El Nacional y su editorial: Que Dios la perdone, Doña Lucera, porque ya sabemos su destino

El desgraciado de Miguel Enrique Otero, le falta el respeto de una manera por demás miserable, a una valiente mujer, que lucha contra el cáncer, desde hace más de dos años.

Este parasito de ser humano, se burla en ella, de todos los enfermos de cáncer de nuestro país.

Lucha incansable y sin treguas, de puñados de venezolanos, que luchan sin rendirse contra este monstruo de mil cabezas, como lo es el cáncer.

Dime desgraciado: ¿En algún momento recordaste a tu familia, al pensar de cómo se sentiría nuestra compañera Tibisay, después de leer tu editorial?

Que tienes en el medio de tu pecho desgraciado…

Porque me niego a creer que cargas un corazón…

Que sabes tú, bazofia, del sufrimiento del alma, en estos enfermos.

Cepillarse los dientes, mientras lagrimas rebeldes escapan de sus ojos, en intentos de ocultar su sufrimiento, para que su entorno familiar, no les duela al igual que ella…

Que sabes tú desgraciado…

De noches de insomnio, simulando que duerme, ocultando pesares, para que su compañero descanse…

Que sabes tú, de cuando la quimioterapia destroza su organismo, y los deja sin defensas, para cuando las cosas no salen como los médicos piensan…

Que sabes tú de aferrarse a la esperanza, para intentar ver un nuevo amanecer, mequetrefe…………….

Me iría al Nacional, para agarrar a trompadas a este desgraciado y jalarlo de los pelos, para llevarlo a arrastra a este intento de ser humano, para llevarlo a la sala de quimioterapia de la clínica La Floresta, donde los enfermos de cáncer apuestan por la vida…

Para que vea con sus propios ojos, como todos se dan ánimo, unos a otros, en lo que ellos llaman…¡¡EL CAMPO DE BATALLA!!...

Que sabes tú desgraciado, de intentar escribir esta réplica en medio del llanto, por sufrir mi compañera, la misma enfermedad de Tibisay y no poder compartirlo con ella……………..

Como quisiera poder viajar en el tiempo, para pasearme en épocas de antaño, donde este tipo de ofensas se resolvían con un duelo…

Para cruzar con un guante sus mejillas, y decirle:

Elije el arma desgraciado: Pistola, sable o espada…Para intentar limpiar una ofensa…

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