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Secretario General de la OEA, José Manuel Insulza | Credito: TeleSUR |
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Caracas, 07 Oct. ABN (Carolina Pérez).- Para que sea efectivo el diálogo convocado para discutir la crisis generada en Honduras por golpe de Estado es necesario no traicionar ni abandonar el espíritu del Acuerdo de San José.
Así lo sostuvo el ministro de Gobernación del mandato de Manuel Zelaya, Víctor Meza, en la instalación de la mesa de diálogo en Tegucigalpa por el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, los cancilleres de Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala y México, el subsecretario de Estados Unidos para América Latina, Thomas Shannon, y tres representantes de Roberto Micheletti y del presidente constitucional de Honduras, Manuel Zelaya.
“Para que el diálogo sea posible se necesita manifiesta voluntad política (...) Lo importante es no traicionar ni abandonar el espíritu del Acuerdo de San José”, dijo.
Destacó que la democracia ofrece los mecanismos del diálogo, la comunicación, el consenso y la concertación.
“Estamos aquí para ver hacia adelante y, como suele decirse, toda crisis contiene siempre la semilla de una nueva oportunidad y por lo tanto esta crisis nos abre las puertas para conocer la nueva Honduras, para palpar esas energías subterráneas de la sociedad hondureñas, para conocer esos escenarios laberínticos y novedosos en los que se mueve con un afán más participativo, más activo, una nueva ciudadanía, más vigilante, más crítica, mejor informada y más propositiva, esa ciudadanía está hoy en las calles del país”, expresó.
Resaltó que para descubrir esas energías ocultas de la sociedad hondureña y aprovechar su nueva vitalidad y su espíritu de transformación y reforma, es importante acudir a los propios mecanismos que la democracia coloca a disposición pública.
“Los errores de la democracia se corrigen con más democracia, no se corrigen con golpes de Estado”, enfatizó.
Agregó que a lo largo de tres décadas, la sociedad Hondureña ha podido seguir construyendo institucionalidad democrática, “pero es evidente que no fuimos capaces de construir, al mismo tiempo y de manera paralela, cultura democrática".
Manifestó además: "Es evidente que tenemos un déficit de valores, de espíritu, de estilo, de costumbres para convivir civilizadamente en democracia. La crisis actual es la prueba más contundente de que no fuimos capaces de construir esa cultura política que la democracia reclama”.