Washington, 22 feb (PL) La anunciada retirada británica de Iraq es utilizada hoy por los críticos del presidente norteamericano, George W. Bush, como un nuevo elemento para rechazar su plan de desplegar más soldados en ese país.
Pese al afán de la Casa Blanca en presentar en las últimas semanas una mejora de la seguridad en la nación árabe gracias a su nueva estrategia, los hechos terminaron por dar el mayor desmentido.
Según reportes, las tensiones en Bagdad y otras ciudades mantuvieron su tendencia a desbordar las operaciones punitivas de las fuerzas militares de ocupación y sus aliados locales.
Los atentados se suceden y el número de muertos militares y civiles es creciente. La víspera en la ciudad santa de Najaf (sur), la detonación de un carro bomba costó la vida de 11 personas y otras 34 recibieron heridas.
Pese a las críticas a su plan tras la retirada británica, el vicepresidente Richard Cheney dijo el miércoles que la acción de Londres es una señal de que la situación en Iraq mejora.
Sin embargo, para el líder de la mayoría demócrata en el Senado, Harry Reid, el paso de los británicos es un reconocimiento de la realidad y del peligro existente en la nación árabe, el que, dijo, Bush se niega a reconocer.
Por su parte, en una declaración la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, preguntó ¿por qué se envían miles de soldados estadounidenses a Iraq al mismo tiempo que las tropas británicas planean marcharse?".
El anuncio de Londres de disminuir su presencia entre las fuerzas ocupantes es tomado ahora como munición por la oposición demócrata para atacar la decisión de la Casa Blanca de llevar más tropas a la guerra.
En opinión de prominentes figuras, como el senador demócrata Edward Kennedy, el anuncio del gobierno británico es indicativo del alejamiento de la política de Washington.
Otros, como el candidato a la nominación demócrata para los comicios de 2008, el senador Joseph Biden, consideran que es hora de sacar las manos de Iraq y no enviar más soldados en medio de una guerra civil.
Sin embargo, la administración Bush dejó claro que su estrategia "no será una estrategia de retiro", según dijo Cheney, de gira por Japón.
Según analistas, los británicos simbolizaban el apoyo multinacional a la invasión y ocupación de Iraq, y su marcha representa un alerta a Bush de que cada vez está más sólo en la guerra.