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Al menos un millón y medio de italianos adhirió el pasado viernes a la huelga general convocada por los sindicatos, y unos 300.000 manifestaron en varias ciudades del país contra la ley de presupuesto 2007, que el Parlamento se encamina a aprobar.
"Hay mucho descontento -declaró Aldo Bernocchi, un dirigente sindical- tenemos de frente un berlusconismo sin Berlusconi", el ex primer ministro conservador.
Se trata de una ley de presupuesto, agregó Bernocchi, que "aumenta el dinero para la Confederación de Industriales y para el gasto militar, que por primera vez alcanza el gasto social. No se hace nada por el trabajo dependiente, no se reducen los impuestos y no son estabilizados los que tienen un trabajo precario".
Ese día fue una jornada de manifestaciones en toda Italia, con tres marchas en Roma y dificultades en el transporte aéreo, autotransporte público local y ferrocarriles, a raíz de la huelga general convocada por los sindicatos de base contra la ley de presupuesto 2007.
La ley prevé una reducción de 10.000 millones de euros en el gasto público, comprendida la investigación universitaria.
Numerosos estudiantes protestaron justamente por esos recortes, así como también por el trabajo a término "en eterno" y la derogación de la ley Biagi de 2002, que hizo aún más precario el trabajo, otorgándole mayor flexibilidad a las patronales.
En Roma se realizó una marcha de protesta desde plaza Porta Pía a la céntrica plaza Barberini, con el tráfico paralizado en gran parte de la capital italiana.
El paro abarcó todos los sectores laborales.
El motivo central de la huelga general es el rechazo de los sindicatos a la ley de presupuesto impulsada por el gobierno de centro izquierda del premier Romano Prodi, y en particular la parte que se refiere al fondo de liquidaciones (una cifra que se acumula en los años trabajados y que se reintegra al trabajador cuando se jubila).
El sindicalismo de base reivindica "la necesidad de redistribuir el rédito en favor de los trabajadores, pensionados, precarios, el mejoramiento de la previsión pública, el no a la guerra para la utilización de los fondos de los gastos militares en favor del gasto social".
"Italia garantiza a todos el trabajo... precario", se leyó en algunos carteles.
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