Buenos Aires, 04 de mayo de 2008 (AW).
Hace trece
meses, asesinaron a un docente. No se sabe si por casualidad o por arte del
destino era de esos hombres ejemplares, que enorgullecen a una madre y merecen
la admiración de la mayoría. Había elegido la docencia como forma de vida, como
herramienta para transmitir no sólo conocimientos, sino también amor.
Muchos han dicho, que los docentes no deben ser
tocados; son los héroes de una argentina desangrada y, como tales, deben
permanecer intactos. Pero, los héroes se presentan como figuras inalcanzables,
como seres de otra tierra. Carlos, estaba muy lejos de eso; era fruto de este
país, vivía y sufría la realidad como tantos otros.
Javier Monópoli, maestro y militante de la Asociación
de Trabajadores del Estado de Neuquén (ATEN) de San Martín de los Andes,
expresó hace un mes: “Creo que Carlos hoy representa el arquetipo de los
trabajadores de Neuquén. A medida que nos fuimos interiorizando de quién era
Carlos, nos dijimos: ¡qué puntería que tiene el poder cuando quiere matar! Era
casi intachable, no entrando en una cuestión de idolatrarlo, sino
objetivamente”.
El dolor, no se siente sólo porque mataron a un
docente; sino que, junto al hombre del guardapolvo y la tiza murió un esposo,
un padre, un compañero, un militante.
Sandra, su mujer, al cumplirse un año del crimen,
dijo que “Carlos fue un ejemplo de vida, en cada paso que dio dejó una huella,
una impronta de cambio. En ese sentido, fue un verdadero revolucionario, en sus
pensamientos y en sus acciones (…) Y lo fue no sólo en la calle; lo fue en su
casa, cuidándonos, impulsándonos independencia con el constante amor. Lo fue en
la pareja, en el aula, en cada lugar que trabajó. Y como siempre, mirando al futuro.
Por eso sostengo: Carlos, fuiste un revolucionario de la vida”
La cronología de una lucha,
la muerte del compañero
En el 2006, luego de varias movilizaciones en reclamo
de recomposiciones salariales, los docentes neuquinos llegaron a un acuerdo con
el gobierno provincial, manejado por Jorge Sobich. Pero, llegado el 2007, esas
promesas no se cumplieron.
Entonces, se
realizaron nuevas protestas. Entre ellas, una caminata desde Zapala a Neuquén, donde
arribaron miles de compañeros que se fueron sumando en cada ciudad. Pero, el régimen
sobichista no los quiso escuchar.
Los docentes no deseaban cortar las rutas que atraviesan
los pueblos, porque eso implicaba enfrentarse con sus habitantes; según
Monópoli, los maestros querían “trabajar con los padres, no contra los padres”.
Entonces, surgió la idea de cortar Arroyito, lugar en el que no hay población fija
pero por donde debían pasar los turistas que se dirigían a San Martín de los
Andes y Bariloche. Como se aproximaba semana santa, impedir el paso de esa
gente era una forma de presionar al gobierno provincial para que les concediera
una audiencia.
El militante de ATEN cuenta que “ya antes de llegar a
Arroyito, nos paró la policía. Pudimos pasar, pero a medida que nos acercábamos
nos encontrábamos con más policía y patrulleros, que se nos plantaban atrás y
nos seguían”.
En la rotonda que une la ruta 22 con la 237, “vimos
apostados policías con mucha tecnología, mucho refuerzo. Todo esto, a un
kilómetro de donde íbamos a realizar el corte, nos llamó la atención”. La experiencia
que tienen los maestros, luego de muchas represiones en su contra, es que la
policía actúa ante el hecho sustanciado, una vez que el corte ya se concretó; pero
en Arroyito, las cartas estaban barajadas de otra forma. Antes de que los
huelguistas lograran instalarse, los uniformados ya habían lanzado las primeras
granadas.
Entonces, “decidimos replegarnos a la estación de
servicios, suponiendo que la policía no iba a tirar sobre la estación. Pero, cuando
me estoy bajando de la camioneta, empiezan a caer las granadas de gas al lado
nuestro. Están locos, pensé”. Un par de minutos después, dejaron de caer los gases;
era señal de que podían volver a la ruta. Sin embargo, cuando se estaban
retirando, la policía comenzó a dispararles desde atrás.
Javier Monópoli recuerda que un camión hidrante le
apuntó y tiró el chorro de agua directo a la ventanilla del vehículo que
manejaba. Por suerte, no se rompió el vidrio. En ese momento, “vemos que a cincuenta
metros se arma un tumulto, se para todo y se arma un gran quilombo. La gente estaba
enfervorizada. Un compañero aparece, detrás del hidrante, gritando, nervioso,
desencajado. Estaba lleno de sangre… Habían asesinado a Carlos”.
La lucha continúa
Luego del crimen, se formó la Comisión Carlos
Presente (Co.Ca.Pre) que, en San Martín de los Andes, reúne a personas de
distintas organizaciones: maestros, profesores, estudiantes secundarios,
Vecinos Sin Techo, partidos políticos.
Tienen un objetivo concreto. “No queremos que esto
vuelva pasar. Por lo menos en la provincia de Neuquén, los policías van a
pensar varias veces antes de levantar un arma contra un trabajador. Y el poder
político va a pensar antes de reprimir o criminalizar una protesta social, y va
a tener que pensar antes de poner a un Darío Pobrete. Hace poco, una compañera
dijo que ese día sintió que la policía era el enemigo; nosotros no tenemos duda
de que fue una casería”, comenta Javier.
Hace un mes, al cumplirse un año del asesinato de
Carlos, Sandra, su esposa, dijo: “La lucha continua, cuento con todos ustedes”.
Esa es una responsabilidad que debe asumir el país entero.