Los medios, lengua y fuego del terrorismo III

“QUÉ PASA QUE AÚN LAS TUMBAS
NO ESTÁN LLENAS?”, CLAMABAN “ANCLAS” Y PERIODISTAS DE LA TV
“LAS MIL COLINAS” EN RUANDA

África, Afrol, News. 3 de diciembre de 2003. – “El Tribunal Penal internacional para Ruanda (TPIR) ha condenado hoy a cadena perpetua a dos periodistas por haber incitado desde sus medios, al genocidio, exterminación y la persecución, perpetrados en este país en 1994 contra la etnia minoritaria tutsi”.

Los condenados, periodistas que nunca estuvieron frente a un micrófono fueron Ferdinand Nahimana y Hassan Ngeze. El primero, ideólogo y fundador de la Radio Televisión Libre “Las Mil Colinas” y Ngeze, dirigía el periódico “Cangura”, de la misma organización criminal oficial. Un tercer personaje, Yamoko Barayagwiza, también alto directivo de Las Mil Colinas y miembro fundador de la Coalición para la Defensa de la República (¡), fue condenado a treinta y cinco años de prisión.

Hay otros dos personajes que es necesario no dejar fuera de la lista de condenados. Son ellos, el Primer Ministro, el muy elegante y culto Jean Kambanda, “educado hasta resultar abrumador”, quien justificó las matanzas como algo para lo que no habría que darle mayor importancia, y el periodista y locutor “estrella” de “Las Mil Colinas”, el ítalo-belga Georges Ruggiu arestado en julio de 1997 en Kenia y condenado a doce años de prisión. Ruggiu le dijo al periodista Javier Espinosa de “Crónica” de El Mundo, (Esp), de dónde tomamos esta nota, que “Habían matado a todos los tutti de Kigali. Era necesario. Había que proteger la ciudad”. Kigali es la capital de Ruanda.

El Primer Ministro Kambanda, sentenciado a cadena perpetua, contó a Espinosa en la misma iglesia de Nyamata donde se encontraron cadáveres a montón, que no sólo justificaba la masacre sino que “los tutsis son muy orgullosos… Piensan que tan sólo ellos disponen de inteligencia”.

Los periodistas y “anclas” de la tristemente célebre “Radio-TV Las Mil Colinas”, fueron total y absolutamente crueles en sus intervenciones diarias en la planta para lo que fueron permisados, apoyados y adiestrados para llevar adelante su proyecto de muerte. Nuestros periodistas y “anclas” en Venezuela, todavía no han llegado a eso… pero con la enfermedad del Presidente y sus necrófilas apreciaciones vejatorias e inhumanas para quien padece una terrible enfermedad, pareciera que es parte del adiestramiento para mayores y criminales eventos por venir que se preparan con el apoyo de la prensa internacional adscrita al imperio. La mejor prueba: la falsa y anunciada foto del Presidente publicada por El País (Esp.), para el espectáculo y solaz de sus enemigos, sin que por ello sus ejecutores hayan perdido una hora de su tranquilo sueño.

“Las Mil Colinas” y “Kangura”, dieron inicio simultáneamente en 1994 a través de sus “anclas” (1) a una campaña psicológica sistemática de concienciación masiva dirigida a la etnia utus, incitándola a dar comienzo al exterminio total de los tutsis, etnia minoritaria pero más desarrollada que llegó a ocupar altos cargos en la administración pública y en otros organismos internacionales en la vida africana y especialmente la ruandesa.

(1)Anclas, periodistas o animadores de prestigio escogidos por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos, para que, a través de la radio y la TV, en primera instancia, lleven adelante campañas psicológicas de enajenación colectiva “para crear un clima de inestabilidad y de violencia fomentado desde sus pantallas e induciendo con la manipulación y la desinformación permanente, el odio entre los venezolanos”. (Orlando Rausseo, Aporrea).

De esta manera, nacen dos Venezuela. Una, la agresiva hasta la saciedad, la embustera, la sumisa, la gritona, la envalentonada y procaz, y la otra Venezuela que durante los últimos catorce años ha estado a la defensiva sin programa alguno para detener la agresión.

Desde el 11 de Abril de 2002 hasta comienzos de 2003, se producen eventos en el país que nos llevaron a la orilla misma del abismo. Una muy cruenta guerra civil estuvo a punto de estallar gracias a la aplicación, por parte de Estados Unidos, de su exitoso proyecto que ellos mismos denominan Guerra de Cuarta Generación. Es una guerra mediática que aún persiste en nuestro país y que, como hemos dicho, el Estado no ha encontrado aún forma alguna para combatirla.

