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"Guatemala ha dado una enorme prueba de candidez" opinan diarios de Guatemala. John "Sam Bigotes" Bolton presionó a decenas de delegados para que voten en contra del ingreso de Venezuela al Consejo de Seguridad de la ONU. | Credito: Archivo - Aporrea.org |
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Noviembre 7/2006.- Las reacciones a la reciente batalla por el puesto no permamente en el Consejo de Seguridad han dividido las opiniones de los guatemaltecos. Posturas abiertamente críticas a la política exterior sumisa y complaciente con EEUU han aumentado gracias a la "ayuda" del poco diplomático representante imperial ante la ONU, Mr. Bolton, quien recientemente declaró: “La derrota de Venezuela cumple básicamente nuestro objetivo” A continuación reproducimos dos editoriales de la prensa guatemalteca dedicados a esta agria polémica:
Editorial Diario la Hora, noviembre 3 de 2006:
El Favor de Mr. Bulton
Mientras el Canciller guatemalteco trataba de defender la decisión de Guatemala al apoyar a Panamá como un triunfo diplomático propio, porque permitió a nuestro país ganar todas las votaciones aun sin obtener la mayoría calificada que hacía falta, el señor John Bolton, embajador de Estados Unidos en la ONU, se encargaba de pasearse en todo, definiendo las cosas en su justa dimensión. Al fin y al cabo a Washington la aspiración legítima de Guatemala, manifestada hace más de cuatro años y cuando Venezuela ni aspiraba al Consejo de Seguridad, simplemente terminó siendo lo que dijo Bolton, es decir, un instrumento usado mientras le convino a Estados Unidos para impedir el triunfo venezolano. “La derrota de Venezuela cumple básicamente nuestro objetivo”, dijo el poco diplomático embajador norteamericano.
Por ello es que Guatemala ha dado una enorme prueba de candidez porque pensó durante buena parte del proceso que ese apoyo de Estados Unidos era prueba de lealtad, de compromiso y que realmente era por las virtudes de Guatemala. Fue un apoyo para joder a Venezuela y punto, pero de paso se llevó entre las patas a Guatemala porque dimos muestras de sumisión al jugar un papel de comparsa de la política exterior de Estados Unidos. Ya desde el primer estancamiento tuvimos información de primera mano de la actitud de Estados Unidos que muy rápido empezó a pensar en una candidatura de “consenso”, porque al fin y al cabo a ellos les importaba un pepino si Guatemala triunfaba o no. Bolton lo dijo claramente, su objetivo era derrocar a Venezuela.
Guatemala tendrá que definir de mejor forma su política exterior si quiere volver a presentar su candidatura, puesto que no podemos volver a presentarnos como el instrumento de Washington. Apoyar a Panamá ahora fue una salida adecuada, sobre todo por el papel de la República Dominicana al irse a ofrecer a Bush y por lo que puede representar en negociación de cara a la refinería que el gobierno de Berger quiere instalar aquí.
Pero no hablemos de madurez cuando lo que hubo fue supina ingenuidad, demostrada cuando el mismo Presidente invitó a almorzar al embajador de Estados Unidos para pedirle que dirigieran el esfuerzo de llevar a Guatemala al Consejo de Seguridad. Y si alguna duda hubo de cómo nos vieron los norteamericanos, Bolton la despejó radicalmente al decir que su objetivo no era llevar a Guatemala al Consejo. Su objetivo era impedir el triunfo de Venezuela y fuimos el instrumento para alcanzar ese resultado.
La cancillería puede maquillar como quiera el resultado final, pero Bolton, el hombre rústico que no entiende de diplomacia le puso la tapa al pomo al debate. Guatemala fue el instrumento que Washington usó para lograr su objetivo básico y por mucho que ahora se adorne como muestra de madurez nuestro retiro, como dijimos el lunes, nos retiraron cuando EUA zafó el hombro y negoció con la Dominicana.
Editorial Diario La Opinión, lunes noviembre 6 de 2006:
Ridiculez, desvergüenza e indignidad de nuestra diplomacia
Finalmente Guatemala desistió de ser país candidato a miembro no permanente de la Organización de Naciones Unidas. Venezuela también desistió. Probablemente el país electo sea Panamá. Durante el tiempo en que persistió la candidatura de nuestro país, la diplomacia guatemalteca, dirigida por el Presidente de la República y ejecutada por el Ministro de Relaciones Exteriores, ingratamente expuso a Guatemala a la ridiculez, a la desvergüenza y a la indignidad.
