Los medios de comunicación como actores políticos

LA COMUNICACIÓN Y LOS MEDIOS

La comunicación es un proceso de interrelación entre dos o más personas, donde se trasmite un mensaje codificado a través de un emisor hasta un receptor que decodifica la información. Para que el proceso pueda ser considerado cómo comunicación efectiva es necesario se produzca una bidireccionalidad, es decir,  el proceso de la comunicación: emisor - mensaje - receptor será bidireccional cuando el receptor logra codificar el mensaje, lo interpreta y lo devuelve al emisor originario, quién pasará a ser receptor.           

La comunicación tiene funciones importantes entre las cuales se encuentran:

·         Informativa: tiene que ver básicamente con la trasmisión y recepción de información. A través de la información se le puede suministrar a los seres humanos todo un caudal de experiencias sociales e históricas, también puede proporcionar la formación de hábitos, habilidades y convicciones. En ésta función el emisor influye en el estado mental interno del receptor aportándole nueva información

·         Afectiva-valorativa: el emisor otorga al mensaje una carga afectiva de sí mismo estableciendo una imagen tanto de sí mismo, cómo de los demás individuos

·         Reguladora: tiene que ver con la regulación de la conducta de las personas respecto a sus semejantes

Medios de Comunicación:

La comunicación es muy importante en la vida de los seres humanos, a lo largo de la historia de la humanidad el hombre ha creado diversos medios de comunicación, los cuales son muy variados y útiles. Con los avances tecnológicos se ha logrado contar con sistemas de comunicación más eficaces, de mayor alcance, más potentes y prácticos. 

Hoy en día, los medios de comunicación constituyen una herramienta persuasiva que permite mantener en continua comunicación con los distintos sucesos sociales, políticos y económicos tanto a escala nacional como internacional.

RELACION MEDIOS Y POLÍTICA

Existe un severo conflicto a nivel mundial entre las organizaciones políticas y los medios de comunicación. El debate gira en torno a dos aspectos: la responsabilidad sobre los efectos de la comunicación política en la formación del comportamiento social de los ciudadanos, y las funciones y roles que ambos sectores deben cumplir en una sociedad organizada.

El debate sobre los efectos:

El debate sobre los efectos de la comunicación política y el de la influencia eventual de los individuos y las organizaciones sobre la voluntad política de los ciudadanos, resulta una tarea polémica ya que mientras abundan las teorías y las hipótesis de uno y otro signo faltan las evidencias científicas que permitan demostrarlas.

En este sentido nos enfrentamos a dos corrientes opuestas que discuten si los grandes medios comunicacionales influyen o no en el comportamiento político, ¿con cuál grado lo hacen y con qué consecuencias?

El debate sobre los efectos tanto en teoría funcionalista como en la teoría estructuralista se fundamenta en el paradigma sobre las estructuras y funciones de la comunicación de masa. El paradigma presume que toda comunicación genera efectos, sin embargo los resultados de los estudios realizados evidencian que los procesos de comunicación se producen de manera más eficiente y realista a partir de cadenas de liderazgos de opinión y no por el efecto directo de los medios sobre las masas y que las personas tienden a seleccionar la información a través de sus creencias y sus relaciones preestablecidas con su entorno y no por el influjo de la propaganda, con lo cual se concluyó que los medios tenían un impacto limitado sobre las masas. Estás conclusiones dieron origen a la teoría de efectos limitados en la que se le asigna a los medios un rol neutro en la formación de actitudes políticas.

Las críticas a estas teorías se basaban en que sus investigaciones estaban enmarcadas en formación de fenómenos sociales de corto plazo. Las próximas investigaciones se llevaron a cabo sobre fenómenos a largo plazo, es decir, aquellos que inciden en la socialización, la creación de estados o climas de opinión y los cambios culturales y de valores. En las década de los setenta surgen teorías cómo: “la mayoría silenciosa”, “la fijación de la agenda” y “la espiral de silencio”.

La teoría de la mayoría silenciosa o ignorancia pluralista plantea que todos tenemos opiniones más o menos sobre la mayoría de los temas pero no las emitimos ni nos provocan actitudes hasta tanto los medios de comunicación nos los exponen al debate público. Como consecuencia, los medios de comunicación serían capaces de poner un falso consenso social sobre las mayorías.  

La teoría de la fijación de la agenda concluye que aunque los medios no inciden directamente sobre un masivo impacto de conductas, sí establecen los temas prioritarios de discusión pública a partir de sus propios intereses económicos, políticos e ideológicos, como consecuencia la gente tiende a discutir, generar actitudes y asumir conductas a partir de los temas que los medios ponen de moda. Los medios establecen no sólo los temas importantes sino que deciden también lo que no es. La fijación de la agenda tiene una característica importante en los dos sectores que se involucran en la relación, el sector político demanda constante atención de los medios para darle prioridad a temas de su interés; los medios negocian su capacidad de fijar la agenda a cambio de sus propios intereses económicos o ideológicos.

