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Bagdad. - La muerte de 13 militares estadounidenses en Irak este fin de semana ha vuelto a engrosar la lista de víctimas norteamericanas, mientras el responsable de la coalición chiíta iraquí, Abdel Aziz Hakim, y el presidente estadounidense, George W. Bush, se reunieron ayer Washington.
El fin de semana fue sangriento para el Ejército estadounidense, que perdió 13 hombres en una serie de ataques y en el accidente de un F-16, llevando a 2.898 el número de militares y personal asimilado de este país muertos en Irak desde el comienzo de la invasión en marzo de 2003.
Un helicóptero CH-46 del cuerpo de Marines se estrelló el domingo en un lago en la provincia de Al Anbar, en el oeste de Irak, con 16 personas a bordo, de las que cuatro han muerto, anunció ayer el Ejército.
En Washington, Hakim mostró su oposición a una retirada inmediata de las tropas estadounidenses de Irak a fin de que “puedan resolver los problemas de terrorismo” en Irak.
“Le dije que no estamos satisfechos con el ritmo del progreso en Irak, y queremos continuar trabajando con el Gobierno soberano de Irak para cumplir nuestros objetivos mutuos”, declaró por su parte Bush tras la reunión con el director del Consejo Supremo de la Revolución Islámica (Csri).
“Hablamos sobre la necesidad de dar al Gobierno de Irak más capacidades, tan pronto como sea posible, para que el Gobierno electo de Irak pueda hacer lo que el pueblo iraquí quiere, que es proteger su país de extremistas y terroristas”, agregó Bush.
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