La operación comando israelí del
sábado a la madrugada sorprendió a Hezbolá, quebró la tregua y colocó
al ejército y al gobierno de Líbano en una situación de desconcierto.
Si bien las fuerzas especiales judías reconocen dos muertos propios en la
acción, su mando militar comunicó haber apresado a varios combatientes de
Hezbolá, lo que fue negado tajantemente por la organización guerrillera.
Pero más allá de sus resultados, no cabe duda de que se trató de una acción
ejecutada por sorpresa, una operación comando de precisión ejecutada
sobre uno de los bastiones claves de Hezbolá que en los anteriores ataques le
asestó muchas bajas en hombres y equipos a Israel.
El gobierno de Líbano denunció la acción como una maniobra de provocación
orientada a romper la tregua establecida por la ONU y a inducir ataques
de Hezbolá como respuesta, y luego justificar ataques israelíes a sus
fuerzas militares desplegadas en las fronteras.
La especulación de Líbano no es correcta, dado que Israel no tiene como blanco
al (débil y casi desarmado) ejército de Líbano sino a Hezbolá, y, por el
contrario, está tratando de utilizar al ejercito de Líbano en una estrategia de
división fronteras adentro (ver:
Prosirios" y "antisirios":
un plan israelí-norteamericano para dividir Líbano).
Se trataría en cambio de un "módulo experimental", de un cambio de táctica de
ataque frontal y abierto (como el de la fracasada operación iniciada por mar,
por aire y por tierra el 12 de julio) a operaciones de comando
orientadas a blancos selectivos dentro de Líbano.
Israel planificó en detalle el ataque y la invasión a Líbano, pero no
tenía en claro qué hacer ante la respuesta defensiva y desconcertante,
primero, y la ofensiva, luego, de Hezbolá sobre sus ciudades, que le
causó un golpe psicológico del cual no se
pudo reponer.
Hezbolá ensayó con éxito un plan defensivo y de contraataque basado en la
sorpresa y en la clandestinidad de sus combatientes, a punto tal, que la
aviación israelí destruyó, virtualmente demolió sus estructuras visibles, pero
no pudo destruir su estructura subterránea planificada y construida durante años
como estrategia defensiva frente a un ataque masivo de Israel.
Más que un costo militar, las operaciones de Hezbolá le impusieron a la potencia
militar israelí un
costo moral, político y psicológico que el alto mando judío no supo resolver.
Como había dicho en pleno ataque a gran escala un general israelí citado por
medios árabes: "peleábamos contra fantasmas que habitan debajo de la tierra".
Desde el punto de vista estratégico militar, el error de Israel fue el ataque sin previsión de la defensa y
del contraataque, y el acierto de Hezbolá fue la preparación y la planificación
táctica y estratégica de la defensa, en detalle, adelantándose a los movimientos
de un ataque a "gran escala" de la potencia militar israelí.
Hezbolá funciona celularmente a partir de unidades descentralizadas
(nunca se sabe donde está el cerebro, el mando central) lo cual hace imposible un golpe devastador a su
estructura de comando.
También impidió que la inteligencia militar israelí precisara en detalle el plan
estratégico de defensa antes de la invasión militar del 12 de julio.
Hezbolá acumuló logística militar y abastecimiento de
alimento suficiente para resistir un tiempo prolongado, lo cual lo tornó
invulnerable al bloqueo por aire, mar y tierra establecido por
Israel. Hezbolá eligió una táctica ofensiva y ofensiva, seleccionando
como blanco los objetivos más vulnerables de Israel, no desde el punto
de vista militar, sino desde el punto de vista político, social y
psicológico. Sus cohetes se dirigieron al punto más vulnerable: las
ciudades israelíes más importantes del norte, como Haifa.
Israel,
desde 1967, se consolidó como una fuerza ofensiva, no preparada para la defensa
sino para el ataque masivo. Su población no está mentalizada para la resistencia como
el mundo árabe, víctima de sus invasiones y ofensivas militares por años.
Tampoco (y ahí reside su flanco más débil) está preparada para recibir bajas que
debiliten su leyenda de potencia militar "invencible".
Israel planificó el ataque y la invasión a Líbano, pero no tuvo en
claro qué hacer ante la respuesta ofensiva desconcertante, primero, y
la ofensiva, luego, de Hezbolá contra sus ciudades, que le asestaron
un golpe psicológico del cual no se pudo reponer.
Cada cohete Katiusha que explotaba en las ciudades, produjera o no daños y
muertos, golpeaba en el poder de Tel Aviv, generaba presión social y política, y
desgastaba con cada segundo que pasaba el mito "Israel Potencia".
En la guerra psicológica
proyectada por medios militares los costos mayores siempre los padece la
potencia superior que ataca utilizando medios militares masivos.
Israel, como EEUU,
cuenta como principal factor de supremacía militar su poder aéreo demoledor,
Hezbolá lo anuló metiéndose bajo tierra, en túneles interconectados con
alimentos y reservas de armas y municiones.
Sus comandos podían descansar, y
seleccionar un nuevo blanco de ataque, sin padecer el acoso de los misiles
y de las bombas inteligentes que pulverizaron sus pueblos y ciudades, y
asesinaron masivamente a la población libanesa.
La aviación judía (en su objetivo de cortar rutas de abastecimiento y destruir
centros logísticos y de mando de Hezbolá) masacró a más de 1.100 libaneses,
hirió a otros 4.000, pulverizó las rutas, los puentes, los
pueblos de Líbano, arrasó con barrios enteros de Beirut, pero los combatientes de Hezbolá con sus estructuras
subterráneas quedaron en pie y emergían a la superficie para asestar golpes
mortales a la infantería y a los blindados judíos.
Una vez establecida la tregua, y por su particular estructura de organización,
los combatientes de Hezbolá emergieron a la superficie y se confundieron con
la población civil de la cual forman parte y donde desarrollan una actividad
como cualquier ciudadano.
Abajo, en la clandestinidad, en la profundidad de los sistemas de túneles
ocultos, quedaron protegidos los RPG-29, los fusiles Kalashnicov, y todos su
arsenal armamentístico y logístico preparado durante años para resistir los
ataques y las invasiones de Israel.
Con la operación del sábado a la madrugada, además de quebrar la tregua, Israel
ensayó una operación de ataque selectivo a Hezbolá "fuera de la
clandestinidad" provocándole una sorpresa a los topos de la organización
guerrillera libanesa.
Se trató, como dijimos, de un ensayo de cambio táctico orientado a definir una
estrategia de ataques selectivos (sin someter sus tanques e infantería al
fuego mortal de los RPG-29) basados en la sorpresa, y en la elección del blanco y el
terreno donde el enemigo presenta mayores puntos débiles.
Y todo indica que, de ahora en más (aunque puede haber un complemento de ataques
frontales y abiertos en la frontera) ese será el escenario predominante de la
nueva ofensiva israelí para debilitar a Hezbolá y luego intentar asestarle algún
golpe mortal.
Ahora falta la respuesta en campo de Hezbolá, la organización de topos de la
resistencia libanesa que terminó con el mito "Israel Potencia" y les hizo morder
el polvo de la derrota a los generales sionistas de Tel Aviv.
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