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Con atención leo los artículos de opinión de esta página, donde se refleja la variopinta concepción de nuestro proceso revolucionario. Más allá de ese importante debate, con frecuencia nos vemos envueltos en discusiones estériles, de espaldas a lo que es prioritario: impedir la destrucción del proceso bolivariano. Contrario a lo que muchos pensaron con excesiva confianza durante este último año, nuestro enemigo más que estar debilitado, cada día renueva sus estrategias y financiamiento. Ese archienemigo de la humanidad, el imperio más poderoso de la historia humana ha desatado junto a la derecha venezolana todas sus macabras y refinadas estrategias para acabar con este proyecto revolucionario, lo que debe empujarnos a hacer propuestas y someterlas al debate colectivo, con la clara convicción de que la teoría debe llevarnos expeditamente a la acción, so pena de recibir en un tiempo breve la estocada final que lleve al proceso venezolano a su postergación indefinida.
La guerra de cuarta generación, a la cual los enemigos de nuestro proceso han apelado, tiene en el espectro radioeléctrico nacional y específicamente en los medios televisivos, uno de sus escenarios más importantes, siendo allí patentes las carencias de la política comunicacional del estado venezolano, así como lo ausencia de estrategias radicales para democratizar la comunicación y erradicar el golpismo enquistado en algunos medios privados e incluso estatales. Desde el comienzo de este gobierno una de sus “patas cojas” ha sido la articulación efectiva de estrategias que permitan desactivar el constante bombardeo mediático de derecha que siembra odios, desasosiego, miedo, desinformación y sometimiento ideológico. Muchos nos preguntamos hoy: ¿Por qué se permite el accionar impune de Globovisión? ¿Qué espera el gobierno para crear un canal de noticias 24 horas? ¿Cuándo espera transformar la programación de VTV y el concepto de programas llenos de diálogos interminables? ¿Qué espera la gerencia de medios del gobierno para renovar la forma en cómo se presentan los mensajes para darle mayor dinamismo y atractivo audiovisual? ¿Cuándo “La Noticia” de VTV hará más periodismo de calle y menos periodismo institucional? ¿Qué pasa con el periodismo de investigación, tan valioso para despertar conciencias y educar al pueblo? ¿Qué espera el gobierno para cambiar a TVES? Hay mucha tela que cortar y el gobierno, el mismo presidente esta conciente de algunas de estas necesidades, pero cabe preguntarse ¿Cuánto tiempo tomará poner en práctica planes para mejorar?
Es doloroso decirlo pero Globovisión hace más daño al proceso bolivariano con su programación y sus recursos hasta un punto limitados, que lo que todos los medios televisivos del gobierno pueden hacer juntos para evitarlo o revertirlo: VTV, VIVE, ANTV y TVES. Y no es falta de recursos económicos, no es falta de espacios radioeléctricos, parece más bien falta de voluntad política y exceso de burocratismo y por que no decirlo, demasiado espacio para el “jalabolismo” oficial y la “autobomba” de ministros, alcaldes y gobernadores. Hay que reconocer con dolor que el trabajo de globovisión es letal. Nada más observar el primero de enero y ver como mantenían desplegados sus periodistas, su máquina de mentiras, sus ollas podridas y sus programas viperinos, mientras en VTV y otros canales oficiales veíamos programas repetidos y el centro de la pauta informativa girando primordialmente en torno a la reconversión, cuando estamos en medio de un gran despliegue propagandístico por el tema de Enmanuel o incluso se ha generado desde la misma presidencia el tema de la amnistía.
Ni hablar del tema de la democratización y del espacio que deben tener los productores independientes y las comunidades. Pasa por debajo de la mesa o en el mejor de los casos los usan solo para llenar espacios, sin tomar en cuenta la calidad y la trascendencia que debe tener la programación cuando estamos en medio de una guerra sin cuartel, donde la manipulación y la desinformación es sistemática. Mientras hablamos de las maravillas del bolívar fuerte, ellos dándonos con todo por el “fracaso” del canje. Mientras se entrevista una funcionaria de un banco estatal que habla sobre la maravillosa gestión suya y de su jefe, en globovisión los “internacionalistas” corroen la mente de la gente.
De la reactiva respuesta de los medios estatales, hay que saltar a la ofensiva revolucionaria a través de los medios, con una programación dinámica, crítica y de calidad, más a tono con las necesidades de información que tiene la gente, especializando a los periodistas en géneros televisivos que permitan profundizar en temas mediante la investigación, la exposición de los hechos y sus implicaciones, presentados de manera científica, dándoles mayor credibilidad y desmontando las mentiras de la oposición, no solo repitiendo cual loros segmentos de los programas golpistas y desestabilizadores, criticándolos mediante un panel que desmonta a fuerza de opiniones personales los mensajes del oposicionismo. La televisión es mucho más que eso, y detenta recursos audiovisuales que pueden condensar, sintetizar en espacios de tiempo pequeños a través de imágenes y sonidos tratados con criterios semióticos y pragmáticos, lo que 3, 5 o 10 opinadores no pueden en dos horas de charla. Una imagen vale más que mil palabras y eso no es sólo un cliché. Los medios televisivos estatales están siendo subutilizados, como una artillería pesada en manos de unos pacifistas o como un cazador con la pólvora mojada.
rvalbuena@yahoo.com
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