29 - 09 - 08 http://narconews.com/
Cuando me acuerdo de Sally Grace, ella aparece en mi memoria
exactamente como se ve en la fotografía que sus amigos publicaron junto
con el comunicado en el que se denunciaba que había sido violada y
asesinada: riéndose con una cámara en la mano.
Sally me dijo
que era una especie de vagabunda cuyos lazos más fuertes estaban en
Arizona. Cuando llegó a Oaxaca en el verano del 2007 para ayudar a
organizaciones locales en la lucha popular en contra del gobernador
Ulises Ruiz Ortiz, publico sus fotos, actualizaciones y traducciones
del Consejo Indígena Popular de Oaxaca, Ricardo Flores Magón (CIPO-RFM)
y la APPO en Indymedia de Arizona. Cuando
regresó a Arizona en marzo, organizó eventos para recaudar fondos así
como reportajes en donde mostraba fotos y videos de las calles de
Oaxaca y vendía artesanías tejidas por las mujeres del CIPO.
Los amigos de Sally en el
CIPO-RFM,
Encuentro de Mujeres Oaxaqueñas “Compartiendo Voces de Esperanza”,
Colectivo Mujer Nueva, Voces Oaxaqueñas Construyendo Autonomía y
Libertad, Colectivo Tod@s Somos Pres@s y Encuentro de Jóvenes en el
Movimiento Social Oaxaqueño dicen que ella ayudaba en donde hiciera
falta, ya fuera pintando lonas o murales, bailando danzas árabes,
organizando conciertos de punk para recaudar fondos para las
organizaciones que apoyaba, dando clases de defensa personal a mujeres
o traduciendo y enseñando inglés. También fungió como observadora
internacional de los derechos humanos y acompañaba a activistas que se
sentían amenazados por el gobierno o los paramilitares en Oaxaca.
Recientemente,
Sally acompañó a familiares de un testigo en el caso del asesinato del
periodista de Indymedia, Brad Will. Ella vivía en su casa y los
acompañaba en sus actividades cotidianas. Sin embargo, un miembro de la
familia pensaba que la situación también ponía en riesgo la vida de
Sally. Por ejemplo, las personas misteriosas que seguían a la familia,
nunca los dejaban en paz, incluso si Sally iba con ellos. Así que la
mujer animó a Sally a irse con unos amigos que no estaban involucrados
en el movimiento.
Sally y yo nos conocimos en Oaxaca en las
protestas y conmemoraciones con motivo del aniversario del asesinato de
Brad Will en noviembre del 2007. Nos levantamos temprano el día de la
reunión cuyo objetivo era reestablecer las barricadas en el lugar en
donde los agentes gubernamentales le dispararon a Brad. Alguien fue a
inspeccionar el lugar de reunión y regresó pálido. “Ahí está la
policía. Están enmascarados y están agarrando a todos los que llegan.
No podemos ir”. Entonces nos quedamos escondidos en donde estábamos:
Sally y yo platicamos sobre quiénes éramos y a qué nos dedicábamos.
Ella habló sobre el vecindario donde vivía y dijo que era peligroso
porque se estaba juntando con miembros del PRI, quienes apoyaban al repudiado gobernador Ulises Ruiz Ortiz.
Unas
horas después, Sally se fue con otros compañeros y compañeras para
participar en una gran marcha convocada por el sindicato de maestros de
la Sección 22 y otros miembros de la APPO.
Así como tomar fotos de la misma. Yo no fui con ellos argumentando que
tenía trabajo que hacer “detrás de cámaras”. Sally regresó unas horas
después y se puso a subir las fotos que tomó en la marcha en Indymedia Arizona y su álbum Flickr. Trabajó en ello toda la noche mientras que el resto de nosotros dormíamos.
Nos
quedamos ahí donde estábamos unos días. Cuando un amigo y yo decidimos
que la situación en las calles ya se había calmado lo suficiente,
decidimos aventurarnos al exterior para hacer un par de compras en el
centro y encontrar un nuevo lugar para quedarnos. Sabiendo que los
tatuajes, la ropa obscura y cualquier otra cosa “sospechosa” serían
suficientes para agarrarnos, tomamos prestada una ropa ligera que
cubriera nuestros tatuajes y le dijimos adiós a Sally y al resto de
nuestros compañeros. Luego, mi amigo y yo caminamos por las calles por
primera vez en varios días.
Cuando llegamos al centro, nos
dirigimos al Mercado. No sé exactamente en qué momento empezó a
seguirnos una camioneta llena de policías municipales, pero enseguida
mostraron su presencia. Dos policías saltaron de la parte de atrás de
la camioneta y, comunicándose con silbatos y señales, corrieron hacia
nosotros. Uno de ellos se puso enfrente de nosotros y, sin decir nada,
nos apuntó con su arma automática.
Tomé la mano de mi
compañero y, a pesar de que no hablaba nada de inglés, le empecé a
hablar en ese idioma: “What’s going on? What do they want?” (¿Qué está
pasando? ¿Qué quieren?).
