4 de Diciembre de 2009. Centenares de personas empezaron hoy a dar el último adiós al cantautor Víctor Jara, asesinado en 1973 por militares, en el inicio del velatorio de sus restos, que se extenderá durante tres días para que sus compatriotas le ofrezcan el homenaje que no pudo recibir al momento de su muerte.
La británica Joan Turner, viuda del cantautor, custodió el féretro
donde reposan los restos de su esposo, el mismo en el que fue sepultado
en septiembre de 1973 cuando, acompañada solo por dos personas, lo
depositó en un humilde nicho del Cementerio General.
"Está en el
mismo ataúd con que fue sepultado casi en la clandestinidad por Joan
Jara el 18 de septiembre de 1973. Su hija Manuela lo ha preparado",
explicó la actriz Gloria König, presidenta de la Fundación Víctor Jara.
A
la Fundación Víctor Jara, en el centro de Santiago, lugar elegido para
velar al artista chileno, acudieron también representantes políticos,
del mundo del arte y la cultura y de asociaciones de derechos humanos.
La primera guardia de honor fue encabezada por Joan Jara junto a sus hijas Amanda y Manuela.
Las
siguientes fueron realizadas por los trabajadores de la Fundación
Víctor Jara, la plana mayor del Partido Comunista de Chile, los máximos
dirigentes de las juventudes comunistas y la Agrupación de Familiares
de Detenidos Desaparecidos.
Entre las personas que acudieron al
velatorio figuran la ministra de Cultura, Paulina Urrutia; el músico
chileno Ángel Parra, hijo de Violeta Parra, el director de cine Andrés
Wood y el candidato presidencial de la izquierda extraparlamentaria,
Jorge Arrate.
El entierro del autor de canciones como "Te
recuerdo Amanda" y "¡Ay, canto, que mal me sales!" tendrá lugar el
sábado 5 de diciembre a las 10.00 horas (13.00 GMT) cuando, desde la
sede de la Fundación saldrá un cortejo que recorrerá las calles hasta
el Cementerio General.
El cantautor y director de teatro fue
asesinado en el Estadio Chile, un recinto deportivo utilizado como
centro de reclusión y tortura, días después del golpe de Estado que el
11 de septiembre de 1973 terminó con el mandato del presidente Salvador
Allende (1970-1973).
Según determinó la investigación judicial,
fue brutalmente golpeado y torturado, sus manos sufrieron golpes de
culatas de fusiles y después recibió 44 disparos en todo el cuerpo.
