Decenas de cadáveres no identificados aparecen diariamente en
distintas partes de Bagdad, y casi en su totalidad, los cuerpos muestran
señales de haber sido torturados antes de recibir un tiro de gracia en la
cabeza.
Las autoridades aseguran que se trata de "venganzas" entre milicias
chiíes y suníes, sin embargo la resistencia y personalidades religiosas, así
como la delegación local de ONU, sostienen que se trata de escuadrones de la
muerte que salen del ministerio del Interior iraquí controlado por los
chiíes.
Los suníes, que constituyen una minoría en el país pero controlaron
Irak durante la mayor parte del siglo XX hasta el derrocamiento de Sadam
Hussein, han denunciado que el funcionamiento de asesinatos y torturas contra su
comunidad cuenta con la tácita aprobación de la alianza de chiíes y kurdos
en el gobierno aliado de EEUU.
También desde fuentes de la resistencia iraquí se alertó de una
estrategia comunicacional para hacer pasar esos asesinatos en masa de sunies
como si fueran producto de una guerra religiosa, cuando en realidad forman parte
de un plan político de represión y exterminio.
En tanto información recogida por distintas
agencias señalan que más del 80 por ciento de los cadáveres amontonados en la
morgue central de Bagdadl presentan disparos en la cabeza y tienen heridas y
quemaduras que denotan haber sido torturados y/o lastimados antes de
morir.
La escalada de asesinatos y torturas se inició tras el atentado a una
emblemática mezquita chií de Samarra, el 22 de febrero de este año, que luego
desató una persecución encarnizada de ciudadanos de origen suni por parte
de grupos especiales que actúan con total impunidad en los barrios de la
capital, contando con zonas liberadas por la policía y el ejército
colaboracionista iraquí.
El modus operandi de los asesinatos que se vienen produciendo hasta
el presente recrea
la cacería y los secuestros de suníes
desatada casi simultánea al estallido de los explosivos que destruyó
parcialmente la Mezquita Dorada, símbolo de los chiíes en Samarra, el 22 de
febrero pasado.
Luego del atentado a la mezquita,
grupos operativos (escuadrones de la muerte) se camuflaron en las
manifestaciones furiosas de chiíes movilizados por los clérigos aliados de EEUU
que integran la mayoría del gobierno iraquí de turno.
Mientras las estadísticas oficiales arrojan que, desde la invasión en
marzo de 2003, murieron más 2.700 soldados de EEUU en Irak, cifras
proporcionadas por el Instituto Anatómico Forense indican que en los primeros
cinco meses del 2006, se han encontrado 6.002 cadáveres de iraquíes (la mayoría
ejecutados tras ser torturados) a un promedio de 1200 por mes, y 40 por
día.
De esta cifra de víctimas, una mayoría
abrumante pertenece a ciudadanos iraquíes de confesión suni (la comunidad de
la cual se nutre la resistencia iraquí) que fueron secuestrados o asesinados por
escuadrones de la muerte que -según diversos testimonios- se manejan con total
impunidad durante las 24 horas y contando con "zonas liberadas" por las fuerzas
ocupantes norteamericanas y la policía coboracionista
iraquí.
Las ejecuciones son realizadas a diario con alevosía e impunidad, y
los titulares destacados de la prensa internacional lo presentan como producto
de la "violencia sectaria" entre grupos religiosos.
De esta manera
, la operación de exterminio de sospechados
de militancia o de apoyo a la guerrilla suni que son sometidos a torturas y
"asesinatos selectivos" (similares a los que lanza Israel en Palestina) pasa
casi desapercibida en el contexto informativo internacional.
La actual misión de la ONU y distintas
organizaciones internacionales que actúan en Irak también denunciaron a esos
grupos operativos que cuentan con protección del gobierno iraquí en manos de los
chiíes.
En declaraciones a la agencia Associated Press, John Pace,
quien el año pasado dejó su puesto de director de la oficina de derechos humanos
de la misión de la ONU en Irak, señaló específicamente como responsables a las
"milicias extremistas" chiítas que operan dentro de las filas del ministerio
del Interior, también llamadas "cuervos negros" por el color de sus
uniformes.
La situación se agrava debido a
que "milicias extremistas" chiítas operan dentro de las filas del ministerio
del Interior, señaló Pace a la AP, señalando a las brigadas especiales
chiítas enclavadas en los servicios de seguridad y las fuerzas armadas del
país.
De la misma manera, el gobierno cómplice del kurdo Talabani presenta
los asesinatos, de los cuales son mayoritariamente víctimas los sunies, como
obra del "terrorismo" que amenaza al conjunto de la
población.