La enfermedad de la mentira. Así se titula una entrevista realizada el siquiatra Sergio Arturo Escobedo Návar, que fue publicada por El Universal de México el 5 de marzo de 2007.
Para este especialista del Instituto Mexicano del Seguro Social “el mal (de la mentira) puede ser la expresión de padecimientos vinculados con la alteración en la construcción de la personalidad, ya que con frecuencia ataca a gente con tendencia paranoide, con elevado grado de desconfianza y sospecha sobre los demás”.
Es interesante que entre las tres claves de la mitomanía, Escobedo Návar ubica en primer lugar que “El mitómano recurre a la mentira continuamente con tal de maquillar una realidad que considera inaceptable, urdiendo todo tipo de sistemas que, a veces, pueden parecer delirantes”.
Definitivamente tenemos en el país a un sector que adversa no sólo al Gobierno sino a todas las instituciones del Estado, el cual haciéndose llamar oposición (a lo que realmente no le hacen honor), lamentablemente ha venido sufriendo a través del tiempo un proceso de involución que ha encontrado su asentamiento en la mitomanía, que es definida por diversos autores como “un trastorno psicológico consistente en mentir patológica y continuamente falseando la realidad (...)”
Esta mitomanía, sin querer hacer el papel de siquiatra, se ha convertido en un factor de mayor peligro en nuestro país, pues se está manifestando de forma autoinducida y muy conscientemente. A partir de ella quienes se hacen llamar líderes de oposición han ido influyendo y contagiando a miles de ciudadanos de un virus con el que buscan generar en la población desconfianza, paranoia, delirio, zozobra, pánico, entre otras patologías.
Diversos son los ejemplos, desde las campañas que buscan hacer creer que el Estado se adueñará de nuestros hijos, la expropiación de nuestras casas y vehículos hasta la matriz de que en Venezuela nadie puede opinar, nadie puede expresarse y, aunado a ello, se vive en un régimen dictatorial y atravesamos por una situación de escasez de alimentos tan grave que todo el mundo se está muriendo de hambre.
Muy recientemente, la periodista Nitu Pérez Osuna, en una entrevista ofrecida a un medio impreso de EEUU, al ser consultada sobre si el café de Caracas seguía siento tan bueno, respondió: “(...) en Venezuela ya casi no se consigue el negrito, menos el marroncito y el con leche ni se ve. En el país escasea todo, no se consigue azúcar, ni papel higiénico, ni toallas sanitarias, servilletas ni café.
Esta declaración revela cómo para sectores que se hacen llamar oposición, la desestabilización, a través de la técnica de la desinformación y la mentira, es factor primordial para intentar socavar las bases de la institucionalidad democrática venezolana, todo ello con la anuencia y el apoyo de ciertos medios privados de comunicación.
Las mentiras más recientes se refieren a la recién promulgada Ley Orgánica de Educación y las declaraciones de la Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz, en relación con las manifestaciones violentas que son promovidas por ciertos sectores opositores.
En su programa de Radio En Sintonía con el Ministerio Público, transmitido por Radio Nacional de Venezuela el pasado viernes 28 de agosto, la fiscal Luisa Ortega indicó que ciertos sectores con sus manifestaciones están “generando enfrentamientos entre las personas (...) se están cerrando calles, avenidas, impidiendo el libre tránsito de los venezolanos, alterando la paz y la tranquilidad pública”.
Señaló la Fiscal General que las conductas violentas y desestabilizadoras que están asumiendo algunas personas pudieran ser calificadas como rebelión civil, de acuerdo con el artículo 143 del Código Penal que contempla castigo con presidio de 12 a 24 años.
Jamás indicó la alta funcionaria que se castigaría o perseguiría penalmente a quienes realizaran protestas pacíficas ni a quienes acudieran a alguna marcha, de acuerdo con la garantía que ofrece el artículo 68 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Incluso, jamás se ha pronunciado la fiscal General en contra de la libertad de expresión establecida en el artículo 57 de la Carta Magna. Por el contrario, siempre se ha manifestado como defensora de todos estos derechos.
Pero ocurre que para la oposición, o los desestabilizadores de nuestro país, mentir al respecto es una excusa más para salir a la calle a protestar y es una forma de seguir controlando las mentes de miles de ciudadanos que, por temor a ser tildados de gobierneros, evitan acceder a otras fuentes informativas, leer la noticia de primera mano, y formarse su propio criterio. De esto es que se aprovechan los golpistas.
Es interés manifiesto de los desestabilizadores el seguir generando zozobra y un clima de conflictividad divulgando mentiras tales como que la Fiscal General de la República habría asegurado que encarcelaría a quienes salieran a las calles a manifestar pacíficamente. Cosa falsa en su totalidad.
No conforme con ello, algunos operadores políticos de esa oposición mitómana aseguran envalentonados y con los ojos desorbitados, que saldrán a protestar próximamente para que la Fiscal General los meta presos, siendo esta la peor de las mentiras que han expresado, porque para nadie es un secreto que, si no los agarran en flagrancia (con las manos en la masa), cuando huelen un fiscal del Ministerio Público enseguida huyen del país con destino a Colombia o Perú (hay un sin fin de casos), aunque, incluso, se han dado el tupé de escapar de los sitios donde son recluidos cuando ocurre lo primero.
La valentía de estos señores llega sólo a una declaración ante los medios privados para después, como el 11 de abril de 2002, escabullirse y dejar a la masa manipulada con sus mentiras a la merced de las bandas armadas que infiltran en sus protestas para generar el caos.
A eso se refería la Fiscal General de la República, a quienes incitan a un pueblo a lanzarse a las calles (autores intelectuales) y, a la par, contratan suerte de sicarios o paramilitares (autores materiales) que se encargarán de armar el caos mientras los incautos consideran que están salvando la Patria protestando contra amenazas que en sus mentes les han inculcado los laboratorios de propaganda negra que tienen sus principales sedes en algunos medios privados de comunicación.
Se trata, pues, de la enfermedad de la mentira, pero lo peor del caso es que quienes propagan el virus están conscientes del daño que generan.
*Periodista
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