Alberto Nolia y Mario Silva

No es nada fácil ni agradable, hablar de estos dos comunicadores, uno periodista y otro forjado en los medios, lo que nos obliga a ser muy cautos sobre lo que vamos a decir, sencillamente se trata de ver las cosas en función de los aportes al proceso revolucionario, las etapas de éste y las especificidades que le corresponden a cada uno de ellos.

Creo que siempre hay cosas que decir y otras que aunque no se digan quedan allí, lo importante es no desfigurar la labor que realizan ambos, hay quienes aseguran que ambos son comunicadores de lo duro, de los que otros no se atreven a decir, y creemos que es totalmente cierto, otros sin embargo, difieren de lo anterior en solo una cosa, el adolecimiento del eufemismo como manifestación suave y decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante. Ahora bien, el presente trabajo no es juicio y lo producimos a raíz de cierta opinión, de que la labor realizada se encuadra en el concepto de Etología que engendra el carácter y ciertos comportamientos del ser humano, eso se respeta y acepta o solo se respeta, como por ejemplo el uso de la grosería, si nos vamos a la etimología (origen de las palabras), nos preguntamos acaso no es el pueblo que las inventa y se convierten en uso y desuso en normalidad comunicativa, todo entonces deviene en que su uso sea pertinente y no un desaguisado gramatical. Al respecto conozco camaradas que no están de acuerdo con el uso de groserías, generalmente es por tradición familiar o educativa. Fíjense que si nos vamos al significado en el diccionario de la palabra Grosero: Basto, ordinario y sin arte. Descortés, que no observa decoro ni urbanidad, podemos inmediatamente decir, que no podemos calificar de todo lo que encierra el concepto a quien las utiliza en un medio de comunicación.

Notablemente, hay grandes diferencias entre los que usan la grosería como parte de lo que dicen o justifican, un ejemplo de ello, fue la dicha por el opositor Félipe Mujica cuando le mentó la madre al presidente, la expresión corporal en este caso fue signo de odio medida en términos de la palabra utilizada.

Escribiendo esto, me entra la duda en la pertinencia o no, inmediatamente se me ocurrió llamar a dos camaradas, uno critico acervo de Mario y otro de Nolia, ambos de intensa calidad revolucionaria casi desde que nacieron y hace bastantes años como los míos y lo primero que me preguntaron cual es el objeto de hacerlo; precisamente los llamo para preguntarles y me salen con la pregunta que les hago, les faltó preguntármelo por ejemplo, para que carajo escribes eso. Al conocerme, fueron cautos y me sugirieron que no utilizara el escrito para atacar, por el contrario, para defender, cosa que estuve de acuerdo, no es hora sino de enaltecer a quienes en una forma u otra defienden la revolución y a los cuales considero revolucionarios hasta que no demuestren lo contrario.

El problema del estilo en un programa de televisión tiene mucho que ver con lo personal del individuo que forja una comunicación con la gente y si el asunto es para desentrañar a factores políticos que hacen juego en el país, eso está muy bien, nunca he criticado a Mario, le he dicho cosas, ya depende del como lo tome y asuma, de Nolia lo único que siempre me ha preocupado es la discontinuidad en su presencia ante las cámaras, tendrá sus razones y las respeto. Ahora bien y para terminar, les aseguro que en esta hora del proceso, hay que duplicar la presencia de programas llenos de nobleza revolucionaria y con ejemplar conducta que permita definir estadios posteriores, el enemigo no descansa, lo sabemos, por tanto, programas con estos y otros comunicadores al frente deben continuar sin perder de vista cada momento histórico que se asuma.


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