Luchar
unidos con fé en la victoria: La clave con la que el pueblo libanes y
palestino ha podido aislar y derrotar hasta el momento la ofensiva
genocida desatada por los israelitas. Abdul Kadir al Hindawi es uno de los muchos habitantes de Beirut que ha aprovechado el dudoso “cese temporal de hostilidades” para salir de los refugios y volver a casa, en lo que es una nueva estrategia de resistencia: la reconstrucción del país.
Se cumplen ya tres días del primer cese temporal de ataques en la última guerra unilateral de Israel contra el Líbano. Después de más de 30 días de bombardeos constantes contra la población, el Estado de Israel no ha logrado su objetivo de tomar ese pais ni de provocar un enfrentamiento civil entre los distintos sectores, a pesar de haber contado con el apoyo del gobierno de Estados Unidos.
El
saldo en el Libano supera el millar de muertos, la inmensa mayoria
civiles; destrucción de infraestructura; miles de viviendas destruidas
y evacuaciones masivas hacia zonas montañosas. En contrapartida, de las
casi 200 víctimas producto de la resistencia libanesa al ataque israelí, la
mayoría son soldados de las fuerzas ocupantes caídos en combate,
pertrechados con los últimos adelantos tecnológicos y con el apoyo de
la mayor maquinaria de guerra de la región.
Abdul Kadir al Hindawi: "Aún escucho los truenos de los misiles"
El dudoso “cese temporal de hostilidades”
fue aprovechado por muchas familias para salir de sus refugios y volver
a casa, en lo que es una nueva estrategia de resistencia: la
reconstrucción del país.
Esta es la historia del amigo Abdul Kadir al Hindawi quien vivía con
toda su familia al sur de la ciudad de Beirut. Su calle fue uno de los
blancos elegidos por el ejercito israelí para lanzar en un solo día más
de 30 misiles, que cayeron alrededor del edificio de Abdul. Aunque
ninguno impactó en él, a su alrededor los demás se convirtieron en
escombros y el suyo de desbarató con las ondas expansivas y los pedazos
de muro y piedra que volaron por los aires.
La
lógica de cualquier militar con algo de sentido común haría suponer que
para haberse decidido a destruir la zona con esa magnitud de
bombardeos, se trataba de un peligrosísimo centro de fábrica de armas
químicas o un almacen de uranio enriquecido para acciones turbias
contra la humanidad. Pero no, nada de eso. Allí vivían y hacían vida
familias, civiles, gente desarmada. La acción de ese bombardeo no
responde sino a la lógica del terrorismo: lograr la dominación de una
población desatando el terror y el pánico a través de acciones
criminales. Pero en eso fallaron los cálculos israelitas: cientos de
familias como la de Abdul vuelven a sus hogares a recomponer sus vidas,
demostrando que su decisión de no abandonar su tierra es inquebrantable.
Fue uno de los pocos que permaneció en la zona del bombardeo y salió con vida para contarlo
“Gracias
a Dios que ya habia sacado a mi familia hacia un lugar seguro. Yo me
quedé solo en este edificio cuando comenzaron a bombardear y me
resguardé en la escalera del 1er piso. A mi familia ya la había mandado
a las montañas fuera de Beirut. Yo me quedé porque pensaba que podría
sacar el tractor con el que trabajo cuando se presentase una
oportunidad. Fué una locura, pense que moría. Aún escucho los truenos
de los misiles. No pude salir porque las bombas no dejaron de caer el
dia 15.”
Su esposa, la señora Hindawi desaprueba mientras escucha a su esposo: “Es loco. No sé como lo deje quedarse. Pudimos perderlo”.
Su tractor no se salvó. Quedó tapiado bajo los escombros que se ven
desde el balcón de su vivienda. Desde cada una de las ventanas de la
casa el panorama es el mismo: destrucción, escombros y olor a muerte.