La teoría de la espiral del silencio parte de que los seres humanos se encuentran en constante temor de quedar socialmente aislado por lo que está pendiente de anotarse en las corrientes dominantes y se reprime cuando sus opiniones son contrarias a la mayoría. Los medios se constituyen en el referente más importante en el que la gente deja que se decida cuales son los temas de la mayoría. Los medios tienen el potencial de orientar la opinión pública tanto en los temas, como en su elección, intensidad y dirección; así como determinar lo que es creíble o no, lo que es prestigioso o no, lo que es respetable o no. Los políticos se sienten con frecuencia de que no son sujetos de su propio albedrío sino que son víctimas de la voluntad de los medios. 

El debate sobre las funciones:

El debate sobre los efectos de la comunicación y los medios en la conducta política de los individuos devino a una segunda discusión.  Ahora la polémica se basa sobre la responsabilidad que tienen los medios en la promoción de los cambios y en la preservación de un determinado orden social. Los estructuralistas conducen la discusión hacia la cuestión de la propiedad, del impacto del desarrollo tecnológico sobre lo ideológico y de la expansión del poder público económico y social de los medios. Los funcionalistas proponen que el orden social sólo puede ser explicado a partir de la noción de la aceptación general de un conjunto de valores que se manifiesta a través de la legitimación de las normas institucionales.          

Los puntos de fricción entre el sector político y los medios de comunicación se producen desde diversos puntos. El más reiterativo es sobre la cuestión de la orientación valorativa de los contenidos comunicacionales, referidos específicamente hacia el mantenimiento del orden social y a la promoción de cambios institucionales en orden. Temas como la violencia, la moral pública, la preservación del medio ambiente, las igualdades sociales, entre otros, son objetos de constantes discusiones. 

Los medios alegan usualmente que la orientación de sus contenidos la determina la demanda de su audiencia en un esquema de libre competencia, mientras que el sector político critica los contenidos comunicacionales, especialmente los televisivos, su tendencia al escándalo, al reduccionismo conceptual y a la generalización valorativa que impide que el público discrimen entre que es lo bueno y constructivo para la preservación del orden social y lo que no lo es. Otro punto de fricción se encuentra en lo que debe ser los límites espaciales de los roles y lo que deben ser las funciones. El funcionalismo espera que los medios cumplan con una función meramente instrumental y subordinada a las funciones políticas, es decir, que los medios se encarguen simplemente de informar objetiva y verazmente sobre los hechos que ocurren en la sociedad, sin tomar parte en su planificación, desarrollo y búsqueda de consecuencias ya que éstas son funciones políticas. Para el sector político, se está desarrollando un proceso de suplantación de funciones por parte de los medios ya que estos se convierten en grupos de presión.

Los medios consideran que las premisas de libertad especialmente la libertad de expresión y del control social sobre actores políticos se antepone a las funciones mismas lo que ha dado pie a que los medios asuman posturas críticas, sustituyendo la simple narración de los hechos por una actitud vigilante, supervisora, normativa y beligerante.

Debate Sobre la Legitimidad de las Organizaciones Políticas:

Uno de los factores que ayuda a mantener vivo el conflicto entre la usurpación de funciones de los medios de comunicación social se sustenta en los desajustes que se producen en el funcionamiento del sistema político. La permisividad con el manejo de la administración pública y la incompetencia de las instituciones políticas para satisfacer las demandas populares. El desarrollo tecnológico ha permitido masificar el acceso a la información y con ello una perspectiva política cuya legitimidad se fundamenta en el cumplimiento de expectativas y por el logro de beneficios concretos. Los estudios realizados indican que la televisión ha puesto al ciudadano común en contacto con el mundo político real bajo un nuevo esquema de articulación de intereses. Es el pueblo a través de la televisión que asume la función de control sobre el sistema político. Sin embargo, existe la tendencia de que los medios resalten lo escandaloso, y no siempre está claro cuál es la motivación de los medios.  

LOS MEDIOS Y LA POLÍTICA EN VENEZUELA

Diferentes autores coinciden en reconocer el rol político que juegan los medios de comunicación, especialmente en el contexto de los países latinoamericanos en los cuales se han vivido recurrentes crisis políticas. La debilidad de los partidos políticos, sindicatos y otras organizaciones sociales deja entender a estos actores que su posibilidad de intervención en la vida política se encuentra íntimamente relacionada al sector mediático. Ciertos asuntos de interés público pueden ser catalizadores para la construcción de las alianzas tácticas entre políticos y activistas sociales por un lado, y medios de comunicación y periodistas por el otro. Esto ocurre porque los medios juegan a un rol político en el cuál determinan quién puede hablar sobre cuál tema, es decir, “la agenda setting” o fijación de la agenda. Se ve acrecentada en la medida en que la dirigencia política tiene menos mitin en la plaza o en la calle, y mucho más aparición en los espacios mediáticos. La pantalla de televisión pasa a ser la plaza pública donde se discute la agenda política del país.

