistas" que nos han plagado como métodos intolerantes,
autoritarios y perniciosos.
—¿Usted está impulsando desde hace tiempo la necesidad de una Cumbre Latinoamericana de presidentes para discutir sobre comunicación. ¿Cómo va esa iniciativa?
—Hasta donde yo sé esa iniciativa ha coincidido con la del propio
presidente Chávez quien ha sostenido conversaciones afines con los
presidentes de Ecuador, de Brasil y de Bolivia, entre otros, para
evaluar las posibilidades, los tiempos y las agendas de una iniciativa
con semejante calibre. Sé que hay, día a día, mayor interés por esta
idea y que es preciso garantizar su operatividad concreta dada la
densidad de temas que involucra desde los problemas de atraso y
asimetría tecnológica, los propios de las herramientas jurídicas, las
características pluriculturales de nuestros países y la urgencia de una
revolución educativa en materia comunicacional. En fin, todos esperamos
que, así como se dio una cumbre para debatir en contra de las bases
militares yanquis en Colombia, en la cumbre de Bariloche, así se dé una
en materia de comunicación que es un tema de seguridad nacional
urgente.
—¿Qué le recomendaría a los medios de comunicación venezolanos, que apoyan la revolución bolivariana, para que mejoren su lucha contra las grandes corporaciones de la información?
—En primer lugar que den lugar primordial a la unidad. Recomendaría que
se dispongan francamente a liderar una revolución comunicacional desde
abajo, desde sus propias cabezas y hombro a hombro con las luchas de
los trabajadores. Que contemplen autocríticamente sus programas y que
comprendan con sinceridad y moral revolucionaria la urgencia de un
programa de unidad comunicacional latinoamericana. Que impulsen
talleres de formación, talleres de experimentación y que se entrenen,
en ideas y en acción, para hacer visibles los mejores logros de la
revolución bolivariana. Son miles los aportes de Venezuela en miles de
frentes y es preciso hacerlos visibles. Luchar contra el bloqueo
mediático con todas sus fuerzas, romper los sectarismos que sobreviven
y comprender su papel fundamental en la Batalla de las Ideas. Yo
recomendaría que esos medios que son una vanguardia continental lideren
un frente latinoamericano de la comunicación contra las bases militares
yanquis en Colombia y que impulsen solidariamente el trabajo de todos
los medios honestos en el continente con intercambios, redes y tareas
comunes. Es necesario multiplicar la fuerza de la comunicación
emancipadora y esta es una hora magnífica para avanzar decididamente.
—Usted ha manifestado la importancia de democratizar los medios para garantizar una verdadera libertad de expresión ¿En la práctica, cómo puede concretarse dicha democratización?
—Insisto en que la única "libertad de expresión" verdadera es la que
crece en el seno de la Revolución Socialista. Insisto en que parte de
semejante desafío está la tarea de expropiar democráticamente los
monopolios mediáticos para liberarlos, creativamente, hacia una
comunicación nueva y verdaderamente libre. Insisto en que es primordial
la liberación de todos los cauces expresivos a condición de que sepamos
inventar y sustentar con audacia los nuevos programas comunicacionales
democráticos y para eso nos hace falta mucha preparación, mucho corazón
y mucha responsabilidad social, socialista, impulsada desde las
entrañas mismas de todas las luchas emancipadoras. No se trata de
fabricar fórmulas, se trata de crear un consenso de acciones directas,
lugar por lugar, medio por medio, frase por frase. Sin los empirismos
que tanto daño nos han hecho y sin inventar la realidad sólo en
nuestras cabezas. La democratización de los medios de comunicación
pertenece a un grado avanzado de la organización y de conciencia de
lucha y es preciso que los militantes de la comunicación revolucionaria
asuman la toma de los medios organizadamente y unidos. De otra manera
será imposible.
—Si pudiera personalizar en dos periodistas la buena y mala labor de ese oficio, ¿a quiénes nombraría?
—No
me deja muy satisfecho la idea de personalizar las ofensivas mediáticas
de las oligarquías porque se corre el peligro de reducir el calibre de
una agresión continental al "buen" o "mal" desempeño de un individuo.
Prefiero siempre trabajar en la tarea de poner en evidencia a las
corporaciones (con sus nombres y apellidos) que se alían para financiar
golpes de Estado y magnicidios. Poner en claro que el tamaño de la
ofensiva debe ser medido con relación a los intereses capitalistas y a
los séquitos burgueses que en cada país les sirven de ariete.
Por otra aparte, refiriéndome al papel individual de nuestros camaradas
luchadores por la emancipación comunicacional prefiero siempre entender
su iniciativa personal como responsabilidad socialista heredada o
adquirida en la lucha y siempre en nombre de los movimientos
revolucionarios de los trabajadores. De esta manera se pone en claro
que la batalla no es un a contienda de individualidades buenas o malas,
sino un escenario de lucha de clases.
—¿Cuáles serían las cualidades más importantes que debe tener un medio de comunicación ejemplar?
—Depende
siempre de las condiciones objetivas en que trabaje y del programa
socialista que lo anime. Me parece que hay que solidarizar y trabajar
con todas aquellas cualidades que sean capaces de recoger la mejor
experiencia de la prensa obrera, aquellas que sirvan como herramienta
organizadora para el ascenso de la conciencia y para perfeccionar la
lucha emancipadora. Aquellas cualidades que asuman la Revolución
Permanente y se dejen animar desde sus más hondos valores políticos y
estéticos. Aquellas cualidades que sepan ofrecerse, y ofrecerle a la
lucha, la mejor calidad forma-concepto. Aquellas que creativa y
poéticamente desarrollen sus mejores herramientas para terminar con la
propiedad privada en todas sus expresiones burguesas y desarrolle la
comunicación, la puesta en común, de la alegría y la libertad. Aquellas
que impulsen el mejor sentido del humor y del amor revolucionario y
socialista. Aquellas que sepan emprender, ya, el camino al socialismo
naciendo en el corazón de la clase trabajadora como un motor de
visibilización de la lucha, esclarecedor de la contienda y sepan ser
plataforma para madurar las mejores ideas y la mejor práctica concreta
(hacia adentro y hacia afuera) dialécticamente.
