¿Qué pasa con la Producción Nacional Independiente?

Cuando se creó la figura del Productor Nacional Independiente –PNI- y se presentó como una alternativa para implementar una producción audiovisual digna y creativa, ante los mensajes aberrantes, incitadores al consumismo, al consumo de drogas, al individualismo castrado de las cadenas de producción privadas, nacionales y multinacionales, se creó una gran expectativa entre todos aquellos que pesaban que solo era un sueño.

Cientos de personas se presentaron para formar parte de esta novedosa propuesta y el momento es el mejor, estamos transitando un proceso revolucionario inédito, los vientos de cambio recorren la patria de Bolívar y llegan a la Patria Grande de todo Sur América. Las comunidades se organizan, se inicia a muchos niveles un rescate de nuestra identidad nacional y las tradiciones populares, una ola de creatividad sacude a los innovadores en todos los rincones de la patria. Se desata un sentimiento de amor por nuestro ambiente el cual se materializa en proyectos específicos para el cuidado y respeto de nuestras fuentes de agua, playas, montañas. En las comunidades se despierta la necesidad de cuidar los espacios urbanos, se materializa en una búsqueda de vías sustentables para el tratamiento y disposición de los desechos sólidos, en fin, se desata un huracán de ideas, propuestas, proyectos, un despertar de la patria, que requiere de un proceso comunicacional necesario e imprescindible para la profundización del proceso de cambio, el desarrollo de una visión crítica, para lo cual es necesario desplegar una amplia producción audiovisual a través de todos los medios oficiales y comunitarios: Cine, Televisión, Video, Radio, Internet, Periódicos, Revistas, Murales.

Pero que es lo que está pasando en la dura realidad concreta y objetiva, primero las televisoras oficiales que ‘apoyan’ a los PNI son solo dos, de todo el espectro de televisoras oficiales o financiadas por el estado: VTV, VIVE, TVES, TELE SUR, ANTV, ÁVILA TV, solo VIVE y TVES ofrecen un apoyo limitado, y tan limitado és, que cientos de Productores Independientes que apostando sus ideas, su tiempo, sus recursos, lograron que les “aprobaran algunos proyectos”, al principio todo funcionó, pero en la medida que avanzó el tiempo todo se enreda y se complica. La maquina burocrática, se aceitó y empezó a funcionar a la perfección, solicitan al PNI todo tipo de papeles, permisos, antesalas, cuando terminas de entregarlos, ha pasado un año o más y los presupuestos están desactualizados, cuando pides revisión te dicen que de nuevo hay que enviar el proyecto al directorio, y se inicia de nuevo el proceso, y así, un día te obstinas porque te descapitalizaste, tus equipos se vuelven obsoletos, si tienen una oficina la tienes que entregar y todas aquellas personas que habías incluido en el proyecto quedan en el aire, con un amargo sabor de que todo es una trampa caza bobos.

Hoy, cientos de proyectos de los PNI permanecen hoy engavetados, haciendo cola, esperando que la burocracia saboteadora y cuarto republicana se digne ha darles paso, situación que parece a estas alturas imposible de resolver, porque si examinamos con lupa a muchos de los personajes que ocupan los espacios de decisión en los organismos que dan el visto bueno a los proyectos de los PNI y otorgan los créditos o las ayudas, son los denominados ‘escuacha’, los ‘escuálidos chavistas’, infiltrados en ministerios y organismos que gestionan la producción audiovisual en Venezuela, son los que andan con camisa y gorra roja, pero son el caballo de Troya de los enemigos de la revolución bolivariana.

Para terminar una reflexión, como señala el Comandante Chávez, ‘El genio se salió de la botella, no habrá quien lo meta” y copiando a Eduardo Galeano: la autoridad competente advierte a la población que andan sueltos unos cuantos jóvenes cimarrones, matreros, errantes, vagos y mal entretenidos, que son portadores del peligroso virus que contagia la peste de la desobediencia, no es difícil identificar a estos sujetos, que manifiestan una escandalosa tendencia a pensar en voz alta, soñar en colores y a violar las normas de la resignación colectiva que constituyen la esencia de la convivencia democrática.

[email protected]

Esta nota ha sido leída aproximadamente 8163 veces.



Recomienda la lectura de esta nota a través de las redes sociales




US Y /medios/a58540.htmlCUS