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Sobre el doctor del grupo 1BC
Por: Domingo Molina
Fecha de publicación: 31/12/06
imprímelo mándaselo a
tus panas
Renovación: No

Concesión: Se acabó

Televisión: Que la nueva señal sea lo que esperamos.

Venezuela: Se respeta. Se cansó de tu perversión.

Con el quebrador oficial del canal 2 se puede hacer una analogía con el personaje del libro “El Diente Roto”, de nuestro muy talentoso J. M. Pocaterra.

Aunque con toda certeza al fulano doctor le gustaría mucho más que lo comparasen con el personaje del libro y película “Desde el Jardín”, del también muy talentoso Jerzy Kosinsky.

La preferencia se derivaría del origen de las obras. La primera es criollita, la segunda es de afuera.

Quien mejor lo ha descrito hasta ahora es el atinado analista Alberto Nolia.

Muchas veces don Alberto desde sus programas de radio y TV y con sus análisis escritos es quien nos ha gritado incansable: “El emperador (doctor) va en calzoncillos”

El doctor se hizo de esa aureola que nos hacía caer por inocentes varias veces al año. Pero la verdad verdadera quedó al descubierto desde el momento en que perdió el control de modosito y la rabia y soberbia lo llevó a presentarse en los medios de sus panas a cada rato a decir sandeces de política barata y de cuanta cosa se le venía en mente. Recientemente en una de las jala-entrevistas que le hizo el servil matacuras el doctor pontificó en materia de economía y finanzas y soltó esta prenda: Los venezolanos compran carros nuevos como un mecanismo de ahorro… (what did you said, my doctor?, repeat please)

Con tonterías como la anterior se cansó el doctor de bombardearnos una y otra vez sin contemplación alguna. Su onanismo parecía no tener fin, parecía ser eterno

Lo que ocurre es que a fuerza de la imagen que se hizo entrevistando a los “notables” (de la célebre etapa de cuando lucía mostachos negros) nos hizo creer que las opiniones e ideas que surgían de aquellos le pertenecían a él.

Jamás ha entendido el doctor aquella máxima que reza: No sabes cuanto ganas cuando mantienes la boca cerrada.

La incontinencia verbal es uno de los mayores pecados de los tontos y de los ignorantes. Y lo más grave de los ignorantes es que no saben que lo son. De allí la tragedia del quebrador oficial del canal 2. Mañana no contará con el soberbio e inconmensurable poder que otorga el poseer un canal de TV de señal abierta. Los canales “hermanos” ya no tendrán más interés en invitarle para fastidiarse escuchándole sus mismas tonteras de siempre. Mucho menos surgirá quien le escuche consejos acerca de como se debe manejar un canal de TV. Tampoco surgirá un candidato a algo que lo tome como asesor de su campaña. Experto en quebrar empresas ajenas (la mayoría) y propias. Soberbio mientras ofendía y gritaba encaramado sobre un pedestal ajeno. Propagando a los cuatro vientos rabias nacidas de la inmensa frustración de saberse en el fondo dueño de ideas sin base, de verdades insustanciales, de seguidores no dispuestos a tenderle un paracaídas o a lanzarse junto a él por ese barranco sin fondo construido a punta de boberas peregrinas.

La plataforma financiera que en sus manos delegaron se diluye como un casquete de hielo al acercarse a las aguas cálidas de la realidad. Flotando en el inútil vacío de su nadería, muchos tontos náufragos de la cuarta se acomodaron para satisfacer su ego ante un auditórium que poco a poco se desvanecía. En el País de los ciegos el tuerto (el doctor) es Rey. Se juntaban los mochos para rascarse. El que andaba con cojos al año cojeaba. Dime con quien andas y te diré quien eres.

El odio es la esencia de los seres que al igual que el doctor se creyeron dueños del País. Pero de repente “se acabó la diversión, llegó el comandante y mandó parar”.

Pajarito, despierta. Se acabó la rochela. Se acabó la fiesta. Paga lo que debes. El espacio ahora le pertenece a un nuevo concesionario.

El bagaje de leyes que decía representar bajo el título de doctor, pero que nunca entendió ni practicó, no sirven para eso de defender lo indefendible.

Por lo contrario, llegó la hora de buscar un buen escritorio para que vayan preparando el blindaje de una defensa que muy probablemente deberá hacer si la pléyade de víctimas psicóticamente disociada por su Ex-RCTV despierta y se le ocurre pasarle factura por sus tragedias con causas de origen bien conocido.

El blindaje temporal que se crearon los administradores del espacio televisivo de canal abierto lo usaron como hábitos de “hermanas” para abusar sin descanso, para irrespetar al pueblo, el verdadero propietario constitucional de dicho espacio. Pero un día un brillante Venezolano, ajeno a los “notables”, sin título de doctor, representando al pueblo con un humilde y por ello muy brillante título de Teniente Coronel llegó al escenario político envuelto con una impenetrable película de teflón sobre la cual resbala todo halago, toda sandez, toda pleitesía. El brillante Teniente Coronel tiene una oreja grandísima, que le arrastra hasta el suelo, para escuchar al pueblo y tiene la otra oreja muy chiquita, casi sorda, y es la que usa para escuchar a los jalamecates.

Buena parte de la tragedia del doctor y de todos los que se le parecen es su mentalidad de corto plazo. El brillante TC se mentaliza y se expresa en términos de largo plazo (el 2021, por ejemplo). El doctor y sus iguales solo piensan en lo que facturarán mañana y se les olvida que a cada cochino gordo le llega su sábado.

La paciencia, ese don de sabios, lo poseen y administran los que piensan como el brillante TC, de allí la habilidad que adquieren para saborear los platos fríos.

La malcriadez, ese asqueroso defecto, lo poseen y mal-administran los que piensan como el doctor, de allí la reiterada costumbre de querer saborear solo los platos calientes: vete ya, revocatorio ya, referéndum ya, la renovación de mi concesión ya…….

No se puede negar sin embargo que algo le han enseñado al brillante TC. Durante su alocución en Fuerte Tiuna se expresó en términos de muy corto plazo: mejor vayan apagando los equipos, vayan preparando sus maletas, no habrá renovación de la concesión…

Ahora el doctor debe prepararse para rendir cuentas a los verdaderos dolientes de tantas tragedias financieras, personales, familiares, etc… Se acabó el pan de piquitos.
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Domingo Molina


El show de los Muppets
Plácido R. Delgado
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