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    Mundo en revolución
Como respuesta a la derrota Bush ratificó la "guerra contraterrorista"
Rumsfeld jubilado y Cheney en lista de espera
Por: Iar-Noticias
Fecha de publicación: 08/11/06
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George Bush

Los demócratas Charles Schumer y Harry Reid, en Washington. (Foto: EFE)

Los demócratas Charles Schumer y Harry Reid, en Washington. (Foto: EFE)

Tras su triunfo electoral, los demócratas van por el "Watergate" de Bush: el CIA-gate, las denuncias de corrupción ante la justicia, las torturas, los muertos y los costos de Irak, van ser utilizados por los demócratas, en control de los resortes parlamentarios, para impulsar la desestabilización institucional de Bush, y quizás hasta su juicio político antes de que termine su segundo mandato.

Informe Especial

S

i alguien esperaba que Bush hiciese una autocrítica sobre Irak por la derrota electoral que le propinaron los demócratas, se equivocó: no solamente desconoció a Irak como causal de la debacle republicana en las elecciones del martes sino que además ratificó su política militar en Irak y anunció la continuidad de la presencia de las tropas norteamericanas en ese país ocupado.

Es más: cuando los periodistas le mencionaron el "síndrome Vietnam" como causal de la derrota republicana, Bush respondió que esa era una hipótesis equivocada: la diferencia con el ejército de Vietnam consiste en que "aquel era un ejército de voluntarios y este es un ejército profesional embebido en los principios del combate contra el enemigo terrorista", dijo, agregando: "eso explica porque la tarea de reclutamiento sigue en aumento".

En su discurso ante la prensa en la Casa Blanca, luego de la derrota, el "presidente de la guerra" estadounidense dio un mensaje contradictorio: por un lado llamó a los demócratas a "trabajar juntos" en los temas claves para EEUU, y por el otro ratificó que lo que resta de su segunda gestión estará orientado a "derrotar al terrorismo" en Irak o donde se encuentre.

Como se sabe, nada más lejano de los victoriosos demócratas (en especial de Nancy Pelosi que va a ocupar la presidencia de la Cámara de Representantes) que la "guerra contraterrorista" y la visión aplicada de Bush sobre los temas de la "seguridad nacional", en especial de la inmigración ilegal.

Temas que, a partir de la mayoría que van detentar los demócratas en la Cámara de Representantes (y seguramente también en el Senado si se confirman las proyecciones) se van a convertir en el centro estratégico de la guerra por el poder entre republicanos y demócratas, transformados estos últimos en una "maquina de impedir" para los proyectos que envíe el ejecutivo para su aprobación al Congreso.

Hasta ahora Bush y los halcones, con la mayoría en las dos cámaras del Congreso, manejaron a su gusto y placer, y sin consultar a los demócratas, la política exterior estadounidense orientada en la "guerra contra el terrorismo" y en la doctrina de "guerras preventivas" contra el eje del mal lanzada tras los ataques del 11-S en Nueva York y Washington.

El 11-S no solamente instaló un nuevo sistema de control social por medio a través de la manipulación mediática con el "terrorismo", sino que además inauguró un "nuevo orden internacional" (sustitutivo de la "guerra fría" con la URSS) basado en la "guerra contraterrorista"

que sirve de justificación a las nuevas estrategias expansionistas del Imperio norteamericano y de conquistas de mercado para las trasnacionales capitalistas.

El actual líder republicano de la Cámara Baja y Bush. (Foto Reuters)

En términos geopolítico y militar-estratégico, con la leyenda mediática de Bin Laden y el peligro del "terrorismo internacional", a partir del 11-S el Imperio norteamericano (potencia locomotora unipolar del capitalismo desde la caída de la URSS) sustituía dos aspectos claves de su supervivencia como Estado imperial:

 

A) Lanzamiento de nuevas conquistas militares de mercados justificadas en la "guerra preventiva contra el terrorismo" y en la nueva doctrina de seguridad de EEUU emergente tras los atentados del 11-S.

 

B) Aplicación de una nueva lógica represiva y de control político y social (sustitutiva de las "dictaduras militares" setentistas) en los países dependientes bajo el argumento del "combate contra el terrorismo".

Con el 11-S (y su dominio de las dos cámaras del Congreso) Bush y los halcones consiguieron consenso para invadir Irak y Afganistán, con el 11-M y su impacto recreado en EEUU Bush ganó la reelección presidencial en el 2004, con el 7-J en Londres consiguieron renovar y ampliar la ley Patriot, instrumento esencial de la "guerra contraterrorista".
No se trata de especulaciones sino de estadísticas y de patrones operativos cíclicos y repetitivos por medio de los cuales los halcones consiguieron tanto votos electorales como consenso para invadir países desde el el 11-S hasta aquí.

