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Miércoles, 23 de agosto, IAR Noticias / Además de padecer una crisis política por la derrota militar y un severo cuestionamiento al gobierno y a la cúpula castrense, Israel atraviesa por una especie de paranoia relacionada con su supervivencia como Estado.
Según los observadores, la caída del mito "Israel Potencia" confrontó a la nación judía con una realidad que antes no computaba adecuadamente: la "amenaza árabe-musulmán" generalizada.
De manera tal, subrayan corresponsales en Tel Aviv, que ya no se trata del "peligro terrorista" (constante pero cada vez más lejano con los atentados "suicidas" palestinos), sino de la percepción de una guerra árabe-israelí generalizada que cada día aparece como más cerca y probable.
Israel, desde 1967 (cuando derrotó en una guerra relámpago a Irak, Siria y Arabia Saudita) , se consolidó como una fuerza ofensiva, no preparada para la defensa sino para el ataque masivo.
Su población (como se acaba de evidenciar) no está mentalizada para la resistencia como el mundo árabe, víctima de sus invasiones y ofensivas militares por años.
Cada cohete Katiusha que explotaba en las ciudades, produjera o no daños y muertos, golpeaba en el poder de Tel Aviv, generaba presión social y política, y desgastaba con cada segundo que pasaba el mito "Israel Potencia".
Como efecto de esa experiencia, hoy, en medio de una tregua precaria con Hezbolá, la población judía, su clase dirigente, no dejan de monitorear con preocupación cada movimiento que realizan Irán y Siria, las dos naciones emblemáticas que lideran la resistencia contra el Estado judío hegemónico en Medio Oriente.
Tanto Damasco como Teherán, sus gobiernos y sus fuerzas armadas, y a nivel de estrategia de desgaste, no dejan de advertir que se están preparando para una guerra con Israel.
Desde el desgastado y desprestigiado poder en Tel Aviv, tampoco se deja pasar un solo día sin que se advierta de preparaciones para una guerra, incluso nuclear, contra sus dos principales enemigos en la región, Irán y Siria.
Este lunes, por la radio pública israelí, el ministro de Pensiones, Rafi Eitan, miembro del Gabinete de Seguridad y legendario ex espía del Mossad, sacudió a la población advirtiendo que pongan a punto los refugios para protegerse ante un eventual ataque de misiles procedente de Irán.
"Los iraníes han dicho muy claramente que, si son atacados, su primer objetivo sería Israel, por lo tanto debemos prepararnos para lo que pueda ocurrir y preparar al país para un ataque, preparar todos los sistemas civiles para que estén listos", advirtió el ministro.
Si bien los expertos coinciden en que Irán todavía no cuenta con cabezas nucleares, la advertencia del integrante del Gabinete de Seguridad ilustra sobre el estado mental y psicológico que atraviesan los funcionarios sionistas de Tel Aviv como producto de la derrota.
De la misma manera, el alto mando militar israelí sigue advirtiendo de la probabilidad de nuevos ataques en Líbano en tanto la ONU no garantice el repliegue de Hezbolá y el control de la frontera.
Y no faltan los analistas que sostienen que los halcones sionistas de Tel Aviv -con ansias de revancha- están utilizando el incentivo de la paranoia como "cortina de humo" para tapar su derrota y conseguir consenso para sus nuevos planes militares contra Hezbolá.
Además está la guerra interna por el poder en las cúpulas.
El lunes, Moshe Kaplinski, vicejefe de Estado Mayor y aspirante a suceder al actual jefe, Dan Halutz, habló públicamente de "errores y fallos" en la preparación de la "guerra", advirtiendo de nuevas "movilizaciones" en noviembre próximo.
Para los observadores, y como efecto de la derrota, el consenso nacional que acompañó y legitimó el genocidio militar de Israel en Líbano se resquebraja en medio de la paranoia y la falta de liderazgos y de planes claros para enfrentar una guerra con el mundo árabe.
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