Los primeros estudios que se hicieron señalan que al menos 15.000
viviendas fueron dañadas total o parcialmente en el país. El nivel de
destrucción causado por Israel no tiene precedentes en la historia de
las guerras sionistas contra el Líbano.
"Perdimos todo pero podemos comenzar de nuevo. Estamos vivos"
Su hijo Mohamad escucha mientras Abdul nos muestra lo que quedó de su apartamento: “Esa
era nuestra sala comedor. Los golpes de las ondas derribaron la mitad
del techo. Tendre que levantarlo otra vez. Perdimos todos los muebles
pero estamos con ánimo porque podemos comenzar de nuevo. Estamos vivos.”
El
caso de Abdul es el mismo de miles de desplazados que están regresando
desde distintos lugares del Libano, decididos a reconstruir lo que
quedó de sus hogares e ignorando el desafío del Estado israelita, que
advirtió que no debían hacerlo aún. La resistencia de pueblo libanés
sigue ganándole la batalla al invasor sionista apoyado por Bush.
“Somos árabes. Sabemos luchar unidos contra todo lo que pueda venir"
Hassan
Nasrallah, secretario general de Hizbolláh, anunció por TV hace dos
dias que mientras durase el cese al fuego la resistencia se encargaría
de la reconstrucción:
“Equipos
juveniles harán un estudio sobre los terrenos destruidos y se ofrecerá,
a partir de mañana, a cada familia cuya casa fue destruida totalmente,
lo que equivale a un año de alquiler más el valor de los muebles de su
casa. No esperaremos que se implementen los mecanismos del gobierno,
dado que tomaría mas tiempo.”
El
dirigente de Hizbolláh hizo un llamamiento a todos los libaneses,
ingenieros, obreros y expertos a sumarse voluntariamente en los
trabajos de la reconstrucción. En la calle donde vive Abdul se vé ya el
movimiento de despeje de vias, maquinarias y voluntarios.
La
crisis humanitaria es tan grave en las zonas bombardeadas, que es
difícil imaginar como podrá superarse el problema alimenticio, de
aguas, la falta de electricidad, el trabajo que la gente perdió, el
transporte, la salud, la educación. Mientras compartimos un refresco
hecho en casa con frutas de la azotea de Abdul, son miles las
interrogantes que nos vienen a la cabeza sobre cómo podrá enfrentar el
pueblo libanés esta nueva etapa de la agresión que es la subsistencia
en condiciones de desastre total.
La esposa de Abdul, con una serenidad capaz de derrumbar ejercitos genocidas, nos dio la clave muy tranquila:
“Somos árabes. Sabemos luchar unidos contra todo lo que pueda venir. Y tenemos mucha fé.”
Luchar unidos con fé en la victoria
En su azotea, la familia de Abdul tiene una tropa de hijos adoptivos: pichones de paloma y plantas. “Los sobrevivientes de la guerra” como dice su hija. “Los
pichones están volviendo poco a poco después del bombardeo, como
hicimos nosotros. Nunca dejaremos nuestra tierra. Ahora estamos
durmiendo en la azotea de la casa que es el lugar más seguro y usamos
el baño de una vecina mayor que vive sola en el segundo piso.”
Luchar
unidos con fé en la victoria: La clave con la que el pueblo libanes y
palestino ha podido aislar y derrotar hasta el momento la ofensiva
genocida desatada por los israelitas. Si la cobardía militar sionista
convirtió a los hogares libaneses en objetivos militares de sus
ataques, el pueblo libanés convirtió cada uno de sus hogares en un
bastión de la resistencia con las armas de la unidad, la organización
popular y la fé en la victoria.
La
fortaleza de familia de Abdul, como la de tantas otras que vuelven a
sus hogares en el Líbano, es la clave de una victoria que ningún
satelite de espionaje imperialista podrá jamás descifrar.
Ver también: El saldo de la guerra: Mapa del Líbano