Ya antes, en Ruanda, (1994), habían logrado la gran matanza, pero no por incursiones aéreas, sino con la distribución de miles de machetes, azadas, picos y martillos que se distribuyeron entre comandos hutus, etnia que, con sus diferencias ancestrales enormes con los tutsi, hasta se unían en parejas. Después que “Las Mil Colinas” logró establecer como método de lucha el odio para poder alcanzar aquel genocidio, los países europeos colonialistas y los Estados Unidos quisieron tapar sus matanzas inducidas, con lo que la diplomacia hipócrita trata de sellar su ausencia: “política de no intervención en los problemas internos de los países”.

Los periodistas, anclas y dueños de “Las Mil Colinas” y algunos otros que sirvieron al imperio y sus lacayos, y ahora lanzados como únicos culpables, fueron los paga peos de aquel holocausto.

Un millón de muertos en menos de un año.
A Libia le tocó también lo suyo.
Ahora es Iran y y Siria. Antes, Afganistán e Irak. Siempre, el petróleo del Medio Oriente.

África, a pesar del saqueo milenario de sus riquezas a costa del hambre y de la esclavitud, aún cuenta con enormes yacimientos auríferos, piedras preciosas, coltan, etc., (lo detallamos más adelante), que los colonizadores franceses, belgas y hasta españoles y portugueses, no quieren abandonar. Estados Unidos, como dueño de las armas en el mundo, empuja… y entra.

El genocidio fue financiado –informa la periodista británica Linda Melvern (Wikipedia)--, por lo menos en parte, con el dinero sacado de los programas de ayuda internacionales, tales como la financiación proporcionada por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional bajo un “Programa de Ajuste Estructural”. Se estima que se gastaron 134 millones de dólares en la preparación del genocidio.”. Dentro de la “preparación” no podían faltar los instrumentos necesarios para llevar adelante la matanza. Linda nos lo aclara: 4,6 millones de dólares fueron necesarios para la compra de machetes, azadas, hachas, cuchillos y martillos. “Se estima que tal gasto permitió que uno de cada tres varones utus tuviera un machete nuevo”. Necesario que fueran nuevos. Eso aseguraba la rapidez y eficiencia en la ejecución de diabólico proyecto.

En las emisiones de la radio-televisión “Las Mil Colinas”, los presentadores incitaban a la etnia utu, a comerse el corazón de los tutsi muertos. Los “anclas” eran compulsivos. A cada momento, en cada instancia su voz clamaba por el exterminio. “Las tumbas todavía no están llenas”, acción.

La campaña fue persistente, minuto a minuto, hora tras hora. Era necesario sembrar más odio, más rabia, más ensañamiento.

Tal como la planificó el imperio en los años sesenta para secuestrar a cincuenta mil niños y niñas cubanos, de los que apenas alcanzó a un poco más de 14 mil, (ver Los Medios, lengua y fuego del terrorismo II, Enero, 2013), la campaña se desarrolló en Ruanda, en forma mucho más abierta e igualmente cruel y bestial.

Los periodistas del diario “Kangura”, y su director al frente, leían lo que era la cartilla necesaria para la ideologización pertinaz de los utus para que no pensaran en piedad. Se trataba de los “Diez mandamientos” perfectamente elaborados por ideólogos de la comunicación para que no se produjera, durante el proceso, intento alguno de dar marcha atrás.

La campaña mediática fue exitosa para el genocidio.

En 1994 un millón de tutsis, y utus moderados que se negaban a semejante holocausto, fueron asesinados.

Y fueron asesinados y seguían siendo perseguidos y asesinados a machetazos, porque los periodistas y “anclas” de la radio-televisora “Las Mil Colinas” no cejaban en su campaña de exterminio.

Sólo un detalle más para que conozcamos y nos demos cuenta de cuán peligrosos son los medios cuando éstos, a voluntad, o impulsados por intereses ilegítimos, toman el atajo de la violencia.

El corresponsal de El Mundo (esp.), Javier Espinosa escribe el 18 de agosto de 2002 para “Crónica”, un suplemento del diario para el que trabaja, lo que pudo ver, vivir y oír sobre el genocidio ruandés. En su crónica “Criminales entre rejas” nos relata hechos, prácticas genocidas, planes de exterminio científicamente elaborados y divulgados con apasionamiento visceral por los medios comprometidos con semejante matanza. Su desarrollo tan precisamente planificado y ejecutado, nos llena de estupor. Agrega a su trabajo, increíbles comentarios favorables a la matanza adelantada por funcionarios públicos de Ruanda que nos dejan estupefactos.

