¿Para que sirve el CNP?

Una de las instituciones del país que abandonó su pasado histórico y su acento gremialista unido a su espíritu reivindicativo y social es el Colegio Nacional de Periodistas (CNP).

La institución nacida bajo las luchas de la dictadura inspiradas por su pionera la Asociación Venezolana de Periodistas (AVP); matriz y raíz a las cuales debería volver el CNP, para dejar de ser un simple cascaron y una cúpula que se resiste a morir, como la reelecta recientemente por una pírrica mayoría.

Su estructura sólo sirve hoy de refugio a unos cuantos títeres y empresarios de la comunicación, quienes se empeñan en frenar sus luchas y obstruir la misión del Colegio ( a la orden de la Cámara Venezolana de Radio y TV, la SIP y los grandes medios de comunicación).

Justamente ello ocurre, porque la lucha gremial que dio origen al CNP fue precisamente contra este enemigo histórico, siempre unido a los más oscuros intereses nacionales y transnacionales, en función de sus objetivos materialistas y económicos los cuales convirtieron a la noticia en una mercancía (ver el “Imperio de la Noticia” de Héctor Mujica).



Pasearnos por los antecedentes de los gremios periodísticos en Venezuela es observar, a la luz de la historia, el verdadero rol de los periodistas quienes inspirados en la artillería del pensamiento, soñaban con una Venezuela independiente, libre, soberana y con una formación profesional al servicio de la nación.

Es por ello que hoy la institución gremial debería reestructurarse, declararse en proceso constituyente para buscar una auténtica renovación, inspirada en la más pura esencia de la vocación y norte del gremio periodístico.

El CNP debe volver a sus orígenes, a sus raíces y a los principios de la ética consagrados en el Código de la desaparecida AVP. Es bajo esta asociación gremial donde surgieron los verdaderos logros para los periodistas y que luego se prolongarían en el tiempo.

En relación a este aspecto es bueno retomar la historia y recordar reflexiones unidas al periodismo, como las expresadas por el desaparecido luchador gremial y brillante periodista, Manuel Isidro Molina (padre), en su obra “¿Qué es lo que aspiramos a renovar?. Era la época de la reestructuración de la Escuela de Comunicación Social de la UCV, en la década de los setenta (octubre de 1972) y uno de los frutos y resultados más exitosos de las luchas de la AVP junto a la Ley del Ejercicio del Periodismo (en espera de una nueva modificación).

En el capítulo VII titulado “La docencia y el gremio”, Manuel Isidro Molina (padre) señalaba: “La Asociación Venezolana de Periodistas, desde los primeros tiempos de la Escuela, ha mostrado preocupación en este sentido. En el Estatuto vigente de la AVP, así como en el Proyecto de Ley del Ejercicio del Periodismo ( )…, se señala entre las funciones propias del periodista profesional, tanto “la docencia en cátedras técnicas” como la “dirección de trabajos de investigación sobre la comunicación social…” reto importante para el periodismo venezolano de nuestro tiempo.

Fue en esa época (décadas de los 60 y 70) cuando se visualizaba una carrera del periodismo más amplia y acorde con los cambios que se asomaban y se veían venir, en el campo de la comunicación y que hoy se han tecnificado y modernizado (tv, radio digital, periódicos virtuales, satélites, internet, etc.).

Uno de los problemas del CNP (y que arrastra lo que queda hoy como institución) es que se fue desvirtuando su función y sus objetivos. Los propios periodistas (nos contamos) fuimos abandonando esta trinchera de lucha para dejarla en manos de mercenarios, quienes orientaron el Colegio a intereses ajenos a la profesión e inclinados más bien, hacia los intereses políticos de la derecha con un profundo sentido mercantilista y comercial.

El cascaron existente de los CNP que aún existen en todo el país (con raras excepciones) se convirtió en casas o seccionales de partidos políticos y en agencias de empleos (especialmente en la IV República y de los grandes medios de comunicación) recibiendo órdenes directas de los citados dirigentes y sin ninguna vinculación con los nuevos profesionales de la comunicación.

Ante la nueva realidad y la llegada de la Revolución Bolivariana, todos los gremios (incluyendo el CNP) pasaron a ser gigantes dormidos o elefantes blancos, inspirados en recuerdos y sueños imposibles; mientras la gran mayoría, quienes no se sienten representados, sobretodo los nuevos profesionales, se autoexcluyeron.

La crítica, la autocrítica y su sentido de lucha por la reivindicación desaparecieron y muy al contrario dejaron de ser un eficaz instrumento revolucionario, al no interpretar los cambios que se desarrollan actualmente en el campo de la comunicación en nuestro país y en el mundo.

La sindéresis nos llama a no pretender convertir al CNP en un instrumento del Gobierno, ni tampoco de los partidos de oposición. Debemos más bien darle un impulso como instrumento revolucionario, como un espacio para el verdadero sentido de lucha.

El CNP debe ser un instrumento para rescatar el respeto por la profesión, la integridad, la seriedad, la estabilidad laboral, la capacitación y la lucha por la verdad; objetivos que siempre han motivado y caracterizado a los periodistas a través de la historia.

¿Para que sirve un CNP?; entre otras cosas, para contar con un instrumento de lucha, para buscar la verdad y sus raíces, para el debate permanente y foro en la búsqueda de solución a los graves problemas sociales y gremiales, para enarbolar las banderas de una auténtica revolución y para dignificar a los periodistas en la conquista del respeto que nos merecemos como profesionales.

En resumen; el CNP debe servir para impedir que nuestros usuarios y usuarias a quienes nos debemos, no sigan siendo manipulados por los mercaderes de la información y finalmente, para evitar ser utilizados como tontos útiles o serviles a los enemigos históricos de la revolución, quienes siempre han tratado de impedir la independencia, la libertad y la solidaridad entre los pueblos del mundo.

 


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