Los medios privados y su complicidad en el sostenimiento del Statu Quo

Desde 1958, los medios de comunicación privados, con la anuencia de los factores políticos conservadores AD y COPEI, procuraron junto al aparato militar, institucional, empresarial, mantener a toda costa el Stablisment. Los medios llegaron a ser tan poderosos durante este período, que el poder político llego a subordinársele. En diversas ocasiones los partidos políticos operaron como vulgares títeres o ventrículos de la maquinaria mediática.

Eleazar Díaz Rangel, cofundador y primer presidente de la Federación de Periodistas de América Latina (FELAP), al respecto sostiene: “El venezolano se guiaba, se orientaba, su conducta electoral por los medios de comunicación, y su vocación se distribuía entre el candidato social demócrata (AD) y el demócrata cristiano (COPEI) y eso se estuvo repitiendo durante varios ciclos, en diversos períodos constitucionales. De manera que era determinante la influencia de los medios en la conducta electoral del venezolano” (Díaz, R; Encuentro Latinoamericano; 2008; p.15).

Precisamente el aparato comunicacional, se encargó durante décadas, de ocultar la realidad social y disfrazar con su poder mediático el mal manejo político y moral de los gobiernos adeco-copeyanos. In visibilizaron la entrega del país a los intereses norteamericanos.

Los millones de barriles de petróleo que la antigua PDVSA entregó a través de Gustavo Roosen, Sosa Pietri y Luis Giusti a EEUU, las innumerables barras de oro que sustrajo fraudulentamente Pedro Tinoco del Banco Central de Venezuela (BCV) y trasladó al Chasse Manhatan Bank, la complicidad de los empresarios con las transnacionales, las desapariciones forzadas, las torturas, los crímenes y masacres cometidas contra estudiantes, obreros, campesinos, organizaciones de izquierda, la corrupción reinante durante los gobiernos guanábanas, constituyen sólo algunos de los hechos silenciados por los dueños de los medios.

El ejemplo más emblemático se puede palpar en la censura efectuada contra el ex presidente Luis Herrera Campins, quien eliminó la publicidad de licores y cigarrillos de la pantalla chica y de los medios impresos y sonoros. Esta decisión por demás acertada, derivó en el veto impuesto al dirigente copeyano por las grandes corporaciones de comunicación. Nunca más saldría en los rotativas ni en las televisoras.

Otro caso similar de censura, fue el que realizaron contra el ultraderechista Alejandro Peña Esclusa, quien afirmó que la Organización Cisneros estaba asociada al negocio de las drogas. La revista Resumen, dirigida por Jorge Olavarría, en junio de 1974, le dedicó una amplia entrevista. Hace 10 años, en el marco del golpe de estado de abril de 2002, Peña Esclusa participó en el asedio a la embajada de Cuba, por esta acción, los Cisneros olvidaron el pasado y lo premiaron con sendas entrevistas en diversos programas de opinión.

Por el contrario, los medios que se apegaron a la ética periodística y que publicaron informaciones veraces y oportunas fueron perseguidos, cerrados o vetados. El tabloide El Nacional, dirigido por el insigne novelista y dirigente político de izquierda Miguel Otero Silva, publicó los numerosos atropellos del cual fueron objeto dirigentes sindicales, obreros, estudiantiles, en la década del 60. Así mismo denunció las desapariciones forzadas llevadas a cabo por los gobiernos social demócratas y social cristianos. Su posición crítica conllevó a que sectores de derecha, empresariales y comerciales, sacaran su publicidad del impreso con la intención de llevarlo a la quiebra.

Numerosos periódicos progresistas, también sufrieron el atropello inclemente de la policía política. Reventón, Tribuna Popular, Basirruque, entre otros, fueron asediados permanentemente por los gobiernos represivos de entonces. El 23 de octubre de 1960, naciendo apenas la “democracia”, se allanó el semanario “Izquierda”. La Digepol detuvo y acusó al profesor universitario Humberto Cuenca, al periodista Rafael José Muñoz y al estudiante Ángel Farazo, por publicar una editorial que cuestionaba la represión del gobierno de Rómulo Betancourt.

Hoy afortunadamente los medios privados no cuentan con el apoyo irrestricto del gobierno, sin embargo, a diez años del golpe de estado de abril de 2002, los mal denominados medios de comunicación social en Venezuela, siguen alimentando mediante sus televisores, rotativos, radios, digitales y redes sociales el odio contra el pueblo venezolano, desdibujando sus raíces históricas y culturales y reproduciendo el pensamiento de la burguesía y de la sociedad occidental, usando como arma mortal sus telenovelas, realty show, películas, noticieros, programas matutinos, vespertinos, manchetas, editoriales, etc, cargados de antinacionalismo y antipatriotismo.

Ayer fueron aliados circunstanciales de los gobiernos de turno (AD y COPEI) ocultaron toda la podredumbre, asesinatos y hechos de corrupción que estas organizaciones políticas en complicidad con ellos y los dueños del capital accionaban. Hoy conspiran sistemáticamente ocultando los logros y avances del gobierno nacional, develando sólo sus fallas y errores. Hablan de ser veraces y equilibrados cuando en el fondo, llevan una sola línea editorial, mellar y acabar con un proceso que se plantea tímidamente cambiar los destinos de la República.

Entre tanto, al gobierno pareciera costarle entender que con esos medios alienantes y enajenantes (Venevisión, Televen, Globovisión, La Tele; entre otros) no es posible transformar nuestra sociedad, por el contrario, con ellos se legítima los códigos, símbolos y patrones culturales, ideológicos, económicos, del sistema capitalista y de sus operadores: la burguesía.

Ya el destacado filósofo Ludovico Silva, lo sostenía en su obra Teoría y Práctica de la ideología, 1971, “los medios de comunicación social en Latinoamérica, constituyen más que el sistema educativo y religioso, el genuino instrumento ideológico de que sirve el capitalismo monopolista-imperialista para perpetuar la dependencia en las cabezas mismas de los neocolonizados” (Silva, L; 1971. P. 153).

Los medios de comunicación privados en Venezuela forman parte de uno de los aparatos ideológicos más poderosos con que cuenta la burguesía para sostenerse, sustentarse y legitimarse. Es hora de derrotar el reformismo, enterrar la ambigüedad y plantearse una revolución verdadera con la construcción de un nuevo sistema educativo, cultural y comunicacional.

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