Moscú, 25 feb (PL) Con el envío de emisarios a la capital de Rusia y declaraciones edulcoradas, la élite gobernante estadounidense trata de persuadir hoy a los líderes rusos, decididos a responder adecuadamente a la militarización del este europeo.
En la semana que concluye, el asesor presidencial de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Steve Hardley, se reunió en el Kremlin con su homólogo ruso, Igor Ivanov, en medio de serias contradicciones sobre este tema entre Washington y Moscú.
Al final del diálogo, una nota oficial anunció que las partes debatieron sobre el expediente nuclear iraní y el de Corea del Norte, la situación en Kosovo, Iraq, Afganistán, así como la posibilidad de un arreglo en el Medio Oriente.
El texto, orientado a minimizar los desencuentros ruso-estadounidenses en cuestiones de seguridad, no obstante, afirma que Ivanov destacó la necesidad de resolver las discrepancias entre los dos países mediante el diálogo.
Esta reunión coincidió con la presencia en Moscú del presidente del comité de Asuntos Internacionales de la Cámara de Representantes estadounidense, Tom Lantos, quien ofreció una conferencia de prensa.
En su intervención, Lantos prometió que luchará por abolir en breve la enmienda Jackson-Vanick, que limita el comercio con Rusia.
Voy a emprender todos los esfuerzos para lograr la más pronta eliminación de la enmienda, y espero que esa iniciativa fructifique en un futuro próximo, añadió el legislador.
Para Moscú, añadió, una de las principales ventajas es que le facilitará el acceso a la Organización Mundial del Comercio, lo cual aportará muchas facilidades.
Lantos también expresó el deseo de que el discurso pronunciado recientemente por el presidente ruso, Vladimir Putin, en la Reunión de Seguridad número 42 de Munich, Alemania, no obstruya la cooperación entre Moscú y Washington.
En la capital estadounidense, por su parte, el secretario de Estado adjunto para Europa, Dan Fried, y el director de la Agencia de Defensa Contra Misiles del Pentágono, general Trey Obering, ofrecieron una conferencia de prensa conjunta.
Ambos expresaron preocupación ante el rearme iniciado por Moscú en respuesta al emplazamiento de elementos del sistema de defensa antimisiles (DAM) estadounidense en Polonia y la República Checa.
Los dos sostuvieron el increíble argumento de que la base coheteril dislocada en territorio polaco no apuntaría hacia Rusia, sino tendría el objetivo de neutralizar posibles amenazas procedentes del Medio Oriente.
De manera simultánea, en Nueva York, el jefe de la Fuerza Aérea norteamericana, Michael Moseley, aseguró que la base aérea de la OTAN en el aeropuerto de Manas, Kirguistán, no tendrá estatuto permanente al igual que otras emplazadas en Asia Central.
En sentido más directo, Moseley trató de persuadir al Kremlin cuando afirmó que la presencia militar de la OTAN en Kirguistán no está dirigida contra Rusia, sino que busca el objetivo de reprimir el terrorismo.
Pero la copa de la paciencia rusa se colmó con el inicio de negociaciones entre representantes del Pentágono y las autoridades de Polonia y la República Checa para emplazar en esos territorios elementos del sistema DAM.
Ante el accionar bélico de Washington por el este y el oeste del país más extenso del planeta, politólogos y especialistas en temas militares multiplicaron aquí en las últimas semanas las denuncias sobre las presiones de la superpotencia en este terreno.
Esta situación coincide con una bonanza económica sin precedentes por los altos costos de los energéticos, que le permiten al Kremlin dedicar este año más de 189 mil millones de dólares a la modernización estratégica de su sistema defensivo.
Con ese respaldo llegó el presidente de una de las dos potencias nucleares más grandes del mundo a la Conferencia de Munich, donde expresó puntos de vista diametralmente opuestos a los de la Casa Blanca y sus aliados.
El proceso de ampliación de la OTAN no tiene relación con la modernización de la alianza, ni con el afianzamiento de la seguridad en Europa, se trata de un factor provocativo, que disminuye la confianza mutua, sentenció Putin.
La desconfianza del oso - símbolo con el que el partido gobernante, Rusia Unida, expresa el inmenso potencial del gigante eurasiático-, parece preocupar hoy a más de un representante de la elite gobernante en Estados Unidos. pgh jpm