“Tranquila, tranquila,” respondió. Mantén la calma. Están viendo si te asustan.
El policía mantuvo su arma a la altura de nuestras cabezas, apuntándola
primero hacia la cara de mi amigo y luego hacia la mía. “¿Qué está
pasando?”, pregunté en inglés.
Los
colegas del policía le silbaron y el les respondió. Después, bajó su
arma y corrió, desapareciendo en una esquina. La camioneta llena de
policías también desapareció. Nosotros seguimos hacia el mercado como
si nada hubiera pasado.
Yo sabía que ser reportera en México
tenía sus riesgos. México es, después de todo, el país más peligroso en
el hemisferio para un reportero y el segundo más peligroso en el mundo
después de Irak.
Este punto fue ampliamente demostrado cuando
trabajé en Sonora a finales de octubre del 2006. Estaba cubriendo la
celebración del día de los muertos con el Subcomandante Marcos cuando
varios celulares empezaron a sonar. Quienes contestamos recibimos la
mala noticia: habían asesinado a un reportero gringo de Indymedia en
Oaxaca. Su hombre era Brad Will.
El cuerpo violado y en
proceso de descomposición de Sally apareció en una cabaña a 20 minutos
de San José del Pacífico. Uno de los vecinos se dio cuenta del olor y
llamó a la policía.
Según la amiga que identificó el cuerpo,
la cara de Sally era irreconocible: estaba negra como si la hubieran
quemado y todo su cabello había desaparecido como si se lo hubieran
arrancado. Pero Julieta Cruz reconoció los tatuajes de Sally.
El
asesinato de Sally podría haber sido otro caso más de violencia sexual
y no estar relacionado con su trabajo político con algunas de las
organizaciones más perseguidas en Oaxaca. Sin embargo, los amigos de
Sally en Oaxaca saben que alguien la había estado siguiendo como
resultado de su trabajo con los derechos humanos y sus lazos con el CIPO y otras organizaciones oaxaqueñas que viven la violencia política de manera cotidiana.
Si
bien los amigos de Sally no pueden decir con seguridad que su asesinato
fue por motivos políticos, están seguros que el gobierno no está
haciendo lo suficiente para esclarecer el caso. La policía y la
procuraduría general están actuando muy lentamente y no están
entrevistando a los testigos claves que vieron a Sally antes de que
fuera asesinada y que probablemente pueden identificar con quién
estaba. Las organizaciones que conocían a Sally protestaron en contra
de esta falta de acción el 25 de septiembre, primero frente al
consulado de los EU en Oaxaca y luego en la Procuraduría General. Un
portavoz del CIPO dice que el CIPO
simplemente no tiene los recursos para investigar el caso y el gobierno
no quiere compartir la información con personas que no sean familiares
de Sally. Por esta razón, tiene que presionar al gobierno para que haga
su trabajo e investigue el asesinato de Sally Grace.
Sally no
era una figura central en el activismo oaxaqueño; no era una
organizadora. Al contrario, hacía lo único que podía hacer cualquier
activista extranjero: ayudaba en lo que se necesitara. Mediante sus
traducciones y reportajes, mantenía abiertas las líneas de comunicación
entre los EU y Oaxaca. Mucho después de que la atención internacional
se fuera de Oaxaca, Sally se quedó y acompañó a los activistas cuya
seguridad dejó de importarle a la comunidad internacional. No los
protegía ni se involucraba: simplemente observaba y escuchaba.
¿Entonces porqué alguien se tomaría la molestia de seguir y asesinar brutalmetne a alguien como Sally?
Mi
amiga la hermana Dianna Ortiz fue desaparecida y torturada en Guatemala
en 1989. La hermana Dianna enseñaba español a niños indígenas, lo que
no constituía una empresa revolucionaria ni insurgente. Había estado
poco tiempo en Guatemala antes de que desapareciera. Pero la escogieron
a ella.
Años después, en sus memorias, la hermana Diana señala
que la tortura y la violencia política no están dirigidas únicamente a
los individuos que sufren físicamente un acto violento. La tortura y la
violencia política están dirigidas a toda la población, para
aterrorizarla. Cuando los atacantes agarraron a la hermana Dianna
(quien probablemente era una de las personas menos importantes y
poderosas en su misión y que no tenía ninguna conexión con la
resistencia) enviaron un mensaje a todos: nadie está a salvo.
Si
hubieran agarrado a un sacerdote, un arzobispo, un líder social o un
insurgente, todos hubieran podido explicarlo: “Bueno, era un
insurgente, y ella era una líder. Yo no soy ninguno. Estoy a salvo”.
Pero
cuando agarran a alguien que opera en la periferia, como la hermana
Dianna o Sally, logran aterrorizar a todos: extranjeros, locales,
líderes, vecinos, activistas, punks, reporteros, mujeres… Nadie está a
salvo.
Brad Will murió como un mártir. Murió haciendo su
trabajo. Murió durante un levantamiento. Filmó su propio asesinato.
Murió rodeado de compañeros y testigos. A pesar de esto y de otra
evidencia, el gobierno mexicano todavía trata de explicar su asesinato.
