Mientras los aviones y los tanques israelíes bombardeaban el Líbano, Binyamin Ben-Eliezer, ministro de Energía de Israel, se encontraba de visita oficial en Turquía. Junto con varios altos funcionarios de países occidentales y presidentes de grandes petroleras internacionales, Eliezer participó de la inauguración del oleoducto BTC, que une los campos petroleros de Asia Central con el puerto turco de Ceyhan, sobre el Mediterráneo. ¿Qué relación existe entre la guerra sionista contra el Líbano y las disputas por el petróleo de Asia Central?
El 13 de julio se inauguró el oleoducto BTC, el mayor de occidente. Su costo fue de varios miles de millones de dólares y se espera que dentro de tres años transporte más de un millón de barriles diarios. Abastecerá los mercados occidentales con petróleo de los riquísimos yacimientos de Asia Central. Sus principales accionistas son la British Petroleum, las norteamericanas Conoco-Philips y Chevron, la francesa Total y la italiana Eni.
La envergadura estratégica del oleoducto es mayúscula. Fue diseñado para "puentear" a Rusia (o sea desviar parte de las exportaciones petroleras de Asia Central de los oleoductos que atraviesan Rusia). El oleoducto corre a través de Georgia y Azerbaiján, dos estados firmemente integrados a una alianza militar con los Estados Unidos y la Otan. Su punto final, el puerto turco de Ceyhan, en el Mediterráneo, se encuentra en la frontera con Siria.
Israel participa en la explotación de los pozos de Azerbaiján (que le provee el 20% de su consumo de petróleo). Al mismo tiempo, mantiene acuerdos de cooperación militar con Azerbaiján, Georgia y Turquía.
Según el especialista Michel Chossudovsky, "el bombardeo del Líbano es parte de una agenda militar cuidadosamente planificada y coordinada (…) íntimamente relacionada con el petróleo y los oleoductos (y) apoyada por los gigantes petroleros que controlan los corredores de los oleoductos. En el contexto de la guerra del Líbano, (este plan) busca el control territorial de Israel sobre la costa del Mediterráneo oriental" (Information Clearing House, 26/7).
La mayor parte del petróleo que llegue a Ceyhan será embarcado hacia los mercados occidentales; una pequeña parte, sin embargo, abastecerá a Israel. Entre Ceyhan y el puerto israelí de Ashkelon hay 400 kilómetros de distancia. Poco antes de que comenzaran los bombardeos, Turquía, Líbano e Israel firmaron acuerdos para la construcción de un oleoducto submarino entre estas dos ciudades. Sin embargo, el costo de un oleoducto submarino es elevadísimo; uno que corriera por tierra, por las costas libanesas, sería enormemente más barato. En cualquiera de los dos casos, "sería necesario el control territorial israelí-turco sobre la costa sirio-libanesa del Mediterráneo oriental (…) ¿No es éste uno de los objetivos ocultos de la guerra del Líbano? Abrir un espacio que le permita a Israel controlar el vasto territorio libanés que se extiende desde la frontera libanesa hasta Turquía a través de Siria" (ídem).
Pero Israel recibiría mucho más petróleo del necesario para su consumo interno. Una parte, quizá la mayor, sería embarcado desde el puerto de Eliat, sobre el mar Rojo, hacia la India y otros países de Asia.
"Transportar el petróleo y el gas de Asia Central al Mediterráneo Oriental (bajo la protección militar israelí), para reexportarlo a Asia, busca socavar el mercado energético inter-asiático, que se basa en el desarrollo de oleoductos que ligan directamente a Asia Central y Rusia con el sudeste de Asia, China y el Lejano Oriente. En última instancia, este diseño busca debilitar el papel de Rusia en Asia Central, separar a China de los recursos energéticos de Asia Central (y) aislar a Irán" (ídem).
En la guerra del Líbano, como la de Irak y Afganistán, no sólo está en disputa el control de los recursos y países del Asia Central. Quien triunfe en la batalla, estará en condiciones de determinar el destino de los vastos territorios que van de Rusia al Pacífico y, en consecuencia, el destino de la restauración del capitalismo en Rusia y China.