Guatemala
no debe salir electa para el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas
Es sabido que Guatemala y Venezuela
compiten actualmente por un lugar en el Consejo de Seguridad de las
Naciones Unidas, para lo cual se necesitan 128 votos en el próximo
período de sesiones de la Asamblea General. Para cualquier país constituye
un honor ser elegido miembro no permanente de dicho Consejo, por lo
que los países centroamericanos y caribeños han visto con agrado que
los grandes países de la región latinoamericana hayan aceptado que
la rotación periódica de miembros no permanentes incluya a los pequeños.
Así, la candidatura de Guatemala surgió dentro de un marco de igualdad
de oportunidades.
No obstante, la coyuntura actual
del mundo y de Guatemala hace que dicha candidatura sea hoy totalmente
desaconsejable. Resulta difícil de entender esta lapidaria afirmación
cuando, en mi condición de guatemalteco, doy gran valor al papel que
el país puede jugar en el seno de las Naciones Unidas. Sin embargo,
es precisamente por este motivo que pienso, al igual que muchos otros
guatemaltecos, que no se debe elegir a Guatemala al Consejo de
Seguridad; es más, el gobierno debiera retirar la candidatura.
Hay tres razones fundamentales
para ello. En primer lugar, la situación interna del país. No solamente
existe una gran deuda en el cumplimiento de los Acuerdos de Paz firmados
hace 10 años, desperdiciando el logro de la paz y el apoyo de la comunidad
internacional, sino que las condiciones del país han venido en constante
deterioro. Luego de un breve respiro inicial, la situación de los derechos
humanos se ha venido haciendo cada día más grave, particularmente
con el asesinato de mujeres y niños y los ataques y amenazas en contra
de los defensores de derechos humanos y de quienes buscan justicia,
así como la constante tergiversación del estado de derecho, haciendo
prevalecer el derecho a la propiedad privada por encima del derecho
a la vida, particularmente en el caso de campesinos y trabajadores.
Las declaraciones de los miembros de la Comisión Interamericana de
Derechos Humanos (CIDH), por muy cautelosas y diplomáticas que hayan
sido, demuestran una gran preocupación por lo que ocurre en el país.
La segunda razón es el papel
que Estados Unidos le ha asignado a Guatemala en su pugna por aislar
al Presidente Hugo Chávez de Venezuela. El Presidente Bush no desea
tener a Venezuela en el Consejo de Seguridad, porque con ello aparecerá
un nuevo obstáculo a su política imperialista. Aunque sigue manejando
el veto para promover sus intereses, a Estados Unidos le interesa tener
aliados incondicionales en el Consejo de Seguridad. En este empeño,
ha decidido dar todo su apoyo a Guatemala, convirtiéndose en su principal
y nada discreto promotor. No solamente exhorta a su elección con todos
los métodos persuasivos que puede y sabe utilizar, sino que deja en
claro que la elección de Guatemala solamente es posible por el respaldo
que Estados Unidos le proporciona.
La tercera razón, sin duda
la más importante, es que, con excepción de la primavera democrática
de Guatemala, de 1944 a 1954, Estados Unidos ha pisoteado constantemente
la dignidad de nuestro país, sin que los gobiernos guatemaltecos hayan
hecho nada en absoluto por rescatar su soberanía. Hechos históricos
deleznables se han sucedido: el territorio guatemalteco fue utilizado
para entrenar a los cubanos anticastristas que invadieron a Cuba en
1961; las fuerzas armadas, a la luz de la doctrina de la seguridad nacional,
aplicaron políticas de genocidio y tierra arrasada contra nuestra población,
para promover los intereses de Estados Unidos en la Guerra Fría; los
gobiernos se han prestado como instrumentos para favorecer la política
agresiva de Estados Unidos en el seno de las Naciones Unidas; y, más
recientemente, el Presidente Berger ha aceptado que el Presidente Bush
ni siquiera se digne contestar a su pedido de conceder el estatus de
protección temporal (TPS) a los guatemaltecos que trabajan en los Estados
Unidos.
La participación de Guatemala
en el Consejo de Seguridad resulta así, no sólo una amenaza para los
países que tienen diferencias con los Estados Unidos, sino ocasión
de afrenta constante a la soberanía y dignidad de nuestro país. Sin
remedio alguno, jugará permanentemente el papel de instrumento dócil
del imperio. Nos corresponde la obligación de oponernos a seguir siendo
motivo de manipulación. Esperemos a un mejor período de la historia,
en el cual el gobierno guatemalteco se corresponda mejor con los intereses
de sus grandes mayorías, requisito indispensable para defender la soberanía
nacional, y a que el imperio cambie de manos. Entonces, no solamente
estaremos a favor de que Guatemala llegue al Consejo de Seguridad de
la ONU, sino que aportaremos, en la medida de lo posible, a su mejor
y muy responsable desempeño.
Raúl Molina-Mejía
Coordinador General de la
Red por la Paz y el Desarrollo de Guatemala (RPDG)
gpdn@optonline.net