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Los venezolanos que suscribimos este documento, entendíamos que “La Hojilla y La Lámpara de Diógenes” eran no solo un instrumento poderoso para el ejercicio de la contraloría social; no solo una creación pedagógica para señalar, sobre la marcha, la formación de destructivas matrices de opinión contrarrevolucionarias; no solo una herramienta para desmantelar las expresiones fascistas de los medios de comunicación en manos de la oligarquía; no solo una barricada contra el golpismo; no solo una trinchera de lucha de los bolivarianos, sino también y fundamentalmente, un hecho comunicacional para combatir a otro hecho comunicacional perverso como era y es, el ejercicio del periodismo al servicio de intereses culturales, económicos y político-partidistas que excluían y excluyen a las necesidades, sueños, expectativas y expresiones culturales y organizativas de la otra Venezuela, la de los humildes. Entendíamos que se trataba y se trata de la confrontación histórica, de la confrontación de siempre entre aquellos que todo lo han tenido y los otros, las mayorías que habían oído que existía una internet, que sospechaban que habían unas microondas todopoderosas, que miraban a distancia “sábado sensacional”. Mayorías que parecían sometidas por la magia de la pantalla y que, por fin, se empinaron sobre sí mismas para convertirse en los protagonistas de su propia historia. Los venezolanos que suscribimos este documento, así lo entendíamos. Pero ahora y de repente, “La Hojilla y La Lámpara de Diógenes” ya no están. Esto constituye un toque de diana que pone nuestras fibras en tensión. No pueden convencernos de que su aniquilamiento se debe a chismes e intrigas entre sus integrantes. Así como no pueden evitar que vinculemos esta situación con el acoso que experimentan otros programas que se han constituido en espacios para la denuncia y para la manifestación genuina de lo más auténtico de nuestro pueblo pobre. Ahí está. cada vez con menos posibilidades y recursos, los esfuerzos comunicacionales de las camaradas Lina Ron, María De La Paz Higuera y Ricardo Durán Ahí están la banalización de los noticieros y la elitización de los espacios de opinión (¿Desde cuando, líderes populares no emiten opinión en vivo en estos programas?). Ahí están las radios alternativas, cada vez menos abiertas para que las comunidades divulguen sus planteamientos y el resultado de sus luchas, para que se comuniquen entre sí, para intercambiar sus experiencias y sus logros, para conectar las diversas expresiones culturales, para hacer de Venezuela un solo escenario de discusión solidaria. Nuestros medios tienen que ser el camino para el diálogo de multitudes, para conocernos, para mirarnos, para alimentar nuestra conciencia de nación. En este momento sentimos que los medios del estado es decir nuestros medios, y muchos medios alternativos, no están sirviendo a este propósito. Es el momento entonces de preguntar y de preguntarnos en voz alta, ¿Cuál es la política comunicacional del gobierno bolivariano? Aceptamos la necesidad de expandir la plataforma tecnológica del canal 8 y de la Radio Nacional, compartimos con espíritu de patria grande la creación de TELESUR, nos entusiasma el crecimiento de la producción independiente y apoyamos la democratización del espacio radioeléctrico mediante la creación de muchas otras emisoras, pero creemos firmemente que nada de esto puede servir de excusa para hacernos saber que esos medios ya no nos pertenecen, que la palabra de los humildes ya no tiene cabida en ellos, que los líderes populares tienen que volver a sus escenarios naturales: las escaleras de nuestras barriadas. Por el contrario, estamos convencidos de que esa tecnología, esas nuevas emisoras y esos nuevos productores independientes tienen que ponerse al servicio de las causas populares. Lamentablemente, nuestra percepción es que estamos en presencia de una burocracia instalada en los centros de poder que promueve la transformación del canal 8 en una CNN cualquiera. Una burocracia que necesita imponer otros esquemas de comunicación para satisfacer sus propios intereses. Mucha tecnología de avanzada y mucha modernización, pero tenemos que pagar el costo de la desaparición de los espacios en los cuales el pueblo se haga presente con su mensaje “populachero e indecente”. Entendemos que en este momento, en que tantas cosas están en juego, se necesita que los líderes populares retomen estos escenarios y para ello, en legítimo ejercicio del poder que la constitución nos otorga, solicitamos la rectificación necesaria. Para ello, y mediante este manifiesto público avalado por la firma de compatriotas indignados, exigimos al Ministro Andrés Izarra, responsable fundamental de la política comunicacional del gobierno revolucionario, la apertura de espacios de diálogo con las organizaciones y líderes populares, con el único propósito de restaurar el carácter revolucionario y bolivariano del canal 8, de YVKE mundial, de Radio Nacional y todos los medios alternativos.
¿Cómo implementar este diálogo? ¿Dónde conversar? ¿Cuándo hacerlo? No va a ser fácil dar este paso. Pero ¿Qué ha sido fácil para este pueblo? En Abril del 2002, lo hicimos: parecía un imposible. La Navidad del 2003, se nos hizo inolvidable, porque había que hacer un milagro: lo hicimos. La guarimba parecía incontenible y había que imponerse sobre ella: lo hicimos. El referendo tenía que ser una sólida demostración de poder popular para lograr lo que logramos: lo hicimos. Ministro Izarra, este pueblo no conoce imposibles. Se trata de iniciar un diálogo entre camaradas: inténtelo.
En espera de pronta respuesta y alta receptividad a este planteamiento, se despiden de Ud.
Atentamente,
Rafael Ignacio Cabrices
Director General
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