La diplomacia guatemalteca expuso a nuestro país a la ridiculez, en este sentido: la presunta seriedad en la finalidad perseguida provocó comicidad; pues en el proceso de votación Guatemala se jactaba de obtener más votos que Venezuela (aunque no los votos suficientes para ser electo miembro del Consejo de Seguridad), aunque realmente eran más votos para Estados Unidos de América. Sólo el Gobierno de Guatemala, y algunos ingenuos, superficiales y torpes observadores del acontecer internacional creyeron que Guatemala, a causas de secretos y extraordinarios méritos, obtenía más votos que Venezuela.
La diplomacia guatemalteca expuso a nuestro país a la desvergüenza, en este sentido: se perdió el sentido del honor de una nación, y fueron admitidos, como si hubieran sido producto del poder diplomático de Guatemala, votos que fueron producto del poder diplomático de Estados Unidos de América. La vergüenza reclamaba, entonces, con angustiosa urgencia, que la candidatura fuera retirada pronto; pero predominó la desvergüenza, y se persistió en la candidatura. La desvergüenza, sin embargo, no fue suficiente para detener la jactancia, la cual prosiguió, y proclamó que Guatemala, y no Estados Unidos de América, ganaba todas las votaciones (excepto una, en la que ambos países obtuvieron igual número de votos).
La diplomacia guatemalteca expuso a nuestro a la indignidad, en este sentido: rebajó el valor de Guatemala como Estado libre, soberano e independiente, y tácitamente admitió que nuestro país sería servidor de la política exterior militar de Estados Unidos de América, a cambio de los votos que este país le procurara para ser finalmente electo miembro del Consejo de Seguridad. Tácitamente también admitió ser un instrumento que Estados Unidos de América utilizaba para impedir que Venezuela pudiera ser miembro del Consejo de Seguridad.
Muy probablemente Panamá será, en representación de América Latina y El Caribe, el nuevo miembro no permanente del Consejo de Seguridad, que sustituirá a Argentina, a partir del 1 de enero del próximo año. Aparentemente todos los países de América Latina y el Caribe se han unificado para proponer la candidatura de Panamá, que cuatro veces ha sido miembro no permanente. ¿Qué significa tal unificación? Significa algo muy simple: Panamá no es un país del cual los otros crean que será un indigno instrumento de la política exterior de Estados Unidos de América, y quizá por ello, países que votaron por Venezuela, y así insinuaron repudiar el servilismo diplomático de Guatemala, votarán por el nuevo candidato.
La diplomacia guatemalteca no sólo expuso a nuestro país a la ridiculez, la desvergüenza y la indignidad, sino que emprendió una aventura que costó cientos de miles de dólares, que hubierean sido miles de millones de veces más útiles si se hubieran asignado para dotar de recursos básicos a los ruinosos, precarios y absurdos hospitales públicos.
Si finalmente Guatemala hubiera sido electo miembro (aunque fuera no permanente) del Consejo de Seguridad, ¿habría sido útil haber gastado esos cientos de miles de dólares, aunque niños, adultos y ancianos murieran en los hospitales públicos a causa de insuficientes recursos para suministrarles servicios de salud? No. No habría sido útil.
Nunca habría sido útil que Guatemala fuera miembro de ese consejo, como nunca lo ha sido para otros países pobres que han sido miembros no permanentes del Consejo de Seguridad; por ejemplo, Angola, Bangladesh, Bolivia, Congo, Ghana, Honduras, Nicaragua, Nigeria, Senegal, y Uganda. ¿Habría sido útil tan sólo por prestigio? Tampoco habría sido útil por tal motivo, porque no se obtiene prestigio alguno. Efectivamente, ¿que prestigió obtuvo Angola, Bangladesh, Bolivia, Congo, Ghana, Honduras, Nicaragua, Nigeria, Senegal, y Uganda?
En el caso muy particular de Guatemala, su pretensión de ser miembro del Consejo de Seguridad fue todo lo absurda que podía ser, porque nuestro país se consume en una devastadora e indetenible criminalidad; pero el Gobierno de la República pretendía contribuir a la paz y a la seguridad del mundo. ¿No era más sensato multiplicar cien mil veces la prteocupación por la paz interior y la seguridad pública de la nación?
Si el gobierno del presidente Oscar Berger es una secuencia de errores, la pretensión de que Guatemala fuera país miembro del Consejo de Seguridad ocupa una relevante posición en esa secuencia. Es un error en el que la pérdida del sentido de la realidad, la ausencia de un orden de importancia en el uso de los recursos fiscales, la arrogancia diplomática, la intrepidez jactanciosa y la idiotez de la política exterior se mezclan inextricablemente.