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Berlín, 7 mar (PL) Un periódico alemán de gran tirada puso hoy en duda la capacidad de la OTAN para alcanzar una victoria militar en el sur afgano, donde desarrolla otra ofensiva contra la resistencia.
Si la Operación Aquiles -lanzada ayer con cinco mil 500 soldados propios y afganos- fracasa, la Alianza atravesará grandes dificultades en su alegado propósito de pacificar ese país centroasiático, escribió el diario muniqués Suddeutsche Zeitung.
A propósito advierte que la Organización del Tratado del Atlántico Norte descuidó la situación militar afgana por hallarse inmersa en el apoyo a la ocupación anglonorteamericana de Iraq y ahora quiere recuperar el tiempo perdido.
Afganistán fue atacado e invadido por tropas estadounidenses apenas unas semanas después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, al acusar Washington al régimen Talibán de proteger al movimiento Al Qaeda, al que atribuyó esos ataques.
La ofensiva sacó del gobierno al Talibán y puso en su lugar al líder pashtun Hamid Karzai, que no logra afianzarse en el poder.
Tras los norteamericanos llegó la ONU, que creó la Fuerza Internacional para la Seguridad de Afganistán (ISAF), cuyo mando asumió la OTAN en agosto de 2003.
La ISAF cuenta hoy con unos 33 mil soldados de varios países, de ellos unos 10 mil estadounidenses que ya actuaban por su cuenta en la operación Libertad Duradera y que no han podido descabezar al Talibán.
Según el Suddeutsche Zeitung, la seguridad en Afganistán ha empeorado y hoy florece el tráfico de opio y heroína, con el la criminalidad y la corrupción. El gobierno de Kabul es débil y el país está lejos de alcanzar su necesaria estabilidad.
La publicación admitió que la Alianza no podrá pacificar por completo el país y mucho menos impedir la anunciada ofensiva del Talibán en esta próxima primavera boreal.
Al respecto advierte que Iraq redujo la capacidad de Estados unidos de ser un contrincante temido, y en este contexto se refuerza la resistencia afgana y la OTAN corre peligro de perder su guerra y con ella el papel otorgado por Washington como gendarme mundial.
La Operación Aquiles transcurre en momentos de gran repulsa popular a la presencia militar foránea y de demanda de su salida inmediata, luego de la muerte indiscriminada de 16 civiles por soldados norteamericanos el domingo último en Jalalabad.
Otros nueve civiles -cinco mujeres, tres niños y un anciano- sucumbieron el lunes en Kapisa, a 80 kilómetros de Kabul, cuando aviones de la Alianza Atlántica bombardearon "por error" su vivienda.
En Afganistán murieron el año pasado cuatro mil 400 personas, de ellas tres mil civiles, en acciones que involucraron a soldados extranjeros u operaciones aéreas.
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