“En el seminario de Kabgayi --informa--, los niños utus elegían a los prisioneros tutsis que debían ser exterminados. (…) Durante el genocidio, más efectivo que el exterminio nazi, murieron 333 personas por hora, nos dice Espinoza. Y agrega: “el 75% de la etnia tutsi no vivió para contarlo: primero le cortaban los tendones de los pies para que no huyeran, luego las manos para que no se defendieran y, finalmente, les destrozaban el cráneo. Hoy, en cada rincón del país, siguen encontrándose fosas comunes con cientos de cadáveres apilados”. (…) Se descubrían cientos de cadáveres apilados en acequias, en letrinas o en iglesias como la de Nyamata”.

Otro comentarista internacional (no contamos con sus datos personales pero lo tomamos de Wikipedia), afirma (qué horror!), que se utilizaron las violaciones masivas, como armas para embarazar a las mujeres y acabar con la célula familiar”.

El Apocalipsis ruandés se revirtió también hacia muchos de sus ejecutores. Como en Cuba cuando se suicida el periodista dueño de Bohemia ante el acosa de su conciencia. O en el caso de la periodista María Angélica de Luigi, que aunque tarde, se presenta ante sus colegas sacrificados como una perra guevona que desconoció su sacrificio en aquella época del pinochetismo que pretendió acabar con la belleza de la lealtad.

La fiera que llevamos dentro, a veces, cae exhausta ante el imperio de la racionalidad.

Espinosa nos proporciona un ejemplo del quiebre de esa racionalidad.

El General canadiense Romeo Dallaire responsable de la misión de “pacificación” de las Naciones Unidas en Ruanda que obedecía, no a la ONU sino a Estados Unidos y Gran Bretaña, “fue descubierto en un parque en Canadá completamente borracho. Se le diagnosticó estrés postraumático y se le dio la baja en el Ejército canadiense. (…) El canadiense, que consume nueve pastillas diarias para “vivir con sus memorias”, sentencia: “No se puede escapar del olor… del sonido de los perros comiéndose los cuerpos humanos durante la noche”.

I I

¿Por qué el genocidio en Ruanda, que es el mismo genocidio que pretendió Estados Unidos para Chile, para Venezuela en 2002, el holocausto en Los Balcanes, (1999), Libia (2012), ahora siria e Iran en la mira?

Google, en comentario “Genocidio en Ruanda”, nos abre un camino, de muchos, para conocer las razones del por qué de semejante exterminio. El sub-suelo de África Central, nos dice, contiene enormes yacimientos de cobre, cobalto, zinc, plata, diamantes, uranio, cadmio, coltan y otros minerales raros, pero por sobre todo concentraciones de oro en cantidades excepcionales. (…) Las grandes concentraciones de oro (18kg/oro fino por tonelada) es un factor más para comprender el insolidario comportamiento de algunos países occidentales, que podrían haber priorizado su competencia para controlar los ingentes recursos naturales de la zona a las vidas humanas”.

En párrafo aparte observa Google:

“La horrible masacre de 1994 en Ruanda en la que perecieron un millón de tutsis (destacado de Google), fue impulsada y luego permitida por las potencias extranjeras presentes en la zona, que en vez de intervenir y parar la matanza, retiraban sus tropas bajo el pretexto de “no ingerencia”. La primera embajada en abandonar Ruanda, fue la de Estados Unidos, nos dice Wikipedia. Pero el retiro será simbólico. (…)

“Estados Unidos, durante el genocidio, puso todo tipo de impedimentos a las Naciones Unidas para poder actuar de forma decidida y enérgica y poder así parar el conflicto”. (…) Cuando se le preguntó a un miembro de la Administración Clinton por la asistencia masiva de Estados Unidos al gobierno ruandés, éste respondió que “será necesario establecer un régimen militar muy potente en la región de Los Grandes Lagos para imponer soluciones militares a los conflictos”.

El imperio estadounidense es el dueño de las armas.

Los países a los que ha querido someter el gringo, y que también han sometidos, son los dueños de las materias primas.

El gringo no se siente completo sin la posesión de las riquezas de todo el mundo.

Para estos asuntos, sólo Dios sabe lo que están haciendo y lo que no dejarán de hacer, así produzcan matanzas en cualquier rincón del planeta.

El Destino Manifiesto los impulsa y los protege.

Periodistas, “anclas”, dueños de medios obedientes al imperio: Venezuela está en la mira…

…Pero ustedes no están exentos…!

JR Izquierdo
[email protected]
Del libro, “Los Medios, lengua y fuego del terrorismo”, en proceso.

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