Históricamente, las operaciones con el "terrorismo" de Al Qaeda tuvieron como principal beneficiario electoral a la administración Bush, que también se valió de la "amenaza terrorista" para instalar legislaciones represivas internas (como las leyes de inmigración y de "interrogatorios a terroristas" recientemente aprobadas) encuadradas dentro de "planes contraterroristas".

Esa fue precisamente la estrategia de política exterior que colapsó con el triunfo demócrata en las elecciones del martes, cuyo eje estratégico de campaña estuvo centrado en el manejo de la ocupación militar de Irak que se convirtió en un referendo para la administración Bush.

Después de casi 5 años, por primera vez, el "síndrome Vietnam", agitado con Irak por los demócratas durante la campaña electoral, derrotó al "terrorismo" de Bin Laden y Al Qaeda, que esta vez (por razones que no se explican) no apareció ni antes ni durante el proceso electoral.

En su discurso de este martes tras la derrota, trasmitido en vivo por las cadenas estadounidenses, Bush ratificó todos y cada uno de los lineamientos de su política exterior ante cada pregunta de la prensa, poniendo el énfasis en la continuidad de la "guerra contra el terrorismo", a la que calificó como el pilar esencial de la defensa de la "seguridad nacional" de EEUU.

Durante el acto (y entregando la cabeza del jefe del Pentágono a modo de "prenda de paz" con los demócratas), George W. Bush, anunció la renuncia del secretario de Defensa Donald Rumsfeld, fuertemente criticado por su papel en Irak, que será sustituido por el ex director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), Robert Gates.

Y para qué no haya dudas sobre la continuidad de la "guerra contraterrorista" Bush encabezó una conferencia de prensa junto a Rumsfeld y Gates.

"Porque nuestro interés estratégico de largo plazo y la seguridad nacional están en riesgo, y porque tantos nuestros hijos e hijas estadounidenses que sirven en las fuerzas armadas están expuestos al peligro, no dudé cuando el presidente me pidió regresar al sector público", señaló Gates.

Gates, como Rumsfeld, es un hombre del riñón histórico del "clan Bush", dirigido por el padre de W, George, ex presidente de EEUU y ex director de la CIA, a quien los expertos consideran el verdadero "presidente en las sombras" de EEUU.

Precisamente Rumsfeld y el vicepresidente Cheney, considerados los "jefes políticos" del lobby judío neoconservador que controla la Casa Blanca, conformaron hasta ahora los dos blancos estratégicos a voltear por los demócratas en su guerra con los republicanos por el control del poder y de los negocios de la Casa Blanca.

Junto con la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, Rumsfeld y Cheney conforman el "terceto del poder estratégico" en la Casa Blanca imperial de los halcones, razón por la cual George W. Bush vino resistiendo hasta ahora las embestidas de los demócratas para forzar la renuncia del secretario de Defensa.

Con su jubilación, Rumsfeld se convierte en la primera víctima de lo que los expertos ya proyectan como una guerra despiadada y sin cuartel que sobrevendrá tras el triunfo de los demócratas, y que va a tener como epicentro al Congreso de EEUU.

En ese escenario, y a caballo del triunfo electoral, hoy los demócratas ya liquidaron y sacaron del medio a Rumsfeld, y ahora van por la cabeza de Cheney (el "tutor político" de W) , para, finalmente, con el camino despejado, concentrarse en el blanco central: George W. Bush.

Tras su triunfo electoral, los demócratas van por el "Watergate" de Bush: el CIA-gate, las denuncias de corrupción ante la justicia, las torturas, los muertos y los costos de Irak, van ser utilizados por los demócratas, en control de los resortes parlamentarios, para impulsar la desestabilización institucional de Bush, y quizás hasta su juicio político antes de que termine su segundo mandato.

Es una guerra a plazo fijo: que ya se desató con el control de los demócratas sobre la Cámara de Representantes, y casi seguro del Senado.

En las antípodas, Bush y los halcones, les van a responder, como siempre, con el "terrorismo" de Bin Laden y Al Qaeda siempre dispuesto a aparecer de la mano de la CIA.

En el centro del tablero, y como estrellas centrales, Líbano, Gaza, Irán y Corea del Norte, definen el teatro de operaciones de la guerra por el control de la Casa Blanca entre los halcones republicanos (lobby judío de derecha) y los demócratas liberales (lobby judío de izquierda).

Y ahí se verá, que es lo que realmente cambió en EEUU con las elecciones del martes.



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