Desde que el Presidente Chávez asumió el poder, la vida política del país se ha caracterizado por una intensa polarización, donde la presencia de los medios en la escena política venezolana ha jugado un rol protagónico. Ejemplos hay muchísimos: en el año 2002 específicamente el 11 de abril, fue el desenlace de una febril campaña mediática donde El Nacional señalaba que “La batalla final será en Miraflores”.

Debemos recordar el contexto: en el 2001 el gobierno había promulgado 49 leyes habilitantes dentro de las cuales las más importantes eran la Ley Orgánica de Hidrocarburos, la Ley de Pesca, la Ley de Tierras y Desarrollo Agrario, entre otras. El ambiente político se caldeó seguidamente con una oposición política muy activa, donde las figuras principales no eran de los partidos políticos opositores, sino la Iglesia Católica, Fedecamaras, la CTV, y los medios de comunicación privados. 

El 11 de abril del 2002 una gran marcha de protesta contra el gobierno convocada por los opositores inicialmente debió haber sido en las inmediaciones de PDVSA en Chuao, pero fue intencionalmente desviada por sus organizadores hacia las inmediaciones del palacio de Miraflores, donde se encontraban reunidos los seguidores del Presidente Chávez y según el diario El Nacional se produciría la batalla final. 

El desenlace fue un golpe de estado contra las instituciones democráticas representadas por el gobierno del Presidente Hugo Chávez, aunque sólo duró 48 horas aproximadamente. Pero que en las inmediaciones del Palacio de Miraflores dejaron 19 personas muertas por francotiradores, que en un primer momento las cadenas de radio, televisión y prensa opositoras al gobierno nacional, rebotaron por la prensa internacional había sido una masacre llevada a cabo por Chávez y sus afectos los Círculos Bolivarianos.

La Cadena televisiva Venevisión y su periodista, quienes mostraron las imágenes de “los pistoleros de puente llaguno” obtuvieron el galardonado premio Rey de España por el video que dio vuelta al mundo entero con las imágenes de los “bolivarianos asesinos”. Posteriormente el trabajo investigativo del periodista Ángel Palacios  con su documental Puente Llaguno Claves de una Masacre, puso en evidencia que todo fue producto de una acción mediática en busca de un golpe de estado que derrocara al Presidente legítimamente electo por los venezolanos, y detener el proceso de cambios que se lleva a cabo bajo la bandera de la Revolución Bolivariana.

Posteriormente ha habido muchos otros casos noticiosos que son usados por los dueños de los medios de comunicación privada para su manipulación política, entre ellos el fin de la concesión de la señal radioeléctrica el 27 de mayo de 2007 que mantuvo durante 59 años RCTV canal 2 y unos de los principales protagonistas de la manipulación mediática en Venezuela. En los tiempos actuales podemos destacar el caso de Globovisión y el Banco Federal, donde los intereses del dueño se confunden con los intereses difusos de los televidentes, cuenta-ahorristas, periodistas, y publicistas, entre otros. Pero el caso que es objeto de éste artículo es nuevamente el diario El Nacional y la publicación de una foto de cadáveres en la morgue de Caracas hace unos días atrás.

El 13 de agosto de 2010 el diario El Nacional abre con su página principal con una foto con imágenes repudiables de la morgue de Caracas, y su titular decía “15 millones de armas ilegales hay actualmente en el país”. La noticia había sido preparada desde antes puesto que la foto no se corresponde con la fecha de su publicación, siendo estas tomadas en el año 2006 según las fuentes oficiales. Lo asombroso del asunto es que en posteriores declaraciones del editor del periódico El Nacional Miguel Otero a la cadena televisiva CNN admite que las referidas fotos fueron estratégicamente publicadas por las cercanías de la campaña electoral, y para generar un shock en la opinión pública.

Es evidente que las acciones llevadas a cabo por EL Nacional y su dueño Miguel Otero, son una provocación más con miras a la generación de una desestabilización de la gobernabilidad en el país, tratando de convulsionar el estado de tranquilidad con que debería transcurrir la campaña electoral, como el mismo editor admite ante CNN. Además de trasgredir una vez más las disposiciones de la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión. 

Desde esta tribuna nos preguntamos, ¿Es el Nacional un periódico o un partido político? ¿Será posible que la agudización, ya cantada, de la guerra mediática logre nuevamente y sin ningún castigo, alterar la tranquilidad y civilidad de los venezolanos en el ejercicio de sus derechos democráticos y constitucionales?

Gracias a Dios en Venezuela hay medios alternativos, donde la realidad puede ser contrastada a la opinión que se genera en los medios privados de comunicación.

harrysvelasquez.blogspot.com
 

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