Hotelera Starwoods entra a Cuba

El director de Operaciones para América Latina de la cadena hotelera estadunidense Starwoods, Jorge Giannattasio, habla a la prensa en La Habana

El director de Operaciones para América Latina de la cadena hotelera estadunidense Starwoods, Jorge Giannattasio, habla a la prensa en La Habana

20 de marzo de 2016.-

La Habana. Starwood firmó un acuerdo el sábado para renovar y operar 3 hoteles cubanos, con lo que las cadenas estadounidenses regresan a la isla más de 50 años después de que la Revolución de Fidel Castro incautó propiedades de ese país, informó la empresa.

Todos los hoteles en Cuba son manejados por el estado, por lo que el trato pone a una importante corporación estadounidense directamente en negocios con el gobierno socialista bajo una licencia especial. Lo anterior hace avanzar mucho más que antes el desmantelamiento legal impulsado por el gobierno de Barack Obama del embargo comercial a Cuba.

En un acuerdo que alguna vez habría parecido inimaginable, un hotel propiedad de la rama turística de las fuerzas armadas cubanas se convertirá en un Sheraton Four Points.

El trato fue alcanzado la víspera de la histórica visita de Obama a Cuba, la cual abre una nueva era entre los ex enemigos de la Guerra Fría y en la que los viajeros y empresas estadounidenses están ansiosos por aprovechar las oportunidades en la isla ubicada a 145 kilómetros (90 millas) al sur de Florida.

Jorge Giannattasio, jefe de operaciones en Latinoamérica para Starwood, indicó que la compañía invertirá millones de dólares para renovar los hoteles Quinta Avenida, Santa Isabel e Inglaterra, entrenar y contratar personal nuevo y reabrir las puertas de los mismos para fin de año.

El Quinta Avenida es propiedad de Gaviota, un conglomerado turístico operado por las fuerzas armadas. El Santa Isabel y el Inglaterra, que son manejados por otras agencias del estado, serán operados como parte de la marca Luxury Collection de Starwood.

Sin embargo, se desconoce durante cuánto tiempo Starwood seguirá siendo estadounidense. El viernes, la empresa canceló un acuerdo de compra con Marriott con 12.200 millones de dólares en favor de una oferta de un grupo de inversionistas encabezado por la aseguradora china Anbang.

Los hoteles cubanos son tristemente famosos por su amueblado destartalado y servicio deficiente. Giannattasio dijo que los de Starwood en Cuba serían reacondicionados con todo, desde colchones nuevos hasta equipo de cocina mejorado y medidas de seguridad, y serán administrados por equipos de empleados de Starwood que llegarán del extranjero.

Las leyes en Cuba prohíben la contratación directa generalizada de trabajadores cubanos por parte de firmas extranjeras. Las empresas internacionales se quejan de que su incapacidad para contratar directamente a empleados cubanos, y de ser necesario degradar o despedir a personal que no trabaje bien, obstaculizan su capacidad para proporcionar un servicio satisfactorio a los clientes.

Giannattasio dijo tener confianza de que Starwood tendría suficiente flexibilidad y control para mantener los estándares de la compañía en Cuba, aunque declinó comentar sobre los detalles del acuerdo de la firma con el gobierno cubano. La empresa recibirá una cuota por sus servicios de administración y de promoción de la marca.

El número de visitantes en Cuba se incrementó en casi el 20% el año pasado, y casi 80% más estadounidenses están volando a la isla. Este aumento ha abrumado a la decrépita infraestructura turística de la isla y ha saturado los hoteles.

Se espera que esa cifra aumente aún más este año con el arranque de cuando menos 110 vuelos comerciales diarios desde Estados Unidos, una de decenas de medidas que el gobierno estadounidense ha lanzado para debilitar el embargo comercial como parte de una normalización más amplia en las relaciones con Cuba desde que Obama y Raúl Castro declararon el deshielo entre ambos el 17 de diciembre de 2014.

Washington retiró el martes las últimas restricciones significativas a los viajes a Cuba, al anunciar que permitiría que individuos visitaran la isla para efectuar viajes educativos de contacto con la gente. Aunque la prohibición para que los turistas estadounidenses vayan técnicamente sigue en pie, se ha convertido en un sistema basado en la confianza que prácticamente es imposible de supervisar.

Los estadounidenses deberán guardar registros durante cinco años de las actividades que realizaron en Cuba, pero no tendrán que presentarlos a menos que les sean solicitados. Anteriormente el gobierno de Obama redujo las restricciones al permitir viajes en grupos sin permiso estadounidense anticipado y recorridos independientes para propósitos específicos como actividades religiosas o eventos deportivos.


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