
Viernes, 25 de agosto, IAR Noticias /
Después de que los
halcones del lobby judío detonaran con la CIA el 11-S con el "terrorismo
internacional" como nueva hipótesis de conflicto en sustitución de la "Guerra
Fría", el mundo parecía encaminarse hacia el Imperio Unipolar con EEUU
convertido en potencia locomotora del sistema capitalista.
El tablero parecía ordenado: La guerra contra el "terrorismo internacional" serviría a Washington para justificar la
existencia de un nuevo "enemigo estratégico" de EEUU y de la humanidad
que justificara y ordenara el nuevo marco estratégico y doctrinario de las
"guerras preventivas".
Se suplantaba así a la Unión Soviética cuya presencia con el "peligro
comunista" legitimó ( en el marco de la Guerra Fría) las guerras de invasión y
la carrera armamentista que engordaron las ganancias de las megacorporaciones
del Complejo Militar Industrial y de los bancos de Wall Street durante el siglo
XX.
La "guerra contraterrorista" permitió, a su vez, una nueva lógica expansiva
del capitalismo trasnacional, entrelazado por infinidad de vasos
comunicantes entre Wall Street y los centros financieros de las potencias
capitalistas europeas, socios privilegiados del Imperio Unipolar en la
depredación de mercados y apoderamiento de recursos naturales estratégicos.
Esas potencias capitalistas, convertidas en furgón de cola del Imperio Unipolar,
en terminales estratégicas del lobby judío que (por izquierda y derecha)
controla la Casa Blanca, reorientaron sus trasnacionales, sus bancos y complejos
militares industriales hacia la conquista de "nuevos mercados".
El tablero lucía ordenado: Parecía que el capitalismo (en su fase trasnacional)
había superado sus contradicciones internas (las guerras intercapitalistas)
creando un nuevo modelo de desarrollo y acumulación expansiva: la "guerra
preventiva" contra el "eje del mal".
Todo parecía indicar que el Imperio Unipolar controlado por el lobby judío había
dado en la tecla: superar la guerras intercapitalistas y superar sus
crisis económicas periódicas con nuevos polos de desarrollo montados en la
"guerra contraterrorista".
El tablero parecía ordenado pero faltaba un detalle: Rusia.
En medio de la "muerte de la ideologías" y del fin decretado de las
revoluciones orientadas a cambiar el sistema capitalista, apareció
Putin, un producto reciclado del ex KGB soviético, emergente de las cenizas del
Kremlin y de la Guerra Fría, proyectándose hacia la consolidación de un
Imperio ruso forjado a partir de la vieja sociedad capitalista de las armas,
el petróleo y las finanzas.
Al principio Bush (empleado transitorio del lobby judío en la Casa Blanca)
parecía el "alma gemela" de Putín (ejecutor del nuevo capitalismo trasnacional
nacido de las cenizas del Estado soviético). Ambos, sin contradicciones
parecían buscar lo mismo.
A Bush, al
Pentágono, a los contratistas del Complejo Militar Industrial, a los financistas
judíos de Wall Street, Bin Laden y su "omnipresencia terrorista" les brindó la
justificación para dos guerras de conquista de mercados en manos del
"eje del mal".
A Putin, al complejo militar ruso, a las petroleras, a la oligarquía financiera
y armamentista, Shamil Basayev y su "sombra terrorista" macabra les sirvió para
consolidar el poder económico-militar-estratégico de Moscú a partir de la
hipótesis de conflicto con el fundamentalismo "terrorista".
Pero ocurrió algo más: Putin y el capitalismo ruso utilizaron la lógica
invertida del "eje del mal".
En vez de
combatir y/o invadir militarmente a los "Estados bandidos" del "eje del mal"
(léase Irán, Siria, Palestina, Cuba, Venezuela,
etc) les ofreció acuerdos y alianzas estratégicas (económicos, comerciales y
armamentistas) celosamente protegidos bajo su poder militar y su "paraguas
nuclear".
Y un día Europa y los estrategas del lobby judío de la Casa Blanca
descubrieron lo que parecía imposible: el Imperio Unipolar ya no estaba solo.
A la sombra del Imperio Ruso de Putín, y en un salto cualitativo dialéctico de
la historia, el "eje del mal" se convirtió en un poder emergente que hoy
desafía militarmente la hegemonía del Imperio Unipolar sionista propietario
del planeta.
No se trata de especulación "analítica": Hoy el sistema capitalista hegemónico
contempla azorado como, de sus propias entrañas, renació el "peligro
comunista" reciclado en los países del "eje del mal" que lo desafían, no ya
ideológicamente, sino militarmente, poniendo en duda la efectividad de su
poderío militar, como sucedió en Líbano, donde el lobby judío experimentó su
primera derrota estratégica.
Nada de ideología: guerra asimétrica, guerrilla, y tácticas de
combate irregular de última generación, en escenarios urbanos, con guerra
psicológica y técnicas mediáticas incluidas.
Ahí está Hezbolá como primer muestrario: la era del reinado solitario del
lobby judío y del Imperio Unipolar parece tocar un punto de inflexión y
decadencia, rumbo a un nuevo reordenamiento estratégico del poder mundial.
Ya no se trata de una guerra por áreas de influencia, sino una guerra por
áreas de supervivencia.
Se trata de una nueva ecuación, un salto cualitativo histórico, de la guerra
entre el invasor y el invadido.
Cuba, Irán, Palestina, Líbano, Venezuela, Siria, Irak, Corea del Norte, entre
otros, son países amenazados y/o invadidos que hoy, desigual y
combinadamente, marchan detrás de un mismo objetivo: enfrentarse al (hasta
ahora) Imperio Unipolar con las armas en la mano.
Y esas armas no son otras que las armas de la Rusia de Putin, claro está.
En esta fría lógica de la realidad, y no en discursos académicos, parece residir
lo que algunos ya comienzan a llamar la "libanización de la historia".
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