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Londres, 11 mar (PL) El gobierno laborista británico enfrenta hoy una rebelión dentro de las filas del partido en el poder contra una iniciativa de rearme nuclear, centrada en la modernización del sistema estratégico Trident.
De acuerdo con la cadena de radio y televisión BBC, en la votación del próximo miércoles en la Cámara de los Comunes, 64 de los 101 diputados laboristas podrían pronunciarse contra la modernización del armamento estratégico.
Un sondeo de ese medio de prensa revela, además, que sólo 22 parlamentarios del partido gobernante apoyarían la creación de una nueva versión de los submarinos Trident y de los misiles nucleares a bordo de esas naves.
Otros 15 legisladores laboristas indicaron que aún estaban indecisos sobre el espinoso tema que en un principio el Gobierno prometió llevar a un proceso de profunda discusión, el cual ahora pretende obviar.
En ese sentido, el secretario ministerial Jim Devine declaró a la BBC que podría presentar su renuncia, antes de la votación en el órgano legislativo sobre el programa que dedicará cerca de 40 mil millones de dólares al desarrollo de ese sistema en las próximas décadas.
Por su lado, Kate Hudson, del grupo antinuclear británico CND, consideró que otros miembros del gabinete del primer ministro Tony Blair podrían renunciar, a causa de los planes de rearme atómico.
Muchas personas sienten que el ejecutivo aceleró la votación, sin una etapa de consulta previa, como había prometido para este año, consideró Hudson.
Los planes del Gobierno de mantener de la referida forma la capacidad de disuasión nuclear chocan con sus reiterados llamados a naciones como Irán para poner fin a sus planes en materia de explotación del átomo.
Teherán defiende el carácter pacífico de su programa nuclear, frente a las acusaciones de Washington de que intenta el desarrollo de armas de destrucción masiva y a las presiones para que suspenda el procesamiento de uranio.
Londres, Berlín y París demandan a la República Islámica poner fin al enriquecimiento de uranio, el cual emplea como combustible para sus centrales.
Varios diputados laboristas estiman que resulta contraproducente exigir a otra nación que congele sus planes de desarrollo atómico, mientras Gran Bretaña pretende gastar miles de millones de dólares en la fabricación de una nueva generación de armas nucleares.
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