Estancamiento económico amenaza a la izquierda latinoamericana

Luis Quintana, internacionalista y profesor de Geopolítica.

Luis Quintana, internacionalista y profesor de Geopolítica.

13 marzo 2016 - Luego de los triunfos electorales de Hugo Chávez en Venezuela (1998), Luiz Inácio Lula en Brasil y Néstor Kirchner en Argentina (2003), se habló en América Latina de un “giro a la izquierda”.

El fenómeno electoral parecía consolidarse con otras victorias progresistas: José “Pepe” Mujica en Uruguay (2005), Evo Morales en Bolivia y Michelle Bachelet en Chile (2006), Rafael Correa en Ecuador y Daniel Ortega en Nicaragua (2007), Fernando Lugo en Paraguay (2008) y Mauricio Funes en El Salvador (2009).

Cada uno con sus particularidades, pero todos poniendo el acento en la lucha contra la pobreza, la reivindicación de los derechos de los trabajadores y los pueblos originarios, como respuesta al Consenso de Washington -la aplicación de políticas neoliberales de ajuste que dominó la década de 1990- que dejó descontento popular, profundizó la desigualdad, generó crisis política y desgaste de los partidos tradicionales.

La ola progresista criticaba y rechazaba las estrategias que conducían al neoliberalismo, el imperialismo estadounidense y el endeudamiento externo.

Hoy, luego de varias reelecciones y consultas populares que expresaron amplio apoyo y respaldo, se registra un cambio de signo en el gobierno argentino tras 12 años de gobiernos kirchneristas (Néstor y Cristina Fernández), el rechazo a la posibilidad de una nueva reelección para Evo Morales (51,3%) y la caída de la aprobación de Michelle Bachelet (20%) y la brasileña Dilma Rousseff (11,4%), quien incluso se enfrenta a la posibilidad de un juicio político. Además, el Gobierno venezolano perdió el Poder Legislativo (65,27%).

¿Fin de una era? ¿Hay un ocaso de la izquierda en América Latina? ¿Por qué pierden espacio los gobiernos progresistas?

Para el internacionalista Carlos Romero, quien aclara que el ciclo de los gobiernos de izquierda no se dio en toda América Latina, el tema es objeto de debate dada la convergencia de tres elementos: la reconstrucción de los sectores de oposición, la crisis económica a raíz de la caída de los precios de las materias primas y falta de desarrollo económico, además de ineficiencia y corrupción en estas gestiones.

Según explica Romero, “hay un cuestionamiento de los modelos, pero no es que han cambiado las preferencias. Se ha buscado una alternativa bajo la base del voto castigo. La población siente que esos gobiernos les han fallado, se ha disminuido el proceso de transferencia social. Han perdido el apoyo que tenían a principios del siglo XXI estas propuestas”.

Por su parte, Luis Quintana, internacionalista y profesor de Geopolítica, señala que los gobiernos de izquierda se concentraron en mejorar las condiciones sociales de la población y mantienen desafíos para generar las condiciones económicas “que permitan a los estados redistribuir la riqueza en forma de bienes públicos y programas sociales. Hay una deuda en desarrollar y potenciar la dimensión productiva de los países”.

Es decir, “el problema es que tienen menos riqueza para distribuir. Y también tienen, evidentemente, más desgaste en el ejercicio de sus gobiernos..., frente a la caída de los precios internacionales de las materias primas, se han dificultado sus niveles de manejo y de gobernabilidad interna”.

¿Qué pasó? Romero explica que “uno de los aspectos negativos de estas experiencias de izquierda es que han sido muy ortodoxos en sus posiciones políticas y económicas. Han planteado un programa centrado en la estatización y el control de la economía, además de la presunta hegemonía política. Esto ha llevado al resurgimiento del populismo: ofrecer y no tener condiciones económicas que respalden esos ofrecimientos y ese gasto social”. “El cinturón ideológico constituye un gran problema. No los va a llevar a hacer cambios”, subrayó.

Quintana, por su parte, indica que “las décadas neoliberales dejaron por el piso las economías, las condiciones sociales de vida de la población, y al mismo tiempo las capacidades del Estado, las cuales debieron ser restituidas a través de reformas políticas y recuperando la soberanía sobre los recursos naturales. Pero, no han tenido fácil las ecuaciones de poder interno para avanzar más allá de la explotación de las materias primas. Han enfrentado grandes adversarios internos y externos, con todos los medios en contra. Eso no justifica los resultados en materia económica, pero evidentemente sí tiene mucho peso”.

Además, explica el experto que al producirse la movilidad social de las clases populares hacia las clases medias, producto de la mejora de las condiciones y niveles de vida, las poblaciones fueron sometidas a las presiones de la hegemonía cultural burguesa asociada a la proyección del estilo de vida en Estados Unidos.

“Una de las cosas que hizo la izquierda que no hicieron jamás los gobiernos de derecha fue elevar, en general, los niveles de acceso al consumo, que jamás habían tenido las clases populares”, destacó. “Sin duda alguna toda esta situación genera un desgaste de la empatía que sienten esos sectores hacia los gobiernos revolucionarios o de izquierda progresista”, sentenció Quintana.

El internacionalista asegura que buena parte de los reveses son producto de un debilitamiento de la izquierda, en la medida “en que las derechas han tomado cuerpo y sacado provecho del desgaste natural de gobiernos que ya tienen por lo menos dos períodos y debilidades acumuladas. Pero los gobiernos populares siguen teniendo buen respaldo de sus poblaciones”.

Romero apunta que el péndulo electoral está cambiando y “el empoderamiento de la oposición es un elemento clave, pero no basta criticar, denunciar la corrupción y las desviaciones antidemocráticas de estos gobiernos de izquierda, también deben haber propuestas, como pasó en Argentina”.

Panorama social

El informe anual de la Cepal, Panorama Social en América Latina de 2014, presenta una medición multidimensional de la pobreza (vivienda, servicios básicos, empleo, educación, protección social y estándar de vida, referido a los ingresos y la posesión de bienes duraderos).

De acuerdo con este índice, entre 2005 y 2012 la pobreza se redujo -como promedio para 17 países de la región- de 39% a 28% de la población, cifras similares a las de la pobreza por ingresos. Pero, además, señala que se estancó el descenso de la tasa en 2012 y 2013 (28,1%). Para 2014, se mantenía en torno a 28% lo que, unido al crecimiento demográfico, se traduciría en un aumento en números absolutos a 167 millones de personas.

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