
Jueves, 24 de agosto, IAR Noticias / Por Manuel
Freytas Por estas horas
la prensa internacional y sus analistas son coincidentes en una evaluación:
Irán va a rechazar cualquier oferta de negociación que incluya el abandono de
su programa nuclear. Fuentes citadas por la agencia Associated Press
dijeron este jueves que la reacción entre los seis países que presentaron los
incentivos -Francia, Alemania, Gran Bretaña, Rusia, Estados Unidos y China- fue
de decepción e inclusive de furia por el desinterés iraní en responder a la
principal demanda de EEUU y las potencias en el Consejo de Seguridad de la
ONU. La perspectiva del conflicto iraní en la ONU combina tres escenarios
fluctuantes y simultáneos: "guerra diplomática", "guerra económica", y
"guerra militar" que sobrevendría si EEUU y las potencias aliadas
tampoco alcanzan una fórmula para presionar a Irán con un bloqueo económico.
Washington advirtió este jueves que se hace "inevitable", como segundo paso,
el tratamiento de sanciones contra Irán en el Consejo de la ONU, pero en
ese escenario tampoco hay garantías ni certeza de que el régimen de los ayatolás
sufra un bloqueo como el que padeció Irak antes de la invasión militar en
2003. Washington (o sea el lobby judío que controla la Casa Blanca) quiere
sancionar a Irán, pero otros miembros del Consejo de Seguridad, como es el caso
de Rusia y China, se oponen. Los expertos por estas horas dan por
descontado que Rusia y China vetarán cualquier medida de bloqueo y
sanción contra Irán en el Consejo de
Seguridad. Pero, y como señalan los expertos, la búsqueda de sanciones
económicas por el eje Washington-Londres-Tel Aviv son un paso intermedio para
justificar acciones militares preventivas contra Irán en caso de que se
niegue a desactivar su programa nuclear. Más allá de las sanciones, el punto
clave en cuestión reside en saber qué postura va a adoptar Rusia en caso de que
EEUU decida atacar militarmente a las instalaciones nucleares de Irán. Rusia
ha sido uno de los principales distribuidores de tecnología nuclear desde 1979,
y en 1995 construyó una planta nuclear en Bushehr. La ex Unión Soviética
tiene años abasteciendo a Irán de sofisticados sistemas de armas, entre los que
se destaca el sistema antimisiles Tor M-1, de mil millones de dólares, capaz de
abatir aviones que intenten atacar instalaciones protegidas.
Rusia también le vendió misiles de uso naval y modernizará la Fuerza Aérea de
Irán. Sin embargo -y según el Financial Times- la exportación nuclear
sólo representa un pequeño porcentaje de todo el comercio ruso con Irán, que
incluye petróleo, gas, líneas ferroviarias y comunicaciones. Una
situación de bloqueo comercial de Irán en la ONU, o de un ataque militar
a sus usinas nucleares pondría al gobierno de Putin en una encrucijada de
difícil resolución. Los rusos, su gobierno, sus funcionarios, sus analistas,
se han convertido en una especie de disparador clave de la crisis producida por
Irán y su programa nuclear, y en Moscú, como dicen algunos expertos, se cocinan
los entretelones claves del conflicto nuclear con Irán. Toda otra
cuestión del conflicto nuclear EEUU-Irán es secundaria, frente a la
implicancia de una posible alianza militar ruso-iraní en caso de un
ataque militar de EEUU a las centrales nucleares de Teherán. ¿Proveedor de
logística? ¿Asesor militar? ¿O aliado estratégico en las operaciones militares
de defensa y contraataque? Hay un punto clave a considerar: cualquier
acuerdo que tenga como condición soltarle la mano a Irán frente a EEUU, Rusia,
desde el punto de vista militar, económico y estratégico, tiene más para
perder que para ganar.
Favorecido por los altos precios del petróleo, con $200.000 millones
en reservas de oro y divisas duras, y con su renovado sistema de armamento
nuclear y convencional, el gobierno de Putin comienza a desafiar a la
hegemonía imperial estadounidense en relación con Irán, Venezuela, Corea del
Norte, el Gobierno palestino de Hamas y el Líbano de Hezbolá. En ese escenario, el enclave
geopolítico-militar-energético representado por Irán juega hoy un papel clave y
determinante en su estrategia de guerra por áreas de influencia con el Imperio
(léase lobby judío) capitalista de Washington. En este tablero de intereses
estratégicos (y dentro de una variada gama de hipótesis desencadenantes) no hay
duda de que un ataque militar de EEUU a Irán detonaría una respuesta inmediata
de Moscú. Si esa respuesta se conjuga en clave militar, tendremos en ciernes
a la tercera guerra mundial intercapitalista con un eje en Washington y
otro en Moscú. Este es el punto decisivo que el eje imperial-sionista
Washington-Tel Aviv deberá evaluar antes de lanzarse contra Irán.
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