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Santiago de Chile (PL).- Desde una urna con sus cenizas, la sombra del ex dictador Augusto Pinochet, quien derrocó al Presidente Salvador allende en 1973, ha planeado sobre Chile durante todo el 2006.
El gobierno actual considera al recién fallecido nonagenario “una figura del pasado” y de poca influencia sobre la sociedad chilena, pero su muerte en diciembre amenaza con seguir atrayendo a los medios nacionales y extranjeros en el 2007.
Más allá de la polémica sobre los honores militares que se le rindieron, políticos consultados por Prensa Latina insistieron en que el problema de fondo es si Chile seguirá o no bajo la influencia del “Pinochetismo sin Pinochet”.
Observadores locales plantean, por otro lado, que el tema –si bien con frecuencia planea como una sombra sobre la política nacional- no debe manchar la marcha del actual gobierno de la Concertación, el cuarto post-Pinochet (1973-90).
La médico Michelle Bachelet no es solamente la primera mujer mandataria de Chile, sino quizás también la que mayores aspiraciones despertó en la ciudadanía y, desde que asumió el 11 de marzo, prometió imponer un nuevo estilo de hacer política.
Intentaría eliminar las grandes desigualdades sociales, cambiar el excluyente sistema electoral bi-nominal y reconocer los derechos ancestrales de los pueblos originarios, entre otros principios.
Para modificar el país que heredó del ex presidente Ricardo Lagos, de quien fue ministra de Defensa, Bachelet comenzó a aplicar –con distinto grado de éxito- 36 medidas en los primeros 100 días de mandato.
El programa abarcó empleo, seguridad social, educación, salud, seguridad ciudadana, mujer, medio ambiente, descentralización, servicio militar y una reforma constitucional que modifique o elimine el sistema electoral bi-nominal.
Pero, problemas acumulados de varios años hicieron estallar temprano los primeros conflictos entre trabajadores y empresarios que dividieron profundamente a los integrantes de la coalición gobernante y que todavía busca consolidar su conciliación política.
En abril comenzaron las primeras manifestaciones estudiantiles y, a fines de mayo, los estudiantes secundarios tomaron planteles y llegaron a movilizar a más de un millón de personas, paralizando virtualmente al gobierno durante casi tres semanas.
Superada momentáneamente la llamada "rebelión de los pingüinos" y reemplazados en julio los ministros de Economía, Interior y Educación, el gobierno se planteó una nueva agenda de prioridades: educación, previsión social, calidad de vida y seguridad ciudadana.
En política exterior, Chile ingresó a la Comunidad Andina de Naciones y participó en las recientes cumbres de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), en Vietnam, y Sudamericana de Naciones (CSN), en Bolivia, entre otros movimientos.
En el marco regional, sin embargo, lo más sobresaliente, según medios diplomáticos, ha sido el anuncio de dialogar con el gobierno del Presidente Evo Morales sobre la demanda marítima boliviana, tema excluido sistemáticamente por gobiernos anteriores.
La nueva agenda de 13 puntos que se construye entre ambos países –que no tienen relaciones diplomáticas- ha sido reforzada por visitas de Morales y otros funcionarios a Chile, así como de Bachelet y otros funcionarios chilenos a Bolivia.
Durante los últimos meses, los medios chilenos y extranjeros destacaron denuncias de corrupción –que el gobierno combate con nuevas medidas- pero, en diciembre, la mandataria mantuvo un nivel de aceptación popular superior al 50%, según una encuesta nacional.
No obstante, analistas chilenos temen que en las próximas semanas, cuando finalice el verano –y pese a la estabilidad económica lograda-, puedan resurgir demandas y protestas populares contra la carestía del país.
Un vocero oficial, mirando hacia el futuro, reconoció que, a pesar de los avances del gobierno, “tenemos que afinar el oído” porque “los chilenos han cambiado y la credibilidad no es para siempre”.
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