Como si utilizar su asesinato como justificación para realizar una
invasión policíaca violenta en la ciudad de Oaxaca no fuera suficiente,
el día en que apareció el cuerpo de Sally el gobierno anunció que una
vez más va a girar órdenes de arresto en contra de los miembros de la APPO y a sus colaboradores con respecto al asesinato de Brad Will.
Sally,
por otra parte, murió de la peor manera: asustada, atormentada y sola.
No hay evidencia fotográfica ni en video. No hubo un levantamiento como
motivación para su asesinato. Al contrario, su asesinato deja abierta
la pregunta de si fue políticamente motivado o si fue un acto de
violencia sexual al azar. Esto pudo haber sido intencional para
obscurecer los objetivos reales de su(s) atacante(s).
Poco
después de haber publicado mi artículo en donde expongo la identidad de
los contratistas privados que lideraron los entrenamientos de tortura
para los policías en León, Guanajuato, me empezaron a seguir. Me pasó
dos veces: la primera iba con un amigo y la persona se fue en su coche
después de un par de cuadras.
La segunda vez estaba sola. Una
camioneta gris comenzó a seguirme muy despacio. Me paré y le pregunté
qué quería. No respondió. Solo se me quedó viendo. Seguí caminando.
Después
de un rato, me pare por segunda vez. ¿Qué quiere?, grité en español.
Bajó un poco su ventana. ¡“Dígame qué es lo que quiere o déjeme en
paz”!. Se me quedó viendo. “¿QUÉ QUIERE?” Se me quedó viendo.
Me fui y él continuó siguiéndome. Pedí ayuda. Un amigo salió a la calle. La camioneta gris se fue.
Nunca
lo denuncié porque aún no sé cuál era la razón que estaba detrás del
asunto: si era político o se trataba de un pervertido. Eso es lo que
pasa cuando una es una mujer y una activista social. Sufrimos la
violencia como activistas y como mujeres. La violencia casi siempre
está relacionada. Sin embargo, la violencia política puede ser
utilizada para encubrir la violencia sexual y la violencia sexual puede
ser utilizada para encubrir la violencia política.
Activistas mexicanos entregan a un hombre de la Ciudad de México a la policía en el caso del asesinato de Sali Grace Eiler
La detención fue posible con la ayuda de la gente de San José del Pacifico, Oaxaca
Anoche
la policía mexicana transfirió a Omar Yoguez Singu, de 32 años de edad,
a manos de la procuraduría general de Oaxaca por el asesinato de
Marcella “Sali” Grace Eiler de 20 años de edad. AP reportó
que Yoguez Singu afirma haber tenido relaciones sexuales con Sali bajo
su consentimiento y que después la mató a machetazos durante una
discusión.
 D.R. 2008 AP |
Yoguez Singu fue capturado gracias a la acción rápida de activistas Oaxaqueños que difundieron su muerte internacionalmente.
Yoguez
Singu levantó sospechas entre sus amigos cuando regresó a la Ciudad de
México de un reciente viaje a San José del Pacifico, donde vecinos de
la zona descubrieron el cuerpo mutilado y descompuesto de Sali en una
cabaña. Los amigos de Yoguez Singu notaron que estaba herido y que sus
dos perros habían desaparecido, por lo que le preguntaron que había
pasado. Yoguez Singu les contesto que uno de sus perros había mordido a
un niño de la comunidad y que por eso miembros de la comunidad
intentaron matar al perro con un machete. Se dice que afirmó haber
resultado herido al tratar de salvar a su perro.
Gracias a la
difusión extensa de la declaración firmada por organizaciones
Oaxaqueñas con las cuales Sali trabajaba, personas en el círculo de
amigos de Yoguez Singu supieron que una mujer había sido asesinada en
San José del Pacifico mientras Yoguez Singu estaba allí. Para confirmar
la historia que él les había dado sobre sus perros, llamaron a
activistas de Oaxaca.
Personas del poblado de San José del
Pacifico desmintieron la historia de Yoguez Singu. Dijeron que los dos
perros seguían allí porque Yoguez Singu se había ido sin ellos. También
agregaron que él fue la ultima persona que vieron con Sali antes de su
desaparición.
Se reporta que cuando Yoguez Singu fue
confrontado por sus amigos acerca de sus mentiras, este confesó. Sus
amigos lo vigilaron mientras activistas Oaxaqueños viajaban a la Ciudad
de México para obtener una orden de aprensión.
Cuando la orden
de aprehensión estaba lista, los activistas se citaron con la policía
en un supermercado para entregar a Yoguez Singu. AP reporta que fue
arrestado el miércoles 24 de septiembre.
Los activistas se
apresuraron a poner la muerte de Sali en el contexto de la violencia
desenfrenada e ignorada en contra de la mujer en Oaxaca. Señalan que
los agresores casi nunca son castigados por sus delitos. “No hay
justicia en Oaxaca,” dijo un vocero del Consejo Indígena Popular de
Oaxaca-Ricardo Flores Magón (CIPO-RFM).